Es tiempo de borrascas pero, ¿cuál es el método para medir la altura de las olas?
La comprensión del estado del mar constituye una de las responsabilidades fundamentales de cualquier patrón de barco, pues el oleaje puede generar situaciones de alto riesgo durante la navegación. Este fenómeno físico se produce principalmente por la transmisión de energía cinética del viento a la superficie marina, creando ondas que deben ser cuantificadas con precisión científica para garantizar la seguridad a bordo. Se trata de un fenómeno que suele ocurrir con una cierta virulencia en fuertes borrascas como las que se suceden en las últimas semanas, olas que, eso sí, agradecen los amantes de deportes como el surf o el windsurf. Pero, ¿cómo se mide la altura de las olas?
Históricamente se han desarrollado diversos métodos que van desde la observación visual directa hasta el uso de avanzados sensores electrónicos que analizan el mar en tiempo real. Determinar la magnitud de estas masas de agua no es una tarea sencilla, ya que el océano rara vez presenta un patrón uniforme y predecible para el ojo humano. En este contexto, la meteorología marina ofrece herramientas estandarizadas que eliminan la subjetividad y permiten establecer un lenguaje común entre los amantes del mar de todo el mundo. Para un navegante, entender el método correcto para medir la altura de las olas es tan vital como conocer el rumbo de su propia embarcación.
Para definir técnicamente el tamaño de una ola se debe medir la distancia vertical existente entre su punto más alto, llamado cresta, y su punto más bajo, conocido como valle o vaguada. A medida que el viento sopla con intensidad, estas ondas adquieren una forma sinusoidal más pronunciada, alzándose sobre el nivel del agua que se encontraría en reposo total. Además de la altura, existen otras variables cruciales como la longitud de onda, que es el espacio horizontal entre dos crestas consecutivas, y el periodo, que marca el tiempo entre ellas. La velocidad de la onda se calcula dividiendo dicha longitud por el tiempo transcurrido entre los picos de las crestas observadas. Es importante diferenciar entre el mar de viento, originado localmente por la acción directa del aire, y el mar de fondo, que se propaga desde zonas muy alejadas.
Todas estas dimensiones físicas son esenciales para caracterizar el estado del mar y su posible impacto en la estabilidad de las naves. Sin una medición precisa de estos parámetros, los informes meteorológicos carecerían de la utilidad necesaria para los profesionales. Uno de los métodos más tradicionales y directos para estimar la altura de las olas durante la navegación es el uso de la altura del ojo del observador. Este procedimiento establece que cualquier ola que llegue a oscurecer el horizonte mientras el barco se mantiene en una quilla uniforme es superior a la altura del ojo del navegante. También es común realizar comparaciones visuales utilizando partes específicas de la estructura de la embarcación, como el borde de la plataforma o los pasamanos laterales. Al observar la cara de la ola mientras el barco se inclina hacia ella, se puede obtener una referencia visual bastante fidedigna de su magnitud real. Aunque esta técnica es subjetiva y requiere de gran práctica, sigue siendo uno de los mejores recursos para experimentados surfistas o marineros. La clave reside en elegir un punto de referencia estable y conocer con exactitud las dimensiones de la propia nave para evitar errores de cálculo.
Fuera de la embarcación, la observación de estructuras fijas o boyas flotantes permite obtener mediciones mucho más exactas del desplazamiento vertical del agua. Si un navegante conoce la distancia desde la línea de flotación hasta la parte superior de una boya, por ejemplo cuatro metros, puede usarla para calcular el tamaño de las olas. Del mismo modo, observar cómo las olas rompen contra un muelle, un espigón o un rompeolas fijo proporciona datos precisos tanto de la altura como del periodo de onda. Las boyas modernas permanecen en un punto fijo y registran continuamente cuánto varía su posición vertical mientras las ondas pasan silenciosamente por debajo de ellas. Este método elimina gran parte de la incertidumbre asociada a la percepción humana y constituye la columna vertebral de la red de vigilancia actual. Estos sistemas son cruciales para alimentar los modelos matemáticos que predicen el comportamiento del océano.
