El pueblo asturiano que aún conserva paneras y más de una veintena de hórreos, algunos del siglo XVI
Espinaréu, en el concejo de Piloña, sigue siendo todo un baluarte de la arquitectura tradicional asturiana. Este pequeño pueblo, situado concretamente en la sierra del Sueve y rodeado de un paisaje exuberante, es célebre por albergar uno de los conjuntos de hórreos y paneras más grandes y mejor conservados de toda Asturias. Al llegar, el visitante se ve inmerso en una atmósfera mística donde estas construcciones de madera parecen cobrar vida propia en cada esquina. En un territorio donde este patrimonio suele aparecer de forma aislada o ruinosa, Espinaréu destaca por una densidad excepcional que lo convierte en un tesoro vivo de otros siglos, cargado de historia y de un ingenio constructivo único. Caminar por sus calles es realizar un viaje de introspección hacia el alma rural de la región, donde la historia se respira con intensidad en cada viga de madera.
El sonido constante del río Infierno acompaña este recorrido por un paraje donde la vida mantiene un ritmo propio, ajeno a las prisas de la modernidad. Es un lugar que nos invita a detenernos y contemplar la huella humana integrada perfectamente en la naturaleza asturiana. La antigüedad de este conjunto patrimonial es uno de sus rasgos más asombrosos, con ejemplos que se remontan directamente a la época medieval. Se tiene constancia de que el hórreo más antiguo que se conserva en la localidad data concretamente del año 1548, una cifra que impresiona por su longevidad y resistencia estructural. La mayoría de las estructuras visibles hoy en día pertenecen a los siglos XVI y XVII, manteniendo una estética que nos transporta a una época de gran ingenio agrario.
En total, el pueblo mantiene una veintena de hórreos y seis paneras que han sido rehabilitados con un respeto absoluto por su fisonomía y materiales originales. Estas cifras son significativas incluso dentro del concejo de Piloña, que posee un censo de setecientos hórreos, pero ninguno con tal concentración urbana. La declaración de protección legal de estos monumentos desde el año 1973 ha sido fundamental para asegurar que las generaciones futuras puedan contemplar siempre esta joya etnográfica. Resulta fascinante pensar en todo lo que estas vigas de madera de castaño han presenciado durante casi cinco siglos de historia rural ininterrumpida.
El hórreo asturiano es, en esencia, un ingenio diseñado para la supervivencia humana en un medio hostil y extremadamente húmedo. Su estructura se eleva sobre el suelo mediante pilares robustos denominados pegollos, que pueden ser de madera o piedra según su antigüedad. Sobre estos apoyos se coloca la muela, una pieza circular o cuadrada que sirve de barrera física para impedir que los roedores alcancen las cosechas. El acceso se realiza mediante la subidera, una escalera de piedra que nunca llega a tocar la construcción principal para evitar el paso de alimañas. Tradicionalmente, este espacio servía como granero para almacenar las patatas, habas y otros productos vitales para el sustento de la familia rural asturiana.
El uso de madera de castaño y el ensamblaje de las piezas sin clavos, mediante cuñas de madera, muestra la maestría de los carpinteros de la zona. Gracias a este diseño, se lograba mantener la temperatura y ventilación precisas para que el grano y la carne de matanza no se estropearan. Este patrimonio cultural práctico y de uso cotidiano permitía poner el sustento alimenticio a buen recaudo durante todo el año.
Junto a los hórreos conviven las paneras, construcciones que surgieron por la necesidad de mayor espacio de almacenamiento a partir del siglo XVIII. La introducción masiva del maíz y la patata en la agricultura asturiana obligó a crear estructuras más amplias que los hórreos típicos de cuatro apoyos. Por ello, las paneras de Espinaréu cuentan generalmente con seis o más pegollos y una techumbre a dos aguas o con caballete. Muchas de ellas responden al denominado estilo maliayo, ejecutadas por maestros de Villaviciosa durante los siglos XVIII y XIX. A diferencia del hórreo cuadrado, la panera suele ser rectangular y dispone de corredores donde el maíz se colgaba tradicionalmente para su secado al aire libre. Esta evolución arquitectónica refleja el crecimiento de la prosperidad agrícola de la región asturiana tras la llegada de nuevos cultivos americanos.
Además de funcionales, las paneras formaban parte del ajuar de la novia, representando el valor económico de la casa de labranza. En Espinaréu, estas estructuras lucen hoy lustrosas y conservan la esencia de los antiguos graneros imperiales romanos. La ornamentación de estas piezas arquitectónicas va mucho más allá de la estética, pues encierra un profundo significado místico y protector. En las tallas de las sobrepuertas y los liños es común encontrar motivos solares, hexapétalas y cruces que se remontan a la Edad del Hierro. Estos símbolos tenían la finalidad de alejar los malos espíritus y buscar la protección divina sobre el alimento almacenado. Los colores originales, rojo, blanco y negro, aún pueden adivinarse en algunos ejemplares, aunque el tiempo haya desgastado su policromía.
La decoración variada convierte a cada hórreo en una pieza única de arte popular tradicional que refleja la cosmovisión de sus antiguos propietarios. Incluso las inscripciones religiosas conviven con iconografías paganas en un sincretismo cultural fascinante para cualquier visitante. Esta riqueza decorativa hace que el conjunto de Espinaréu sea probablemente el más excepcional de toda la geografía asturiana. Dentro del conjunto destaca especialmente la panera conocida como L’Horru La Capilla, situada en las proximidades de la actual iglesia parroquial. Este edificio es singular porque se utilizó para oficiar misa antes de que se terminara de construir el templo principal del pueblo. Sus liños conservan grabados de hexapétalas y restos de radiales policromados que atestiguan su importancia social en siglos pasados.
Riqueza decorativa y natural
Muy cerca de allí se encuentra una de las viviendas más antiguas de Espinaréu, datada posiblemente en el año 1714. Esta casa presenta en su sobrepuerta un escudo tallado con un castillo y dos llaves cruzadas, testimonio del linaje histórico del lugar. Otro elemento recuperado que merece atención es el antiguo lavadero tradicional, recientemente restaurado, que completa perfectamente este paraíso etnográfico en medio del entorno natural. El caserío está salpicado de estas pequeñas casas tradicionales de estilo asturiano con corredores de madera y fachadas blancas. Cada rincón del pueblo ofrece un testimonio silencioso de la historia del valle y de la vida comunitaria que allí se desarrollaba.
El entorno natural que rodea a Espinaréu es tan impresionante como su patrimonio construido, pues ofrece rutas de senderismo entre bosques autóctonos. El río Infierno serpentea por el valle, creando una sinfonía constante que define el ambiente místico de la localidad. A escasos tres kilómetros se encuentra el área recreativa de La Pesanca, un paraje idílico donde abundan los robles, castaños y fresnos. También destaca el Arboreto de Miera, situado en una de las manchas boscosas más extensas de hayas de toda Asturias. La Sierra del Bedular y la Sierra del Sueve proporcionan el telón de fondo perfecto para practicar ciclismo de montaña o rutas a caballo. La biodiversidad de la zona, con sus aguas cristalinas y vegetación densa, convierte la visita en una pausa necesaria en la rutina diaria. Es, en definitiva, un enclave afortunado en recursos naturales que permite adentrarse en el corazón más auténtico y salvaje de la montaña asturiana.