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Del éxito internacional al olvido: la historia del pintor sueco eclipsado por las vanguardias que se redescubre con una exposición en Madrid

La Fundación Mapfre en Madrid dedica una amplia retrospectiva al que fue el pintor sueco más internacional del siglo XIX, en una muestra titulada Anders Zorn. Recorrer el mundo, recordar la tierra, en la que se recupera la figura de un artista que alcanzó enorme prestigio en vida y cuyo reconocimiento quedó más tarde ensombrecido por las vanguardias del siglo XX.

La exposición reivindica a Anders Zorn como uno de los retratistas más cotizados de su tiempo, siendo además capaz de alternar los grandes encargos oficiales con escenas costumbristas de su Suecia natal. De hecho, su carrera fue meteórica y global, pero siempre mantuvo un vínculo firme con sus raíces.

El pintor sueco más internacional que aterriza en Madrid

Nacido el 18 de febrero de 1860 en Mora, en la región sueca de Dalecarlia, fue hijo de una campesina y de un cervecero alemán, a quien nunca llegó a conocer, lo que hizo que fuera criado por sus abuelos. Su lugar natal tuvo una fuerte influencia en su obra, pues se encargó de mostrar el paisaje y las tradiciones de esa zona en su producción artística, en la que se pueden ver fiestas populares, oficios artesanales y vestimentas típicas, queriendo preservarlas con el avance de la industrialización.

Desde muy joven destacó por su habilidad para dominar técnicas diversas, desde la acuarela y el óleo hasta la escultura y el grabado. Esa versatilidad, unida a un talento precoz y a sus constantes viajes por Europa y Estados Unidos, impulsaron su proyección internacional hasta convertirlo en el pintor sueco más relevante de finales del XIX y comienzos del XX.

De hecho, su prestigio como retratista lo llevó a pintar a destacadas figuras de la política y la sociedad de su tiempo, entre ellas a tres presidentes de Estados Unidos como es el caso de Howard Taft, Franklin D. Roosevelt y Grover Cleveland, pero también a reyes, aristócratas y magnates, lo que consolidó su posición en los círculos más exclusivos.

Entre sus obras más célebres destaca “Baile de Verano” (1897), una escena luminosa que sintetiza su interés por la tradición y el movimiento, y que se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles del arte escandinavo. En ella se aprecia su dominio de la luz y la atmósfera, rasgos que atraviesan buena parte de su producción.

Amistad y cierta similitud con Joaquín Sorolla

Por su trabajo de la luz, así como la importancia del agua y otros efectos atmosféricos, Anders Zorn fue comparado con Joaquín Sorolla, con quien entabló amistad durante sus estancias en España. Además, ambos disfrutaron de reconocimiento internacional sin renunciar jamás a la huella de sus orígenes. La influencia de Diego Velázquez también fue determinante en su concepción del retrato.

Falleció el 22 de agosto de 1920, y sería años después, en 1939, cuando su esposa Emma impulsó la creación del Museo Anders Zorn en su ciudad natal, que reúne una muestra representativa de todas sus facetas artísticas, y representa uno de los principales para comprender su legado.