Pesa 1.200 toneladas y es considerada una de las rocas más grandes del mundo que haya sido arrastrada por el mar
En la remota isla de Tongatapu, situada en el archipiélago de Tonga, una serie de científicos identificaron una estructura que desafía la lógica costera. Se trata de Maka Lahi, una piedra caliza de dimensiones extraordinarias que hoy yace a más de doscientos metros de la costa. Con un peso estimado de 1.200 toneladas, esta formación es considerada una de las rocas más grandes del mundo arrastradas por el mar. Su hallazgo ha abierto un nuevo capítulo en el estudio de la naturaleza en general y de los fenómenos naturales extremos que azotaron el Pacífico Sur en particular. Los investigadores quedaron atónitos al confirmar que un bloque de tal magnitud no pertenecía al entorno vegetal donde fue hallado. Esta roca, confundida a menudo con una colina, oculta tras de sí una historia de violencia oceánica que ocurrió hace milenios.
La ubicación de esta mole rocosa es lo que más inquieta a la comunidad científica, pues se encuentra sobre un acantilado de treinta metros. Habitualmente, estas alturas se consideran refugios seguros ante el embate de las olas, pero Maka Lahi demuestra lo contrario. El geocientífico Martin Köhler, de la Universidad de Queensland, lideró el equipo que documentó este extraño fenómeno tierra adentro. Lo que inicialmente parecía una colina natural resultó ser un intruso geológico arrancado violentamente de su lugar de origen. La vegetación que la rodea ha ocultado durante milenios el rastro de la catástrofe que la depositó en esa planicie. Este bloque de piedra caliza se erige hoy como un monumento natural a la potencia destructiva de los tsunamis antiguos.
Las dimensiones físicas de la roca son comparables a las de una casa de dos pisos, con 14 metros de largo por 12 de ancho. Su altura alcanza los 6,7 metros, lo que la convierte en el peñasco de cima de acantilado más grande conocido hasta la fecha. Está compuesta íntegramente por piedra caliza, un material que coincide con la composición del borde del acantilado cercano. Los análisis mediante modelos tridimensionales permitieron a los expertos reconstruir la trayectoria que siguió este gigante durante su transporte. Resulta difícil imaginar la energía necesaria para desplazar un objeto tan masivo a través de una distancia tan considerable. Maka Lahi no es solo una roca, sino una pieza de evidencia física de un evento oceánico sin precedentes.
El descubrimiento de Maka Lahi no ocurrió por azar, sino gracias a las valiosas indicaciones de los agricultores locales de Tongatapu. Mientras el equipo de Köhler buscaba evidencias de tsunamis en la costa, los lugareños les señalaron la existencia de la “Gran Roca”. Al llegar al lugar, los investigadores se toparon con un bloque que estaba fuera de su zona de trabajo inicial. Este aviso inesperado permitió identificar una pieza clave para entender la vulnerabilidad de las regiones costeras frente al océano. La mitología de Tonga ya mencionaba la presencia de esta roca, pero la ciencia finalmente ha podido explicar su origen. El equipo se mostró sorprendido por encontrar un objeto tan inmenso oculto entre cultivos de yuca y plátano.
Para explicar el movimiento de 1.200 toneladas, los modelos numéricos indican que se requirió un megatsunami con olas de cincuenta metros. Estas paredes de agua debieron mantener su fuerza durante al menos noventa segundos para lograr arrancar y desplazar el bloque. Tales magnitudes superan con creces las registradas en desastres modernos como los tsunamis del océano Índico o de Japón. La fuerza hidráulica necesaria para elevar tal peso hasta la cima de un acantilado es simplemente asombrosa para los geólogos. Los científicos creen que solo un evento de energía extrema pudo haber generado un impacto de tales características. Esta simulación matemática ha sido fundamental para validar que la roca fue realmente movida por el agua.
A diferencia de los tsunamis comunes provocados por terremotos, este evento probablemente fue causado por un deslizamiento de tierra submarino. La doctora Annie Lau señala que el colapso del flanco de un volcán pudo ser el detonante de estas olas gigantescas. Tonga es una zona tectónicamente activa, situada cerca de la fosa de Tonga y de la dorsal submarina de Tofua. Este contexto geológico favorece la ocurrencia de erupciones y desplazamientos masivos de material bajo el nivel del mar. La investigación sugiere que el origen del tsunami fue local, lo que intensificó el poder destructivo de la masa de agua. Estos megatsunamis por deslizamiento son menos frecuentes pero mucho más devastadores en las costas cercanas.
Antes de la ocupación humana
La datación de este evento sitúa la llegada de la roca a su posición actual hace aproximadamente 7.000 años, durante el Holoceno. Los investigadores analizaron la caliza secundaria formada por la lluvia para determinar con precisión la antigüedad del desplazamiento. Este hallazgo revela que el evento ocurrió mucho antes de que se produjera la ocupación humana estable de la isla. El análisis de la erosión sufrida por la piedra confirma que su estancia tierra adentro ha sido prolongada y constante. Estos datos ayudan a los geólogos a construir un historial de eventos climáticos y geológicos extremos en la región. Comprender el pasado remoto permite a los científicos proyectar escenarios de riesgo para las generaciones actuales.
Comprender lo que sucedió con Maka Lahi es fundamental para la evaluación de riesgos costeros en la actualidad y en el futuro. El tsunami de 2022 en Tonga, provocado por el volcán Hunga, recordó la peligrosidad latente de estas islas del Pacífico. El estudio de rocas gigantes permite mejorar los modelos de predicción y preparación ante posibles desastres naturales inminentes. Maka Lahi no es solo un misterio resuelto, sino una advertencia silenciosa sobre la fuerza imparable que posee el mar, aunque la ciencia continúa investigando el fondo marino para identificar el foco exacto que dio origen a este gigante.