La tecnología moderna ha introducido el uso de sondas de profundidad y buscadores digitales de alta velocidad para medir las olas con una precisión milimétrica. Este método consiste en comparar la profundidad registrada en el canal cuando el barco está en una quilla uniforme con la profundidad medida en la cresta. El dispositivo electrónico debe tener una velocidad de actualización muy rápida para capturar los cambios bruscos de nivel que ocurren en cuestión de segundos. Al realizar este contraste de datos, el sistema puede arrojar una cifra exacta sobre el tamaño real de la masa de agua que se desplaza bajo el casco. Este tipo de instrumentación oceanográfica es fundamental para los buques de transporte, la pesca industrial y los servicios de vigilancia y rescate marítimo.
Douglas y Beaufort
La Escala Douglas, creada en 1917 por el almirante Henry Percy Douglas, es el estándar internacional para clasificar el estado del mar según la altura de las olas. Este sistema utiliza una metodología de cálculo manual simple pero muy efectiva que divide la altura visual de la ola en tres partes iguales. Para obtener el resultado final siguiendo este método, se debe sumar el tercio central de la ola con su tercio superior. El valor obtenido se clasifica entonces en diez grados que van desde el nivel cero, que indica un mar en calma total, hasta el nueve, que representa un mar enorme. Cada uno de estos niveles cuenta con una descripción detallada que ayuda a los marineros a identificar visualmente las condiciones a las que se enfrentan.
Tomando la Escala Douglas como herramienta, un grado tres, por ejemplo, se denomina marejada y describe olas de hasta 1,25 metros con formación constante de espuma blanca. Esta escala es valorada por su sencillez descriptiva y su capacidad para facilitar la comunicación inmediata entre tripulaciones. En los informes meteorológicos oficiales, no se suele hablar de olas individuales, sino del concepto estadístico de altura significativa, simbolizado como H1/3. Este valor se calcula promediando la altura de todas las olas registradas durante un periodo de veinte minutos y seleccionando el tercio más alto de la muestra. La razón de este tratamiento es que en mar abierto las ondas provienen de múltiples direcciones y se solapan constantemente de forma caótica.
Y es que un desplazamiento vertical brusco registrado por una boya no siempre corresponde a una sola ola gigante, sino al solapamiento momentáneo de varias de ellas. Por ello, el parámetro H1/3 ofrece una media que refleja la severidad del oleaje que un navegante encontrará con mayor probabilidad en su ruta. Es fundamental comprender que durante un temporal pueden aparecer olas individuales con alturas de hasta casi el doble de este valor significativo. Esta aproximación estadística permite ocultar el velo de incertidumbre que genera el desorden natural del océano y proporciona una guía útil.
Existe una estrecha relación entre la altura del oleaje medida por la escala Douglas y la intensidad del viento medida por la Escala Beaufort. El tamaño de las olas depende directamente de factores como la intensidad del viento en nudos, su persistencia y la extensión del área de soplado, llamada Fetch. A mayor Fetch y mayor tiempo de persistencia, se generará un oleaje mucho más desarrollado y peligroso para las embarcaciones de cualquier tipo. Por lo general, cada grado de la Escala Douglas tiene una correspondencia aproximada con un nivel de la Escala Beaufort, permitiendo predecir el mar. Sin embargo, esta relación no es absoluta, ya que variables como la batimetría del fondo marino y las corrientes oceánicas pueden alterar la formación de ondas. Entender este vínculo termodinámico entre atmósfera e hidrosfera es la base del estudio de la meteorología aplicada.
Para obtener una previsión fiable del estado del mar hoy en día, los navegantes cuentan con herramientas digitales avanzadas como el servicio MeteoNav de la AEMET. Esta aplicación permite simular rutas en cualquier parte del mundo y conocer datos de oleaje y viento con una antelación de hasta diez días. A pesar de estos avances, la medición real de la ola más grande de una tormenta sigue siendo un desafío, pues a menudo queda oculta en el caos estadístico. Las noticias sobre olas récord suelen basarse en picos máximos en tiempo real que podrían ser simplemente solapamientos momentáneos de masas de agua. La precisión científica es vital no solo para el recreo, sino para la seguridad de grandes buques, la pesca y las labores de rescate.