Los orangutanes se dejan llevar por la risa de sus compañeros a la hora de elegir qué comer, según un estudio
Escuchar a otros orangutanes jugar o reírse podría influir en la forma en que estos animales valoran y recuerdan una recompensa. Es la principal conclusión a la que ha llegado un estudio científico publicado recientemente en Biology Letters, en el que un grupo de investigadores analizó el comportamiento de seis orangutanes de dos zoológicos.
El experimento partía de una pregunta sencilla. ¿Puede el estado emocional de estos simios en el momento de aprender una asociación modificar su comportamiento? Para comprobarlo, los investigadores enseñaron a los orangutanes a buscar comida escondida bajo distintos materiales, como virutas de madera, trozos de papel o hilos.
Antes de cada prueba, los animales escuchaban grabaciones de otros orangutanes jugando y emitiendo sonidos asociados al juego, o bien sonidos ambientales asociados con el control. Días después, los investigadores colocaron comida bajo dos materiales y dejaron que los animales eligieran. Según los investigadores, los orangutanes mostraron preferencia por el material que habían asociado previamente con la risa de sus compañeros.
“Resulta sorprendente encontrar estos efectos en los orangutanes, ya que son los menos sociables de todos los grandes simios”, afirmó Laméris, quien llevó a cabo la mayor parte del estudio sobre orangutanes en el zoológico Planckendael de Mechelen, Bélgica. “Incluso entre animales relativamente poco sociables, la risa es importante”, concluyó.
La relación entre aprendizaje y emociones
Erica Cartmill, profesora de comportamiento animal, antropología y ciencias cognitivas en la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Indiana, quien también ha participado en el estudio, compara este comportamiento animal con algo que también le sucede a los humanos. “Puede que te gusten más las tortitas de tu abuela no porque sean objetivamente las mejores, sino porque tienes asociaciones positivas con comer esa comida en casa de un ser querido”.
En el caso de los orangutanes, los autores interpretan este resultado como una evidencia de que las llamadas “vocalizaciones de juego” pueden inducir un estado afectivo positivo que influye en el aprendizaje y en la memoria. “Cuando uno está de mejor humor, los recuerdos que se forman se recuerdan de forma más positiva y tienen más valor para uno”, apuntó Cartmill.
La investigación también abre una cuestión más amplia sobre la relación entre emociones y aprendizaje. Así, Cartmill explicó a The Guardian que sus hallazgos podrían incluso tener aplicaciones en el ámbito educativo. “Si un estudiante siente ansiedad al aprender matemáticas, por ejemplo, eso podría influir en si prefiere las matemáticas u otras asignaturas a la hora de elegir qué estudiar en el futuro”, compartió con el diario británico.