El Sáhara esconde un dinosaurio cazador de 13 metros con cresta de medio metro en forma de cimitarra que refuta la teoría acuática

Las excavaciones iniciadas en 2019 en Jenguebi sacaron a la luz varios individuos junto a otros grandes reptiles y peces

Héctor Farrés

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La imagen de un gran depredador que se impulsa bajo el agua ha circulado durante años como explicación sencilla de su forma y de sus dientes. El Spinosaurus se ha convertido en el ejemplo más citado cuando se habla de dinosaurios asociados al medio acuático, y la llamada teoría acuática plantea que pasaba buena parte del tiempo nadando y capturando presas bajo la superficie.

Esa idea se apoya en rasgos como el hocico alargado o la cola con forma de aleta, que parecen pensados para moverse en ríos o lagunas. Sin embargo, esa lectura deja abierta una duda sobre cómo encaja su anatomía con un hábitat interior y no costero. Resolver esa duda exige un hallazgo preciso en un entorno fluvial lejos del mar.

Un hallazgo en Níger obliga a replantear lo que se daba por hecho

Investigadores liderados por Paul Sereno, paleontólogo de la Universidad de Chicago, y por Daniel Vidal, investigador de la UNED y de la misma universidad, han descrito en la revista Science una nueva especie encontrada en Níger, Spinosaurus mirabilis, que obliga a revisar esa interpretación acuática.

La discusión sobre su forma de vida viene de lejos y ahora suma un matiz nuevo

Según RTVE, se trata del primer descubrimiento de un Spinosaurus en más de un siglo y los restos aparecieron en una región remota del Sáhara central, lejos de la costa. El equipo sostiene que el contexto continental del yacimiento no encaja con un animal que viviera sumergido en mar abierto.

El propio Sereno afirmó en declaraciones a Live Science que “no hay manera de encontrar un animal esencialmente acuático enterrado en un depósito fluvial a cientos de millas de la costa”.

La dentadura encajada alimenta la idea de un cazador de peces muy eficaz

Antes de llegar a esa conclusión, el grupo analizó la dentición de los nuevos ejemplares. Los fósiles confirman que el Spinosaurus tenía dientes cónicos que encajaban entre sí, formando una estructura que actuaba como trampa para peces. Vidal explicó que “solo Spinosaurus, entre los dinosaurios, tiene una trampa para peces”, al describir ese sistema de cierre que impedía que las presas resbalaran.

Ese rasgo alimentó durante años la idea de un cazador subacuático, ya que recuerda a cocodrilos actuales o a reptiles marinos antiguos. Matt Lamanna, paleontólogo del Carnegie Museum of Natural History que no participó en el estudio, resumió el debate al señalar que “sabemos que le gustaba el agua y que comía peces”, aunque añadió que ahora se trata de precisar cómo lo hacía.

Los escáneres revelaron vasos fosilizados y un recubrimiento que pudo elevar esa estructura varios centímetros

El lugar del hallazgo aporta una pieza decisiva. Las expediciones comenzaron en 2019 en la zona de Jenguebi, guiadas por un miembro tuareg que condujo al equipo por el desierto hasta un enclave remoto. Allí aparecieron huesos de al menos tres individuos de S. mirabilis junto a restos de Carcharodontosaurus, dos saurópodos de cuello largo, cocodrilos, tortugas y un pez de agua dulce que podía alcanzar varios metros de longitud.

Encontrar varios esqueletos parciales de ese periodo en África es poco habitual, y Lamanna reconoció que el yacimiento es “algo que emociona de verdad”. El sedimento corresponde a un antiguo sistema fluvial que hace unos 95 millones de años formaba parte de un paisaje interior con ríos y vegetación.

La cresta curvada sobre el cráneo apunta a exhibición y competencia

Uno de los elementos más llamativos es la cresta craneal. El hueso descubierto por Daniel Vidal en una excavación previa resultó ser una estructura curvada, similar a una cimitarra, que se elevaba sobre el cráneo. Los escáneres revelaron vasos sanguíneos fosilizados y una superficie que sugiere un recubrimiento de queratina, por lo que pudo sobresalir hasta 20 pulgadas.

Sereno recordó el momento del hallazgo al decir que “fue como ver un unicornio”, y defendió que esa cresta cumplía una función de exhibición más que defensiva. Vidal apuntó que podía servir “para resultar más impresionante frente a competidores territoriales o para el cortejo sexual”.

La evolución del linaje revela un final cada vez más restringido

El debate sobre su modo de vida no es nuevo. En 2014, Nizar Ibrahim, paleontólogo de la Universidad de Portsmouth, presentó fósiles de Spinosaurus aegyptiacus en Marruecos y propuso que era un nadador habitual. Ibrahim declaró que “tenemos un animal con adaptaciones muy peculiares y muchas no encajan de manera evidente”, en referencia a su mezcla de rasgos.

El nuevo trabajo sitúa a S. mirabilis en la tercera fase evolutiva de los Spinosaurus, entre 105 y 95 millones de años, cuando el linaje estaba en retroceso. Vidal explicó a EFE que estos últimos representantes estaban muy especializados y restringidos geográficamente, lo que los hacía vulnerables a cambios ambientales como subidas del nivel del mar y de la temperatura. En ese contexto, la imagen que emerge es la de un animal que vadeaba ríos de hasta dos metros de profundidad y capturaba peces con el hocico sumergido, más cercano a una garza de gran tamaño que a un buceador permanente.

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