¿Cómo es posible que hubiera bisontes hace 4.000 años en lo que hoy es Navarra? El esqueleto casi completo y el arma del crímen aportan pistas decisivas
La figura de los grandes herbívoros europeos siempre se ha asociado a espacios abiertos, climas fríos y manadas que recorren largas distancias. El bisonte europeo encaja en esa imagen por tamaño, por comportamiento y por la relación histórica que mantuvo con los paisajes del continente. Hoy se trata de un animal protegido, con poblaciones reducidas y controladas, que sobrevive en reservas concretas del este de Europa.
En España no existe una población silvestre estable, aunque sí proyectos de reintroducción muy puntuales y siempre bajo supervisión administrativa. Ese marco general ayuda a entender por qué cualquier rastro antiguo del bisonte europeo dentro de la península despierta tanta atención científica.
Un animal joven acabó atrapado bajo tierra hace cuatro milenios
El punto de partida está en Navarra, donde apareció un esqueleto casi completo de un animal de unos cuatro años de edad que cayó hace unos 4.000 años en una sima del actual Parque Natural de Urbasa y Andía. El hallazgo se presentó en Pamplona y fue difundido por EFE, que detalló que los restos se localizaron en la sima de Arrafela y se recuperaron en octubre tras una intervención iniciada en 2024. La datación por radiocarbono sitúa al animal en el final del Calcolítico y abre la puerta a confirmar la presencia del bisonte europeo en estas latitudes en ese periodo.
La cavidad donde apareció el esqueleto funciona como una trampa natural desde hace milenios. Los investigadores ya conocían la sima y sabían que en su interior se habían acumulado restos de fauna de distintas épocas. En este caso, el animal cayó al interior tras recibir el impacto de una punta de flecha de cobre que quedó incrustada entre sus costillas. Ese detalle permite reconstruir una secuencia clara de los hechos y vincula el episodio con comunidades humanas que vivían de forma estable en el valle de la Sakana.
La identificación del ejemplar se apoya en varios análisis. El paleontólogo Jan van der Made, del Museo de Ciencias Naturales-CSIC, explicó que el estudio morfológico apunta a un bisonte europeo adulto joven, macho, de talla mediana y con un peso superior a los 800 kilos. Aun así, la confirmación definitiva depende de los estudios genéticos ya en marcha. Van der Made ha trabajado con restos de bisontes de distintos yacimientos europeos y señaló que este caso resulta singular dentro del contexto peninsular.
Los equipos han limpiado los huesos, elaborado un inventario preliminar y comenzado el estudio métrico. También se han tomado muestras para analizar la dieta y para obtener ADN, mientras algunas piezas frágiles pasarán por procesos de restauración en los Fondos de Arqueología de Navarra. Parte del material viajará a centros internacionales y el conjunto de estudios puede alargarse cerca de un año.
El trabajo se alargará meses y tendrá proyección pública
El coordinador de la investigación por la Institución Príncipe de Viana, Jesús García Gazolaz, explicó en rueda de prensa que “Navarra tiene un patrimonio paleontológico excepcional y estaba ahí esperándonos”. García Gazolaz recordó que la sima llevaba décadas documentada y que el trabajo conjunto entre Cultura y Medio Ambiente permitió avanzar con un objetivo claro.
Desde el ámbito político, la presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, valoró el hallazgo durante la presentación pública de los restos. “Nos ha dejado un legado histórico de grandísima importancia”, afirmó al referirse a la persona que intentó cazar al animal con una flecha hace cuatro milenios. La consejera de Cultura, Rebeca Esnaola, subrayó que estos trabajos ayudan a desmontar relatos simplificados del pasado y a situar la ciencia como herramienta para entender mejor el territorio.
Cuando concluyan los análisis, el Gobierno foral estudiará la posibilidad de exponer el esqueleto dentro del proyecto para convertir la actual Refena en el Instituto de Patrimonio Cultural de Navarra. 4.000 años después de su caída, el bisonte de Urbasa sigue aportando datos sobre fauna, caza y paisaje en la prehistoria peninsular.