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Alaska: “¡Ojalá que la IA cree sonidos nuevos!”

Alaska, en Bilbao

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Olvido Gara (Ciudad de México, 1963) aún conserva un atractivo único. Aquella niña que emigró a los diez años a España de su México natal se ha convertido en una mujer con 63 años casi recién cumplidos –los hizo en junio- que surfea en un mundo que va en sexta. Pero Alaska –junto a su pareja musical en Fangoria, Nacho Canut- prefiere conducir en primera. Está fuera de esa órbita hiperacelerada. “Nosotros estamos muy tranquilos. Estamos fuera de la línea del tiempo”, ha confesado en la sesión inaugural de la decimocuarta edición del BIME, el gran cónclave internacional de la industria musical que se celebra esta semana en el Palacio Euskalduna de la capital vizcaína.

Ante un público mayoritariamente femenino e intensamente joven, Alaska ha confesado que está preparada para lo que venga. Es más, se diría que está esperando que alguien o algo le dé la vuelta completamente al calcetín musical y a su brazo armado, la industria musical, más preocupada en las ‘histories’ que las artistas van a subir en sus redes sociales para lanzar la última creación de su grupo que en un buen plan que acompañe a ese trabajo. “Me enfado cuando me preguntan esas cosas. Yo quiero un plan. Les digo: ¿Es esto bueno para el artista? ¿Es bueno para el producto? Lo de las ‘histories’ ya lo sé hacer yo, mi amor”, ha censurado, levantando una salva de aplausos entre el respetable como si hubiera terminado de interpretar una canción de su último disco ‘La Verdad o la Imaginación’. Es la primera entrega musical en estudio con material inédito de Fangoria desde hace muchos años, publicado el pasado mes de abril, parido junto a Canut y bajo la batuta del productor holandés Matt Pop.

Decir Alaska es nombrar la movida madrileña de los 80, acordarse del director manchego Pedro Almodovar y su ‘Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón’, acabar ‘Bailando’ en cualquier fiesta y citar de corrido a un grupo seminal de finales de los 70 como Kaka de Luxe. Todo eso mucho antes de que un profesor que llegaría a alcalde de la capital de España animara en enero de 1984 a una muchedumbre insultantemente joven y ansiosa de libertad y divertimento a colocarse si no lo estaban. “¡Rockeros: el que no esté colocado, que se coloque... y al loro!, gritó entonces Enrique Tierno Galván. Una frase para la historia de este país. Felipe González había llegado a la Presidencia del Gobierno dos años antes y España –y Madrid- copiaba lo mejor de la música que se producía entonces en la vanguardia de Londres o de Nueva York.

Aquello queda lejos, muy lejos para la joven audiencia que llenaba la sala del bilbaíno Euskalduna, donde Alaska ha conversado con el jefe de los todopoderosos Latin Grammys, Manuel Abud, Pero no para las dos personas que estaban en el escenario de BIME, ambos con la misma edad -63 años- y toda una trayectoria en el mundo de la música.

De hecho, Abud ha recordado que el próximo 12 de noviembre Alaska recibirá el reconocimiento a esa trayectoria musical que arrancó con el punk de Kake de Luxe y siguió después con el pop-rock bailongo de Alaska y Los Pegamoides (Canut, Berlanga, Curra y Benavente). Después llegarían el glam en Alaska y Dinarama (ya solo Berlanga y Canut) y la vida sigue igual con Fangoria, donde la música house o la electrónica se hizo carne y sigue habitando entre nosotros. Será en la gala de los Latin Grammys que se celebrará en la localidad estadounidense de Las Vegas. Abud se mostraba muy orgulloso de ese galardón –Premio a la Excelencia Musical 2026- y lo ha puesto en comparación con el Grammy que recibió a toda una carrera un monstruo de la música como el Duque Blanco, David Bowie. Y no ha sonado descabellado.

A quién le importa

Alaska reconocía este martes ante una audiencia que también tenía público de origen peruano, argentino, colombiano y de otros países latinoamericanos, que ella y Canut siempre han sido unos cabezones, musicalmente hablando. Las modas se la traían al pairo. “Fuimos muy tozudos cuando arrancamos con Fangoria. La gente decía: ”están locos, han cavado su propia tumba“, relata, cuando decidieron abrazar la música electrónica, el house y probar con otros sonidos alejados de su propio mainstream y de su panoplia de éxitos (Ni tú ni nadie, Perlas Ensangrentadas, A quién le importa, Rey del Glam...”. “Nos salió bien de milagro”, ha admitido Alaska, mientras parecía mirar de reojo a su pareja Mario Vaquerizo, en primera fila en el Euskalduna.

Pese a todo, Alaska no cree que en todas estas décadas lo suyo haya sido una reinvención tras otra, ni que se anticipara a lo que iba a venir en la música española cuando tocaba la guitarra en Kaka de Luxe y aparecía con 18 tacos en aquellos programas nocturnos de la TVE entrevistada por una ‘nena que valía mucho’ como Carmen Maura. “Yo iba en mi momento, no me anticipé (…) Entonces te preguntabas: ¿Tú quieres hacer música? Bien. ¿Sabes tocar? No, Pues hazlo”, recordando la pura actitud punk de ese planteamiento. “Ha sido más oficio que talento. Y suerte”, ha asegurado.

La próxima reinvención de Alaska no la conoce ni ella. “El tiempo ha cambiado en la industria musical. No entiendo el engranaje de lo que hay hoy en día. La industria se ha tenido que reinventar. Ahora, además, ya no hay soporte físico como antes”, ha apuntado, en alusión a que “los albums” y los “singles” de antaño han dado paso a las canciones subidas en las plataformas musicales globales.

¿Podría ser la Inteligencia Artificial generativa lo que lo ponga todo patas arriba en la música?

“La IA es una herramienta más para la creación. ¡Ojala que la IA cree sonidos nuevos”.

“Siempre sé lo que no quiero hacer, pero es muy difícil saber lo que quieres hacer”, ha concluido. “Me gustaría que volviera de alguna forma una corriente algo más de rock, en el sentido glam. Un poco como el momento Maneskin, que fue como Dios mío, esto qué bien que exista, en un mundo en el que parece que eso no existe, cuando el rock fue, ya no es. Eso es raro. Si eso pasara me verías seguramente enganchada, agarrada a eso. No sé lo que quiero hacer, no me lo planteo hasta que llega. Sé lo que quisimos hacer este año, el tipo de producción que salió como nosotros esperábamos. ¿Quién sabe lo que viene después?

La pregunta queda en el aire y se funde con el último aplauso de la audiencia.

La charla y la confesión han terminado. Fuera, una cola de fans se arremolina para lograr su foto junto a Alaska o un autógrafo. Mario Vaquerizo muestra una sonrisa. Alaska se presta a lo que haga falta. Está en su salsa.

Se acerca alguien y le espeta: “¡Qué bueno, Bowie y Alaska compartiendo premio!”.

Ella le mira fijamente y le susurra: “Sí, verdad”.

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