Las gradas del Imperio romano no eran iguales: un estudio calcula la capacidad real de los anfiteatros y muestra la desigualdad del ocio antiguo

Los anfiteatros fueron espacios pensados para reunir a multitudes y convertir la violencia en entretenimiento. Su arena servía para mostrar luchas, cacerías o ejecuciones ante un público que acudía a presenciar la fuerza y el poder encarnados en cada combate. El Coliseo de Roma llegó a ser el más conocido, con una capacidad de entre 70.000 y 87.000 espectadores, pero otros, como el de Capua o el de El Djem, también alcanzaron decenas de miles de asientos.

Cada uno representaba la manera en que el Imperio organizaba el ocio y lo transformaba en un espectáculo de masas. En algunos casos, la magnitud de esos edificios mostraba la competencia entre ciudades por atraer a más público y prestigio. Esa variedad de tamaños y usos invita a preguntarse cómo se midió realmente el alcance de estos recintos y qué decían de la sociedad que los llenaba.

Un método moderno permitió estimar el tamaño real de los edificios perdidos

El estudio de S. Heath, publicado en Journal of Ancient History and Archaeology, analizó esa cuestión con métodos cuantitativos. El autor calculó la capacidad real de los anfiteatros romanos mediante datos arqueológicos y comparaciones estadísticas, con el objetivo de medir la magnitud del ocio violento dentro del Imperio. La investigación concluyó que el conjunto de los anfiteatros podía albergar en total unos tres millones de personas, una cifra que permite entender la dimensión del fenómeno y su peso en la vida urbana romana.

Se consideran anfiteatros los edificios permanentes de planta ovalada con graderíos que rodean por completo una arena central. En ellos se organizaban combates de gladiadores, cacerías de animales y ejecuciones públicas. La disposición circular del público y la proximidad con la arena generaban una experiencia intensa, distinta a la de otros espacios teatrales o foros. Esa definición precisa sirve para distinguir los anfiteatros de otras construcciones que pudieron acoger espectáculos de forma ocasional.

El estudio utilizó un método estadístico conocido como k vecinos más cercanos para estimar la capacidad de los edificios incompletos. Este sistema compara las dimensiones de anfiteatros bien conservados con las de otros de los que se conservan solo restos parciales, de modo que asigna valores probables sin depender de promedios distorsionados. Con ese enfoque, el trabajo obtuvo cifras coherentes y reproducibles que sitúan la capacidad media en torno a 10.900 personas.

La geografía del entretenimiento reflejó el poder del Imperio

El Coliseo fue una excepción monumental y ninguno se le pudo acercar. La mayoría de los anfiteatros se situaban en un rango de entre 10.000 y 11.000 localidades. Algunos, como el de Itálica, alcanzaban los 25.000 asientos, y otros apenas superaban el millar. En conjunto, esa diversidad muestra que no existía un modelo único. Italia concentraba más del 40% del total de la capacidad, seguida de África Proconsular, mientras que regiones como Galia, Hispania o Britania contaban con menos ejemplos de gran tamaño.

El número total de anfiteatros conocidos oscila entre 260 y 280. La mayor parte estuvo en uso durante el siglo II d.C., aunque su desarrollo comenzó en la República tardía y decayó a partir del siglo III. No todos funcionaron al mismo tiempo: algunos fueron sustituidos o quedaron abandonados antes del final del Imperio, lo que convierte cualquier cifra global en una estimación más que en una imagen fija.

La distribución desigual de estos espacios revela la jerarquía del ocio romano. Italia y el norte de África concentraron los mayores recintos, mientras que las provincias periféricas tuvieron menos acceso a este tipo de espectáculos. La posibilidad de reunir a millones de personas en torno a la violencia pública demuestra hasta qué punto los anfiteatros formaban parte del entramado político y urbano del Imperio. Con ello, la arqueología de sus gradas permite medir no solo la capacidad física de los edificios, sino también la escala social del poder que los llenaba.