Una explosión de color cubre el Valle de la Muerte en 2026 con una floración que no se veía desde 2016
La superficie agrietada, la arena y la falta de agua hacen que muchos paisajes parezcan totalmente vacíos de vida. El Valle de la Muerte da precisamente esa impresión durante la mayor parte del año, y no es una ilusión. Este valle de California figura entre los lugares más secos y calurosos del continente norteamericano, con temperaturas estivales que pueden superar los 49°C y con precipitaciones muy escasas.
La vegetación es mínima y durante largos periodos el terreno parece inerte. Ese aspecto casi deshabitado tiene una explicación clara, porque gran parte de las plantas que viven allí pasan años escondidas bajo tierra en forma de semillas que esperan el momento adecuado para aparecer.
Un paraje extremo guarda brotes dormidos durante décadas
Una temporada de lluvias superior a la habitual ha provocado este año una gran aparición de flores en el Death Valley National Park, según el National Park Service. Amplias zonas del valle, normalmente cubiertas de tierra y rocas, han quedado tapizadas por colores amarillos, rosas o violetas.
El propio servicio del parque indicó que el fenómeno es el más intenso desde 2016. Esa transformación ocurre cuando varias semanas húmedas durante otoño e invierno activan semillas que permanecían latentes en el suelo.
El secreto está precisamente en esas semillas diminutas que pueden permanecer años enterradas sin germinar. Erik Rakestraw, responsable de botánica del Arizona-Sonora Desert Museum en Tucson, explicó que estas plantas desarrollaron una forma peculiar de sobrevivir al clima del desierto. “En forma de semilla es casi como si no existieran”, dijo.
Esencialmente, permanecen inactivas bajo la superficie hasta que llega una temporada adecuada. Cuando el agua empapa la tierra y las temperaturas empiezan a subir, germinan con rapidez, producen flores, generan nuevas semillas y vuelven a desaparecer bajo la arena.
Varias condiciones meteorológicas deben coincidir para que ocurra
Para que esa cadena funcione deben coincidir varias condiciones meteorológicas. La lluvia no puede llegar de golpe ni en tormentas violentas, porque arrastraría las semillas y dañaría las carreteras del parque.
David Blacker, director ejecutivo de la Death Valley Natural History Association, explicó que el tipo de precipitación también importa. “Necesitamos varios días de lluvia suave y persistente que empape el suelo”, dijo. Después deben llegar temperaturas templadas cuando el invierno termina. Si sopla viento fuerte o llega calor demasiado pronto, los brotes jóvenes se secan antes de florecer.
Cuando esas variables encajan, el valle cambia por completo durante unas semanas. En las zonas más bajas las flores suelen verse desde finales de invierno hasta mediados de marzo, según el National Park Service. Las áreas más altas tardan más en activarse, y allí la floración suele comenzar en abril y puede prolongarse hasta principios del verano. En años normales aparecen algunos ejemplares dispersos cada primavera. Sin embargo, cuando las lluvias son abundantes el suelo entero puede cubrirse de plantas, un fenómeno que solo ocurre de vez en cuando.
Miles de personas acuden cuando el desierto se cubre de pétalos
Ese espectáculo atrae a miles de visitantes. En la gran floración de 2016 más de 209.000 personas acudieron al parque para ver el paisaje transformado. La administración del lugar pide ahora prudencia a quienes acuden a fotografiar las flores.Está prohibido arrancarlas y también se recomienda caminar solo por senderos señalizados para evitar daños en las plantas.
Abby Wines, subdirectora del parque, explicó que la duración del fenómeno depende del tiempo que haga en las semanas siguientes. “Las próximas semanas serán el punto más intenso de la floración”, dijo.
Aun así, no todos los especialistas utilizan el mismo nombre para describir este fenómeno. Naomi Fraga, botánica del California Botanic Garden y profesora asociada en Claremont Graduate University, considera que el término popular puede resultar exagerado en algunos casos. “Yo personalmente no lo clasificaría como un gran episodio generalizado porque parece bastante localizado”, dijo en declaraciones recogidas por SFGATE.
La discusión terminológica, no obstante, no cambia el hecho principal. Durante unos días, un paisaje que suele parecer muerto muestra que bajo su superficie permanecía una vida en espera.