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Abdelkrim trató de desestabilizar la monarquía marroquí, según sus cartas
El caudillo rifeño Abdelkrim intentó desestabilizar el sistema monárquico marroquí en 1955 y 1956 al oponerse a una “independencia pactada” con Francia y preferir una ruptura con la antigua metrópoli, según los documentos que revela un libro que acaba de publicarse en Marruecos.
Con más de 30 documentos que se publican por primera vez con la firma de varios autores, el libro atribuye a Abdelkrim (1882-1963) la creación de una organización armada denominada “Comité Rifeño” -de la que toma el título la obra-, formada principalmente por militantes de su región, para hacer una revolución contra el reinado del entonces Mohamed V.
El líder rifeño, que manipulaba los hilos desde su exilio en El Cairo, era partidario de unificar las guerras de liberación de todo norte de África (Marruecos, Argelia y Túnez) y expulsar al colonialismo francés por la fuerza, como lo deja claro en sus numerosas cartas en las que casi siempre omitía el nombre del destinatario por si caían en manos enemigas.
Los documentos que desvela el libro han sido proporcionados por el antiguo resistente Mohamed Bensaid Ait Yedder (92 años), quien sostiene que las maniobras de Abdelkrim fueron su respuesta a la estrategia de la monarquía alauí de apoyarse en una élite afrancesada para dar forma al nuevo Estado.
“Francia es la que manda y se inmiscuye en los asuntos interiores y exteriores de Marruecos, al tiempo que utiliza a soldados marroquíes y tunecinos para combatir (a la resistencia) en Argelia. Y luego alega que ha cedido la independencia a Marruecos y Túnez. ¿No es extraño?”, se pregunta Abdlekrim en una de sus cartas de aquella época.
La oposición de Abdelkrim al rumbo que tomaba la independencia no era solo ideológica, pues era radicalmente contrario a que las guerrillas que combatían a los franceses y los españoles (a los que con frecuencia califica de “cerdos”), dejaran las armas o se incorporaran a las nuevas Fuerzas Armadas Reales (FAR).
En una carta enviada por Abdelkrim el 16 de mayo de 1956, el caudillo rifeño informa a un supuesto ayudante llamado “coronel Ahmed” de que los asuntos relativos al “Ejército” (de su región) serán controlados por un “consejo nacional”, formado por notables rifeños.
El papel de ese nuevo grupo armado es “defender al país, expulsar al enemigo y a sus seguidores, y acabar con los injustos”.
Abdelkrim llegó hasta proponer estrategias de acción militar, y en una de ellas estableció un plan muy detallado para atacar la infraestructura logística de transporte de armas y conseguir así armamento para los combatientes de la nueva organización.
Un aliado de Abdelkrim en aquel momento, Ibrahim Wazzani, contó entonces que el “Comité rifeño” disponía de 500 guardias que estaban equipados con 2.000 ametralladoras, y 7.000 fusiles y pistolas.
Según se desprende de las misivas de Abdelkrim y de otros documentos, el caudillo rifeño desconfiaba no solo del nuevo Ejército marroquí, sino también del “Ejército de Liberación” en el que se agrupaban un buen número de guerrillas antifrancesas, porque para Abdelkrim estaba “contaminado” por el Partido Istiqlal (PI), una organización hacia la que los rifeños siempre sintieron desconfianza.
Abdelkrim consideraba que el Istiqlal pretendía monopolizar la escena política del Marruecos independiente y continuar las políticas “colonialistas” de Francia, y no había diferencia entre sus objetivos y los de la monarquía alauí.
Aunque no existe entre los historiadores consenso sobre si Abdelkrim llegó a reconocer a la monarquía alauí o prefería una república, Wazzani manifestó en su momento que el líder rifeño era partidario de una monarquía constitucional.
Sin embargo, si esta era imposible, el hijo de Abdelkrim, Abdesalam, estaba listo para encabezar un levantamiento revolucionario que condujera a una república marroquí con Abdelkrim como presidente, siempre según Wazzani.
El final de la historia es conocido: ganó la monarquía pactada con Francia y el Istiqlal terminó integrándose en el nuevo sistema.
Abdelkrim no logró ninguno de sus objetivos y terminó su vida en el exilio, sin regresar nunca a Marruecos. Decía que solo volvería cuando el país estuviera totalmente libre de sus ocupantes extranjeros.