Es considerada la facultad de medicina más antigua del mundo y alberga 5.000 piezas anatómicas y 100.000 libros
La facultad de medicina de Montpellier es reconocida como la escuela médica más antigua del mundo occidental. Sus raíces se hunden en el siglo XII, antes incluso de obtener su marco institucional formal en el año 1220. Este prestigio nació de un gesto de apertura por parte del señor feudal Guilhem VIII, quien en 1181 decretó la libertad de enseñanza para todos los médicos. Gracias a este edicto, cualquier persona podía impartir conocimientos sin importar su religión o procedencia, sentando las bases de una cultura académica inclusiva. Este entorno favoreció que la ciudad se convirtiera rápidamente en un nexo fundamental para practicantes de diversos orígenes geográficos y culturales.
La legitimidad académica fue finalmente consolidada por el cardenal Conrado de Urach, quien actuó en nombre del Papa para otorgar los primeros estatutos. Desde aquel entonces, la institución ha mantenido una trayectoria ininterrumpida de formación médica, sobreviviendo a reformas, revoluciones y cambios políticos radicales a través de los siglos. Hoy, este centro milenario sigue siendo un referente de innovación y excelencia en el corazón de Francia.
El desarrollo institucional de la facultad alcanzó un hito histórico el 26 de octubre de 1289 con la bula papal de Nicolás IV. A través de la constitución apostólica «Quia Sapientia», se ordenó la creación oficial de la Universidad de Montpellier, integrando la ya prestigiosa escuela de medicina. Durante la Edad Media y el Renacimiento, el centro ganó un reconocimiento internacional sin precedentes, equiparándose a las grandes universidades italianas. Su cercanía estratégica a la Corte Papal en Aviñón durante el siglo XIV atrajo a eruditos y estudiantes de todos los rincones de Europa. Con el paso del tiempo, la facultad experimentó una transición gradual de la tutela eclesiástica hacia el control estatal.
Este proceso se aceleró durante el Renacimiento, cuando la institución adquirió sus propios locales, conocidos como el Colegio Real de Medicina, hacia 1450. A pesar de los conflictos religiosos del siglo XVI, como la llegada de los protestantes, la escuela vivió un renacimiento bajo el reinado de Enrique IV. La creación del primer Jardín Real de Francia por Pierre Richer de Belleval fue un testamento de esta época dorada de esplendor científico.
La herencia multicultural de Montpellier es el cimiento sobre el cual se construyó su fama global como la cuna de la medicina moderna. El intercambio vibrante de conocimientos entre practicantes judíos, árabes y cristianos fomentó una apertura intelectual única en la Europa medieval. Esta mezcla de tradiciones médicas permitió a la facultad heredar y preservar saberes antiguos que se habían perdido en otras regiones occidentales. La política de reclutamiento secular e internacional fue un factor determinante para atraer a las mentes más brillantes de la época. Los estudiantes no solo recibían una instrucción teórica rigurosa, sino que también participaban en una formación práctica innovadora. Este modelo educativo holístico permitió que el conocimiento médico fluyera de manera constante a través de las generaciones de alumnos. Este legado de pluralismo cultural sigue siendo una de las características más queridas y respetadas de su historia milenaria.
El entorno arquitectónico de la facultad es tan impresionante como su historia académica, situándose en un antiguo monasterio benedictino. Este edificio del siglo XIV, adyacente a la imponente catedral de Saint-Pierre, es una joya que combina estilos góticos, renacentistas y clásicos. Los visitantes pueden admirar claustros abovedados, escaleras monumentales y salas ceremoniales que respiran siglos de tradición médica ininterrumpida. En 1795, tras el convulso periodo revolucionario, la facultad se trasladó a estos locales que anteriormente sirvieron como palacio episcopal. El conjunto histórico incluye también el Teatro de Anatomía, mandado a construir por Jean-Antoine Chaptal para modernizar la enseñanza práctica. Las paredes del edificio albergan una de las colecciones médicas más antiguas de Europa, funcionando hoy como un centro vivo de enseñanza.
A lo largo de los siglos, por los claustros de Montpellier han pasado figuras legendarias que han moldeado el curso de la historia universal. Entre sus alumnos más ilustres destaca el escritor François Rabelais, quien dejó una huella imborrable en la cultura y la ciencia. También figura el famoso médico y vidente Nostradamus, cuyos estudios en la facultad son parte del mito que rodea su figura. Otros nombres de gran relevancia incluyen a Guy de Chauliac, precursor de la cirugía moderna, y al botánico Arnau de Vilanova. La influencia de estos pensadores permitió que los avances científicos desarrollados en Montpellier se difundieran por toda Europa y el mundo.
300 incunables
Uno de los tesoros más valiosos de la institución es su Biblioteca Universitaria de Medicina, considerada una de las más ricas de Francia. Este repositorio de conocimiento alberga la asombrosa cifra de 100.000 volúmenes impresos y unos 900 manuscritos antiguos. Entre sus estanterías, que se extienden a lo largo de nueve kilómetros lineales, se encuentran también 300 incunables de enorme valor. La colección fue constituida en gran medida gracias a la dedicación de Victor-Gabriel Prunelle tras la Revolución Francesa. Prunelle recorrió depósitos literarios para reunir un fondo enciclopédico que superara el ámbito puramente médico, incluyendo textos de diversos dominios. La biblioteca custodia además todas las tesis defendidas en las facultades de Montpellier desde el siglo XVII hasta la actualidad.
El Conservatorio de Anatomía, establecido originalmente en el siglo XVIII, representa un punto culminante de la visita a la facultad. Este museo único exhibe más de 5.000 piezas anatómicas, modelos de cera y órganos preservados de un valor artístico excepcional. Entre las joyas de la colección destaca el famoso «écorché» de Alphonse Lami y las ceras naturales de Felice Fontana. Estos modelos fueron herramientas fundamentales para que los estudiantes aprendieran anatomía examinando directamente cuerpos y reproducciones realistas. La colección ofrece una perspectiva fascinante sobre los métodos de enseñanza médica previos a la llegada de la tecnología moderna, un espacio que constituye una de las mayores riquezas patrimoniales de Montpellier y de la historia de la ciencia global.