La portada de mañana
Acceder
Los excesos y los asesinatos de Minneapolis exhiben la debilidad de Trump
La guerra no la perdimos todos: el 'asalto' al consenso histórico como estrategia
'¿Cómo hemos llegado a esto?', por Rosa María Artal

Cómo es comer en el restaurante más antiguo de Badajoz con vistas a la muralla más larga de Europa

Badajoz, muchas veces fuera del radar turístico más habitual, guarda entre sus calles uno de los secretos mejor conservados de la gastronomía tradicional española.

Hablamos de La Corchuela, el restaurante más antiguo de la ciudad, que lleva desde 1827 sirviendo tapas y platos caseros a locales y visitantes.

Su historia es también la historia de Badajoz, ciudad que presume de la muralla más larga de Europa, la imponente Alcazaba, y que en los últimos años ha sabido reivindicarse como un destino donde el buen comer y el patrimonio van de la mano.

Ubicado a escasos metros de la Plaza de España, epicentro histórico y social de la ciudad, este mesón sigue siendo uno de esos lugares donde sentarse a la mesa es, más que una experiencia gastronómica, una declaración de amor por lo auténtico.

Una taberna con 200 años de historia

El origen de La Corchuela se remonta al siglo XIX, cuando la familia Jiménez Grajera, procedente de la localidad de Olivenza, abrió un pequeño establecimiento en la parte trasera de su vivienda.

Lo que empezó como una tienda de ultramarinos fue convirtiéndose, con el paso de los años, en una taberna de referencia en Badajoz. Desde entonces, han pasado ya casi dos siglos y varias generaciones al frente de un negocio que ha sabido mantener su esencia.

Sus paredes de ladrillo caravista, decoradas con fotografías antiguas, ristras de ajos, jamones colgantes y una caja registradora centenaria, convierten el local en un rincón lleno de historia.

Pero lo mejor está en su barra: caña bien tirada, tapas generosas y productos de la tierra servidos sin pretensiones, con el sabor de siempre.

Churros, jamón y cocina de mercado: lo mejor de Extremadura en el plato

Desde el desayuno hasta la cena, La Corchuela ofrece una carta cargada de sabor local. Aquí los churros tienen apellido propio, las tapas se sirven sin coste con cada consumición y los productos —procedentes en su mayoría de Jerez de los Caballeros— garantizan una calidad que no pasa desapercibida.

Sus especialidades incluyen embutidos ibéricos, quesos de la región, carnes de cerdo y guisos tradicionales, todo a precios asequibles que invitan a repetir. Si se desea una ración extra, la relación calidad-cantidad-precio es difícil de igualar.

En una época de menús gourmet y platos minimalistas, este local recuerda que la cocina sencilla, bien hecha y sin artificios, sigue siendo imbatible.

Vistas, patrimonio y ambiente local

A diferencia de otros bares históricos que viven de la nostalgia, La Corchuela forma parte activa del día a día de la ciudad. Desde su terraza exterior, se disfruta de un ambiente animado, especialmente al anochecer, cuando el calor afloja y Badajoz se muestra en todo su esplendor.

Muy cerca se encuentran la Catedral de San Juan, el Palacio Municipal y el acceso a la Alcazaba, cuya muralla de más de seis kilómetros domina el paisaje urbano. No es de extrañar que turistas y vecinos elijan este punto como lugar de encuentro y arranque para explorar la ciudad.

Comer bien en la ciudad de la muralla eterna

Badajoz sorprende. No solo por su legado árabe, sus edificios barrocos o su carácter fronterizo, sino por lugares como La Corchuela, donde se puede saborear la historia sin artificios.

Comer aquí es detenerse en el tiempo, escuchar las conversaciones de los habituales, admirar la autenticidad de sus rincones y brindar con una copa de vino por la cocina extremeña más honesta.

Si estás de paso por la ciudad, no lo dudes: si quieres conocer Badajoz, empieza por su bar más antiguo. Porque, a veces, el mejor viaje comienza con una tapa y una caña.