Las causas de los grandes incendios
Ahora que el verano ha terminado, cabe hacer balance y sacar conclusiones. En lo que va de año hemos padecido, según los datos oficiales del Ministerio responsable (Miteco), 47 grandes incendios (GIF, de más de 500 hectáreas) que son los que han ocupado enormes espacios en noticiarios, periódicos y redes sociales, acompañados de imágenes dantescas. Para sorpresa de algunos, los GIF se iniciaron ya en febrero. En ese mes tuvimos 3, todos ellos en Cantabria, en la “España húmeda”. Siguieron 1 en marzo, 2 en abril, 2 en mayo, luego 7 en junio. Finalmente, ya en julio, se disparan a 22 y vuelven a bajar en agosto, con 7, y en septiembre, con 3. No podemos descartar que aún se añada alguno más, antes de nochevieja.
Con las cautelas necesarias, ya que son datos provisionales, de estos 47 incendios, sólo 4 tienen causas naturales (rayos). Sólo 4, que suponen el 8,5%. El dato es contundente como una pedrada, que nadie ha notado. Dos de ellos en junio, en León, y dos más en agosto, en Castellón. Curiosamente, y esto también merece análisis (que nadie realiza), quemaron, cada uno de ellos, menos de 600 ha. Es decir, están entre los más “pequeños” de los “grandes” incendios. Sumaron en total estos 4 incendios 2.205 ha, de un total de 276.856 ha. Es decir, menos del 1%. Otro dato como un puñetazo, que nadie percibió. El resto de los GIF, 43, tuvieron causas humanas. Causas no naturales, evitables, que pueden y deben combatirse. Son resultado de actuaciones humanas, bastante identificadas y cuantificadas, sobre las cuales se puede y se debe intervenir para eliminar o reducir drásticamente. Pero no está pasando. No es, ni ha sido nunca, la prioridad de técnicos forestales ni administraciones ambientales; que siguen manifestando sin ruborizarse, sin inmutarse, sin que les importe nada, que las causas de los incendios son inevitables.
La asociación a la que pertenezco, Acció Ecologista-Agró, ha podido documentar, en el País Valenciano, tras analizar todos los planes de prevención (PPIF) de las 11 demarcaciones forestales que, a la verdadera prevención, en sentido estricto, es decir, a evitar los incendios, solo se dedica, en promedio, menos del 10% de las inversiones. El resto, va aparar a otras actuaciones que no evitan incendios y que deberían contabilizarse en otros capítulos del presupuesto, para no confundir ni engañar a la población. Probablemente esto mismo se podrá extrapolar, si no a todas las CC AA, sí a la gran mayoría. Por otra parte, las medidas que se financian con estas miserias presupuestarias son pocas, insuficientes y sumamente ineficaces. Medidas indefinidas, vagas, sin objetivos concretos, que no están cuantificados, ni son verificables, ni se evalúan. Básicamente se resumen en colocar carteles, dar algunas charlas, hacer recomendaciones de buenas prácticas y algunas regulaciones deficientes e ineficaces, muy incompletas y con elevado grado de incumplimiento por ausencia de controles y seguimiento. Tampoco se evalúan, en absoluto.
Esto último está referido al caso valenciano, que se puede considerar que está en mejores condiciones que muchas otras comunidades autónomas, ya que en este territorio se padecieron durante décadas algunos de los más grandes incendios de todo el estado y, a lo largo de los años, se han desarrollado mucho los sistemas dedicados a la extinción, cosa que nos está salvando de padecer mayores desastres, ante la ausencia de una verdadera estrategia preventiva para evitar los fuegos de causa humana. Pero ya sabemos que los presupuestos para la extinción no pueden crecer indefinidamente y que, además, con la acentuación de los efectos del cambio climático, cada vez en más ocasiones muchos incendios se sitúan en lo que los técnicos denominan “fuera de la capacidad de extinción” y cualquier pequeño fuego puede transformarse en muy poco tiempo en un enorme incendio incontrolable. En esta situación, evitar los incendios de causa humana se convierte en una prioridad absoluta La extinción y otras medidas de contención o barrera contra el avance de un fuego ya en marcha, sólo actúan cuando ya es demasiado tarde, cuando ya ha fracasado la prevención y no se han podido evitar incendios y cuando los costes de lucha contra el fuego y los costes derivados de los daños producidos van a resultar inasumibles. Si antes del próximo verano no se desarrollan, por parte de las administraciones responsables, potentes estrategias destinadas a evitar los incendios de causa humana, que son la inmensa mayoría, repetiremos con elevada probabilidad los desastres del pasado verano. Dicen que los incendios se apagan en invierno. En todo caso, se han de prever y tener planes para evitarlos antes del verano. De momento, no se mueve nada.
¿Por qué tantos incendios este verano?
