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Un posible error de cálculo en sus engranajes apunta a que el Mecanismo de Anticitera no es tan perfecto como se creía

Héctor Farrés

14 de abril de 2025 13:30 h

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Durante un tercio del año, un objeto con más de dos milenios a sus espaldas habría girado con una precisión dudosa hasta quedarse bloqueado por completo. Engranajes con dientes en forma de triángulo, movimientos irregulares y errores milimétricos habrían sido suficientes para arruinar su funcionamiento.

No fue una catástrofe técnica, fue una suma de pequeños fallos que, al coincidir, convirtieron algo extraordinario en un artefacto problemático. Si alguna vez funcionó bien, fue por poco tiempo. Si nunca lo hizo, su sola existencia ya bastó para desafiar los límites de su tiempo.

Triángulos, desviaciones y un baile de engranajes que no acaba bien

En 1901, un grupo de buzos que buscaba esponjas localizó entre los restos de un naufragio griego una pieza corroída, imposible de identificar a simple vista. Décadas más tarde, esa pieza pasaría a conocerse como el Mecanismo de Anticitera, considerado el primer dispositivo analógico de la historia, capaz de anticipar eclipses, registrar ciclos lunares y representar posiciones planetarias.

Sin embargo, un nuevo análisis llevado a cabo por los ingenieros Esteban Guillermo Szigety y Gustavo Francisco Arenas, de la Universidad Nacional de Mar del Plata, sugiere que el aparato, más que una maravilla astronómica funcional, pudo haber sido una máquina defectuosa desde el primer día.

El estudio, publicado en arXiv, se centra en dos elementos técnicos fundamentales: los dientes triangulares de los engranajes y los defectos de construcción documentados en trabajos anteriores. Las simulaciones por ordenador realizadas por el equipo argentino indican que, incluso en condiciones ideales, esa forma de diente genera movimientos desiguales, con aceleraciones y frenadas imperceptibles para el ojo, pero lo bastante constantes como para afectar la sincronía interna.

La clave del análisis está en la interacción entre esos dientes y los fallos de fabricación señalados por el científico Mike Edmunds, que analizó tomografías del mecanismo hace años. Las desviaciones eran de dos tipos: aleatorias, con dientes desplazados algunos milímetros respecto al eje ideal, y sistemáticas, con patrones repetidos por defectos al tallar o ensamblar las piezas.

En palabras del equipo argentino, “la forma triangular de los dientes en sí misma produce errores negligibles, la imprecisión de fabricación aumenta significativamente el problema de atascamientos o desencajonamientos”.

Un modelo brillante en teoría, torpe en la práctica

Simulando esos errores en un modelo virtual, comprobaron que la combinación entre imperfecciones y diseño generaba problemas mayores: los engranajes no solo mostraban desviaciones leves, también podían desengancharse o encallarse, lo que bloqueaba el sistema entero. Según sus cálculos, el mecanismo habría dejado de girar correctamente tras solo 120 días de uso.

Esto coincide con otra hipótesis planteada años antes por el propio Edmunds, que consideraba que el aparato podría haber servido más como herramienta educativa que como una calculadora astronómica precisa.

Los ingenieros argentinos combinaron los modelos matemáticos de Edmunds con las conclusiones de Alan Thorndike, que ya había descrito en su día cómo el perfil en forma de V de los dientes generaba un movimiento no uniforme. Su objetivo no era reconstruir el objeto, sino evaluar si podría haber funcionado con los errores documentados. El resultado fue claro: las desviaciones eran tolerables solo en teoría, no en la práctica.

Aun así, los autores advierten que su análisis debe leerse con cautela. El mal estado de conservación del aparato podría haber exagerado los defectos observados. Como explican en su trabajo, “aunque es posible, es poco probable que alguien intencionalmente construyera un dispositivo tan poco utilizable”.

Más de dos mil años después, la incógnita sobre si el artefacto funcionó de verdad sigue sin resolverse. Lo que sí queda claro es que, incluso si fue poco práctico, el intento de crear un objeto de esa complejidad sigue siendo ejemplo de una ambición técnica excepcional.