Las crías de T. rex nacían con el tamaño de un gato y ya estaban preparadas para cazar

El interior del esqueleto de Tyrannosaurus rex mostró un crecimiento desde los primeros meses

Héctor Farrés

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La manada de edmontosaurios abrió un corredor entre los cuerpos cuando uno de sus miembros perdió pie durante la huida junto al cauce embarrado. El Tyrannosaurus rex adulto aprovechó aquel hueco para golpear al herbívoro rezagado mientras el resto se apartaba bajo la presión del ataque. La presa intentó levantarse pero el depredador la inmovilizó con el peso del torso hasta cortar cualquier posibilidad de fuga.

Una cría apareció después desde la cobertura cercana y se aproximó con pasos rápidos mientras el adulto mantenía sujeto al animal abatido. El ejemplar joven probó la carne en uno de los costados y retrocedió cada vez que el adulto cambiaba de postura. La caza terminó con ambos alimentándose en el mismo punto aunque la cría dependía todavía de la presa derribada por un animal mucho mayor.

Unos fósiles diminutos revelan el aspecto de las primeras crías

Los primeros fósiles identificados como restos de crías de Tyrannosaurus rex han permitido construir una imagen bastante precisa de sus primeras horas de vida. El estudio publicado en la revista Biology reunió un metatarsiano diminuto, un fragmento de mandíbula y varios dientes desprendidos conservados en colecciones, además de un hueso del pie perteneciente a Gorgosaurus. A partir de ese conjunto, el equipo calculó que una cría de T. rex medía unos 75 centímetros y pesaba cerca de 1,7 kilos al salir del huevo, una talla similar a la de un gato.

La información llevaba años guardada en cajones porque los huesos de dinosaurios recién nacidos son frágiles y fáciles de pasar por alto. Nicholas Longrich, investigador sénior de la Universidad de Bath y autor principal del estudio, localizó uno de los metatarsianos en la colección del T. rex Discovery Centre del Royal Saskatchewan Museum, en Canadá.

Los investigadores comprobaron después que la pieza tenía rasgos propios de los tiranosáuridos, entre ellos una depresión profunda en la parte delantera y una cresta posterior. Los dientes seleccionados presentaban también características conocidas de T. rex, por lo que el conjunto pudo atribuirse con prudencia a ejemplares muy jóvenes.

Los huesos olvidados permitieron identificar ejemplares muy jóvenes

El Canadian Light Source permitió examinar el interior del hueso con una resolución de 4,4 micras sin cortarlo. El tejido era poroso y contenía numerosos canales de vasos sanguíneos, una estructura asociada a un crecimiento muy rápido, mientras la capa exterior más densa parecía haberse formado tras la eclosión. La ausencia de anillos de crecimiento situó al animal por debajo del año de edad.

Eric Snively, profesor de anatomía de la Universidad Estatal de Oklahoma y coautor del estudio, relacionó además unos túneles microscópicos de reparación con el esfuerzo repetido de las patas. En la nota de Oklahoma State University resumió esa lectura: “Encontramos canales en el hueso que indican que salieron pronto del nido y corretearon”. La superficie articular bien desarrollada reforzó la posibilidad de que caminaran y corrieran poco después de nacer.

El desgaste dental apunta a una alimentación muy temprana

Los dientes añadieron otra pieza porque varios tenían las puntas gastadas y el esmalte dañado de una forma parecida a la observada en adultos. Ese desgaste resulta difícil de explicar en animales alimentados únicamente por sus progenitores y apunta a mordiscos sobre tejidos resistentes.

Los autores creen que las crías podían atacar vertebrados relativamente grandes para su tamaño o aprovechar cadáveres abiertos por ejemplares mayores. El estudio recoge esta conclusión de forma precisa: “Las crías eran muy precoces y podían moverse y alimentarse por sí mismas poco después de la eclosión”. La interpretación mantiene un margen de cautela porque el hueso carecía de una línea nítida de eclosión, aunque la remodelación ósea y los dientes usados coinciden en la misma dirección.

Los cálculos sitúan las puestas en varias decenas de huevos

El tamaño del huevo se calculó desde el peso estimado de la cría, ya que nunca se ha confirmado un huevo o un nido de T. rex. Los investigadores partieron de la relación observada en aves y cocodrilos, cuyas crías representan cerca de dos tercios del peso del huevo, para proponer una masa aproximada de 2,5 kilos por unidad. Después compararon a las hembras adultas con esos grupos vivos y calcularon que una hembra de unas 5,5 toneladas podía invertir entre 54 y 59 kilos en una puesta, mientras un ejemplar especialmente grande podía alcanzar entre 73 y 79 kilos.

Las pruebas reunidas en los restos óseos muestran Tyrannosaurus rex que crecían con rapidez, caminaban desde muy pronto y empezaban a buscar alimento durante una etapa muy temprana

Esas cifras sitúan la puesta habitual alrededor de 20 o 30 huevos, aunque el estudio admite cantidades mayores y considera posibles grupos de 50 o incluso 100. Longrich vinculó ese volumen con una crianza menos intensa que la de muchas aves actuales. “Los tiranosaurios tuvieron muchas crías pequeñas y aplicaron un cuidado parental ligero”, señaló el investigador al explicar la estrategia reproductiva.

Eso podía incluir vigilancia del nido o acompañamiento durante un periodo breve, como ocurre en cocodrilos y aves terrestres grandes, pero las patas robustas y los dientes gastados reducen la posibilidad de una dependencia prolongada. Los fósiles diminutos que durante años permanecieron en museos terminan así describiendo a un animal capaz de desplazarse y buscar alimento cuando todavía cabía junto a los restos de una presa adulta.

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