El pasado verano muchos hemos seguido con ansiedad y rabia las noticias continuas sobre grandes incendios. Miles de ciudadanos han sufrido en carne propia las consecuencias, obligados a confinarse o desplazarse forzada y precipitadamente. Sin olvidar los muertos ocasionados en Los Gallardos. ¿Por qué no se evitaron estos incendios? ¿Realmente son “inevitables”, como algunos dicen?
El verano ha acabado “oficialmente”. Es oportuno hacer balance, aunque, por desgracia, aún podremos padecer más fuegos. Provisionales y sometidos a pequeñas correcciones futuras, los datos de la administración están disponibles y permiten efectuar algunas reflexiones documentadas y racionales. Desde principios de año hasta finales de septiembre hemos padecido, en toda España, 8.155 incendios, que han quemado 276.856 ha. Si nos fijamos en los incendios grandes (GIF), de más de 500 ha, los que han ocupado muchísimas horas de noticiarios y enormes espacios en los periódicos, hemos padecido 46, los cuales han abrasado el 80% de las mencionadas extensiones. De estos 46, solo cuatro (el 8,7%) se pueden clasificar como naturales, producidos por rayos. Esos 4 incendios quemaron no llega al 1% de las 222.233,90 hectáreas destruidas por los GIF. El resto, la inmensa mayoría, que ocasionaron el 99% de la superficie quemada, fueron resultado de acciones humanas.
Esto tiene una lectura diáfana. La actual de estrategia de prevención que desarrollan las diferentes administraciones ha fracasado estrepitosamente. Un fracaso radical. No se supo evitar el 92% de los grandes incendios (y salvar el 99% de las superficies quemadas por ellos) que tuvieron causas humanas y, por lo tanto, estrictamente evitables. Esto no es ninguna novedad. Los datos que maneja el Ministerio responsable (MITECO) nos informan de que, en el conjunto histórico de datos disponibles para el conjunto del estado, aproximadamente el 90% de todos los incendios tiene causa humana. En el territorio valenciano, donde la asociación, a la que pertenezco, Acció Ecologista-Agró desarrolla sus actividades, hemos podido demostrar, con datos oficiales (de la Generalitat Valenciana) que la media anual de incendios forestales en los últimos 20 años es prácticamente la misma que en los años 70-80 del siglo pasado. En más de 50 años no ha existido una mejora detectable en evitar incendios. Cero avances, pese a los notables incrementos en inversiones en la lucha contra el fuego. El indicador más claro e incontrovertible de la eficacia en la prevención es la cifra anual de incendios. Esa cifra, en promedio, no se ha movido. Cierto que existe un pequeño porcentaje de incendios (ocasionados por rayos) que no se podrá evitar, pero la inmensa mayoría sí, y no se evita. La diferencia entre tener una media de 400 incendios al año (en el caso valenciano) a tener sólo 80 (los naturales) es inmensa. Implica evitar gastos enormes en extinción, evitar miles y miles de hectáreas quemadas cada año, con graves impactos ambientales, sociales, económicos, e incluso vidas humanas. La inacción, la ineficacia y la falta de medidas útiles en este tema, es intolerable.
Los incendios de origen humano son resultado de acciones concretas y actividades e instalaciones de riesgo que son bien conocidas, contabilizadas y analizadas por territorios. Se puede actuar limitando ciertas actividades, regulando otras, prohibiendo con más contundencia algunas, mejorando sustancialmente acciones administrativas planificadas y aumentando medios y recursos destinados a vigilancia, control y disuasión. Causa por causa, concretando detalles por zonas y en cada municipio. Esto no se hace, o se hace de manera muy deficiente. El campo de mejora es inmenso. Está casi todo por hacer.
Si no se está evitando los incendios evitables es porque las administraciones no invierten a penas nada en este objetivo. En el territorio valenciano hemos podido analizar los planes de supuesta “prevención”, de la totalidad de las demarcaciones forestales. En promedio se dedica menos del 10% de las inversiones a evitar incendios (lo que denominan “prevención de causas”). Además, las medidas propuestas son vagas, genéricas, indefinidas, sin normativas claras y que centran en dar charlas, editar algún folleto, poner unos cuantos carteles y dar recomendaciones de buenas prácticas y confiar en el “buen hacer de la gente de bien”. No es que no se invierta en “prevención”; es que las inversiones se usan mal y van a parar a medidas que no tienen la función, ni la posibilidad, de evitar ni un solo incendio. Así se explica la situación. No existen planes rigurosos, potentes, con recursos importantes y estrategias bien definidas para evitar fuegos. Así es difícil evitar incendios, claro. Sería un milagro evitarlos sin hacer nada importante para ello. Y los milagros no existen, como tampoco existen estrategias que prioricen evitar los incendios de causa humana. No es la prioridad ni para técnicos, ni administradores. No hay un objetivo firme, una voluntad política, una movilización social adecuada para actuar contra todas y cada una de las causas, ya bien conocidas, y eliminarlas. Así, seguro que jamás ganaremos la batalla contra el fuego.
- Carles Arnal es doctor en Biología y miembro de Acció Ecologista-Agró.
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