Punch, el bebé macaco que ha enamorado a medio mundo tras ser abandonado al nacer y haberse criado con un peluche
El muñeco quedó apretado contra su pecho mientras avanzaba por el recinto sin soltarlo ni un segundo. Punch, todavía un macaco de pocos meses, se arropaba con aquel peluche y lo llevaba a todas partes para aliviar la falta de compañía que le acompañaba desde el nacimiento.
Dormía abrazado a la felpa, caminaba con ella colgando del brazo y buscaba ese tacto blando cuando otro animal se acercaba demasiado. Esa rutina terminó por convertirse en su manera de sobrevivir en un espacio que no le ofrecía el amparo que necesitaba.
El zoológico asumió su crianza tras el rechazo inicial
Este monito se convirtió en uno de los animales más famosos del Zoológico de Ichikawa, en las afueras de Tokio, después de que el centro difundiera su historia en la red social X. El pequeño macaco japonés había sido rechazado por su madre nada más nacer y los cuidadores asumieron su alimentación y vigilancia desde el primer momento.
El peluche naranja apareció como último recurso cuando las toallas que le ofrecieron no lograron calmarle. Desde el primer contacto no volvió a separarse de esa figura de orangután de felpa, que usaba como refugio físico ante la cercanía de otros ejemplares.
Dormía con el muñeco pegado al cuerpo, lo arrastraba por el suelo del recinto y lo interponía cuando se sentía intimidado. Esa dependencia era la señal clara de que le faltaba el contacto continuo que las crías de macaco mantienen con sus madres durante los primeros meses.
El rechazo materno no es excepcional en esta especie, sobre todo en hembras primerizas o en situaciones de estrés, y puede verse agravado por condiciones ambientales exigentes como temperaturas elevadas. En este caso ocurrió dentro de un entorno artificial donde cada decisión humana tiene importancia.
Los trabajadores del zoo organizaron turnos de biberones, controles de salud y seguimiento constante para garantizar su supervivencia. Aun así, sabían que ningún cuidado podía sustituir el aprendizaje social que se adquiere agarrado al vientre de la madre.
La difusión en redes disparó las visitas y obligó a reorganizar el acceso
La historia saltó de Ichikawa al resto del mundo cuando los vídeos comenzaron a circular por X y otras plataformas. Las imágenes de Punch abrazado a su muñeco, o siendo apartado por otro mono en uno de los clips difundidos, generaron millones de visualizaciones y una ola de comentarios.
En un comunicado posterior, el Zoológico de Ichikawa admitió que “el personal está muy sorprendido por las multitudes sin precedentes que hemos experimentado” y pidió disculpas por las largas colas para acceder al recinto y ver al pequeño Punch. La afluencia llegó a duplicar la habitual y marcas como Ikea Japón, fabricante del peluche original, enviaron más unidades al centro aprovechando la atención pública.
Con el paso de las semanas el joven empezó a acercarse al grupo
Durante el día, el pequeño convivía con más de medio centenar de macacos en el mismo espacio. No permanecía aislado, aunque se mostraba inseguro y buscaba la felpa cuando notaba tensión a su alrededor. Algunos vídeos lo muestran caminando junto al grupo con el muñeco en la mano y recibiendo empujones que le obligaban a retroceder.
Esa dificultad inicial para integrarse coincidía con lo descrito por organizaciones como People for the Ethical Treatment of Animals, que recuerdan que las crías necesitan contacto constante con sus madres para aprender a relacionarse.
Con el paso de las semanas comenzaron a verse cambios. El zoológico informó en otra actualización en X de que “Punch está profundizando gradualmente sus interacciones con los monos”, y detalló que recibía acicalamiento, se acercaba a otros ejemplares y vivía experiencias diarias propias del grupo.
En uno de los vídeos difundidos se le observa abrazando a otro macaco y aceptando su primera limpieza, gesto que en primates indica aceptación social. Aun así, en otro momento fue atacado por un miembro de la manada y regresó de inmediato a su peluche en busca de consuelo, señal de que el proceso de integración sigue abierto dentro de un entorno del que no puede salir.
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