Descubren el fósil “embarazado” más antiguo conocido: conservaba embriones de hace 125 millones de años

Mineralogía y composición química de secciones transversales dorsoventrales de bivalvos fósiles.

Ada Sanuy

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Un equipo internacional de investigadores ha identificado la evidencia fósil más antigua conocida de una almeja de agua dulce que conservaba embriones en su interior. Se trata de un ejemplar de Margaritifera valdensis, una almeja de agua dulce que vivió hace unos 125 millones de años, durante el Cretácico Inferior, cuyos tejidos fosilizados han permitido documentar por primera vez estructuras del sistema reproductor con embriones y larvas en distintas fases de desarrollo. El hallazgo es la prueba más antigua de cuidado materno en estos moluscos y demuestra que esta estrategia reproductiva ya estaba plenamente desarrollada en aquella época.

Los ejemplares proceden de la Isla de Wight, en el sur de Inglaterra, un yacimiento conocido por sus fósiles de dinosaurios, entre ellos el célebre Iguanodon. Sin embargo, en esta ocasión el protagonismo recae sobre unos bivalvos excepcionalmente conservados que han permitido identificar estructuras anatómicas blandas que rara vez sobreviven al proceso de fosilización. Entre ellas figuran los soportes de las branquias, las uniones entre sus láminas, tejidos fosilizados y concreciones minerales asociadas al sistema reproductor, además de embriones y larvas preservados en el interior de las branquias maternas.

Mineralogía y composición química de secciones transversales dorsoventrales de bivalvos fósiles.

Un fósil excepcional en la Isla de Wight

En la actualidad, las almejas de agua dulce del orden Unionida incuban a sus crías dentro de unas cámaras especializadas situadas en las branquias de las hembras. Tras completar esa primera fase de desarrollo, las larvas deben parasitar peces para finalizar su crecimiento y dispersarse. Hasta ahora, los científicos conocían este comportamiento únicamente en especies vivas y carecían de pruebas directas de cuándo apareció esta estrategia reproductiva. El nuevo estudio, publicado en Scientific Reports, demuestra que ese sistema ya existía hace 125 millones de años, mucho antes de lo que podía documentarse mediante el registro fósil.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron tres ejemplares mediante cortes microscópicos y técnicas de alta resolución. El examen reveló diferentes bioelementos mineralizados correspondientes a las branquias y permitió distinguir distintas fases del desarrollo, desde estructuras interpretadas como ovogonias hasta embriones incipientes, embriones maduros y larvas más desarrolladas, todas ellas localizadas en las zonas donde actualmente se forman los marsupios reproductivos de estos moluscos.

Embriones, larvas y reservas de calcio

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que los embriones aparecían asociados a pequeñas concreciones minerales ricas en calcio. En las especies actuales, estas reservas sirven para proporcionar el calcio necesario para que las larvas formen sus primeras conchas. Este hallazgo refuerza la hipótesis de que estas reservas minerales desempeñaban un papel en la formación temprana de las conchas de las larvas.

Los investigadores también descartan que las estructuras observadas sean el resultado de procesos geológicos posteriores a la muerte del animal. Entre las pruebas destacan que los embriones presentan rasgos biológicos incompatibles con un origen puramente mineral, como aperturas de la primera concha, ornamentaciones superficiales y poros característicos. Además, todos ellos aparecen concentrados en las regiones reproductivas de las branquias y asociados a las estructuras que sostienen el marsupio, un patrón que refuerza su interpretación como restos auténticos del sistema reproductor.

Comparación entre una demibranquia grávida viva y la demibranquia colapsada del espécimen M-2.

Una innovación evolutiva con 125 millones de años

El análisis permitió además diferenciar el estado reproductivo de los distintos ejemplares estudiados. Dos de ellos conservaban embriones y larvas en desarrollo, mientras que un tercero no presentaba descendencia incubada. Las diferencias observadas en el grosor de las uniones entre las láminas branquiales y en la distribución de las concreciones minerales son compatibles con las variaciones que muestran las especies actuales cuando se encuentran o no en fase reproductiva, lo que aporta un argumento adicional para interpretar correctamente estos fósiles.

Los autores concluyen que la incubación de las crías en las branquias constituyó una innovación evolutiva decisiva para el éxito de las almejas de agua dulce durante el Mesozoico. Esta estrategia habría favorecido su diversificación en ambientes con escasa disponibilidad de calcio. Además de retrasar en millones de años la evidencia fósil de este comportamiento reproductivo, el hallazgo abre una nueva vía para estudiar la evolución de los tejidos blandos y de las estrategias de cuidado parental en organismos cuyo registro fósil parecía limitado casi exclusivamente a sus conchas.

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