Cuanto más pequeños los testículos, más fuerte el grito: la peculiar estrategia vocal de ciertos monos

La voz, en muchos animales, no solo sirve para llamar la atención o alertar del peligro. En algunas especies se ha convertido en un verdadero sistema de comunicación, capaz de definir jerarquías o marcar territorio. Entre los monos, este uso del sonido adopta formas muy distintas: algunos emiten chillidos cortos, otros rugen con fuerza o emiten secuencias graves que se oyen a kilómetros.

Cada tipo de llamada tiene un propósito concreto y, en ciertos casos, transmite más de lo que aparenta. En esos grupos, la intensidad del sonido puede engañar sobre la fuerza del animal, y ese engaño resulta esencial para evitar peleas o mantener la posición dentro del grupo.

Un estudio de Cambridge revela la relación entre el rugido y la fertilidad

Los aulladores son el ejemplo más extremo de esta estrategia, con una voz tan potente que hace que parezcan más grandes y dominantes de lo que son. Cada rugido se convierte en una auténtica herramienta de poder. Esa forma de comunicarse plantea una pregunta: qué precio paga el cuerpo por mantener un rugido tan imponente.

Un estudio de la Universidad de Cambridge dirigido por el antropólogo Jacob Dunn mostró que los rugidos de los monos aulladores revelan su tamaño corporal y condicionan su vida social. Según los resultados, publicados en Evolutionary Trade-Off between Vocal Tract and Testes Dimensions in Howler Monkeys, los machos con rugidos más potentes suelen tener testículos más pequeños y producen menos esperma. El equipo describió una compensación biológica clara: la energía invertida en un aparato vocal desmesurado resta capacidad reproductiva, pero otorga ventaja en la defensa de su grupo.

Los investigadores explicaron que los aulladores utilizan una estructura anatómica que amplifica el sonido y les permite parecer más grandes de lo que son. Este mecanismo, llamado engaño acústico, depende del hueso hioides, una cavidad hueca situada en la garganta que actúa como caja de resonancia. Gracias a ella, un macho de ocho kilos puede emitir un rugido comparable en frecuencia al de un tigre. Esa capacidad crea la ilusión de un cuerpo enorme y disuade a los rivales sin necesidad de enfrentarse físicamente, lo que reduce el riesgo de lesiones y el gasto de energía en combates cuerpo a cuerpo.

Los machos eligen entre rugir fuerte o reproducirse más

El mismo estudio comprobó que los ejemplares con hioides más grandes producían sonidos más graves y potentes, mientras que los machos con hioides pequeños emitían rugidos más agudos, aunque poseían testículos de mayor tamaño. En la práctica, cada macho opta por una estrategia: volumen o fertilidad.

Los que dominan un grupo de hembras apuestan por rugir y asustar a los competidores; los que viven en grupos mixtos confían más en su capacidad reproductiva y en la competencia de esperma. Esta relación entre anatomía y comportamiento define la jerarquía interna de la especie.

El equipo de Cambridge destacó también que los aulladores construyen pequeños nidos y viven en grupos de seis a doce individuos, con un número limitado de machos. Esa estructura social está directamente relacionada con su sistema vocal: un macho dominante mantiene su posición gracias a sus rugidos profundos, sin necesidad de vigilar constantemente a las hembras. Los rivales lo reconocen por el sonido y evitan acercarse. Esa organización en harén, basada en la voz, explica por qué no necesitan producir tanto esperma, ya que el rugido ya cumple la función de control.

Las llamadas graves revelan el tamaño y provocan respuesta en otros machos

Otro trabajo centrado en los aulladores negro y dorado confirmó que la distancia entre los formantes, que son las resonancias del tracto vocal, guarda una relación inversa con el tamaño corporal. Cuanto más grande es el animal, más grave su rugido. Los experimentos de reproducción de sonido mostraron que los oyentes prestaban más atención y se acercaban más a las grabaciones que simulaban machos grandes.

Los machos eran los más propensos a responder con nuevos rugidos, lo que indica que perciben el sonido como un desafío. Los investigadores concluyeron que esas llamadas son señales honestas del tamaño corporal y actúan como mediadoras en las interacciones sociales. En este sistema, la voz no es solo un medio para comunicarse, sino un arma evolutiva que define quién domina y quién se mantiene a distancia.