Empapadas y cubiertas de barro, miles de mujeres marcharon en Londres e hicieron historia para reivindicar su derecho al voto
La mañana del 9 de febrero de 1907 llegó a Londres pasada por agua, pero ni siquiera la lluvia frenó a las más de 3.000 mujeres que marcharon desde Hyde Park Corner hasta la calle Strand. Las protagonistas quedaron tan empapadas y cubiertas de barro por las precipitaciones de aquel día que aquella manifestación pasó a la historia bajo el nombre de “Mud March” (Marcha del Barro).
En la procesión, organizada por la Unión Nacional de Sociedades por el Sufragio Femenino (NUWSS, por sus siglas en inglés), participaron mujeres de todas las edades y distintas clases sociales. Desde Lady Frances Balfour, cuñada de Arthur Balfour (ex primer ministro conservador), a Rosalind Howard, condesa de Carlisle, pasando por la poeta y dramaturga Eva Gore-Booth, o la activista Emily Davies.
El objetivo era común: reclamar el derecho al voto de las mujeres. Sin darse cuenta, las organizadoras habían puesto en pie la mayor manifestación pública en apoyo al sufragio femenino que se había hecho hasta entonces. El evento fue tan multitudinario que atrajo no solo el interés de aquellos que se encontraron con la marcha en su camino, sino también de la prensa.
Los diarios no tardaron en criticar la movilización por su trasfondo. El artículo principal que dedicó The Observer a la marcha, por ejemplo, recalcó que “el deber cívico vital y la función natural de las mujeres es la sana propagación de la raza”. El medio también expresó su preocupación porque las mujeres no estuvieran preparadas para votar e intentaran “confundir a los hombres”. Eso solo hizo alimentar el espíritu combativo de las mujeres por conseguir su derecho.
Un primer paso
Cuatro días después de aquella gran marcha sufragista, la NUWSS se reunió con el Comité Parlamentario para el Sufragio Femenino para impulsar un proyecto de ley. El diputado liberal Willoughby Dickinson fue el encargado de recoger el texto que proponía que las mujeres tuvieran derecho al voto sujeto a la misma condición de propiedad que los hombres.
Esta medida podría haber beneficiado a unas dos millones de mujeres, según se estimó entonces. Dickinson presentó el proyecto de ley a la Cámara de los Comunes para una segunda lectura, pero la propuesta no se recibió demasiado bien. El debate no fue concluyente y el proyecto fue “discutido sin votación”.
Aunque la Marcha del Barro aportó pocos avances inmediatos en el ámbito parlamentario, aquel movimiento liderado por mujeres fue clave para visibilizar la lucha por el sufragio femenino. Las mujeres del Reino Unido tuvieron que esperar hasta el 6 de febrero de 1918, cuando se aprobó la ley que les otorgó el derecho de voto parcial a las mayores de 30 años que cumplían con unos requisitos mínimos de propiedad.