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Nada de escapadas románticas por San Valentín: cinco ciudades que son perfectas para un viaje de amigos

Roberto Ruiz

13 de febrero de 2026 22:00 h

Si cada febrero sientes que el mundo se llena de corazones, cenas a la luz de las velas y menús cerrados para dos, quizá este año toque cambiar de aires. No todo el mundo quiere celebrar San Valentín con flores y brindis románticos, ni mucho menos, y a veces lo que más apetece es justo lo contrario: elegir un destino, un grupo de amigos y un plan que no tenga nada de empalagoso.

Cuando hay confianza, viajar con amigos siempre resulta un plan divertido. Hay risas, una amplia variedad de planes, flexibilidad y ganas de pasar buenos ratos que recordar a lo largo del tiempo. Se puede dedicar la mañana a una visita cultural, alargar la comida sin prisas, terminar el día en un bar con música en directo o cambiar el rumbo si surge algo interesante. El resultado suele ser un fin de semana variado, con experiencias compartidas que encajan bien cuando lo que se busca es salir de la rutina y hacer algo diferente en grupo.

Por eso hemos reunido cinco ciudades que funcionan especialmente bien en grupo. Berlín, Budapest, Ámsterdam y Dublín combinan historia, cultura y una vida nocturna que huye de los romanticismos forzados. Y, para quienes prefieren quedarse más cerca, Bilbao ofrece gastronomía y planes urbanos de sobra para un fin de semana redondo. Cinco destinos con carácter propio para celebrar la amistad.

Berlín: libertad, historia y vida nocturna

Berlín es una opción clara si el plan es viajar sin ataduras y con margen para improvisar. La capital alemana combina monumentos imprescindibles (Puerta de Brandeburgo, Reichstag, restos del Muro, etc) con barrios que marcan su carácter actual, como Kreuzberg o Friedrichshain. En un fin de semana se puede pasear por la East Side Gallery, elegir un museo en la Isla de los Museos o recorrer mercados y parques como Mauerpark. Es una ciudad cómoda para organizar una agenda variada sin grandes desplazamientos.

Por la noche, el ambiente cambia y ahí es donde Berlín encaja especialmente bien en un viaje con amigos. Bares alternativos, espacios como RAW-Gelände y clubes de música electrónica permiten alargar la jornada sin horarios fijos. Se puede empezar con una currywurst, seguir con cervezas artesanas y decidir sobre la marcha dónde acabar. También hay planes diferentes en Berlín, como visitar búnkeres subterráneos o pasear por Tempelhofer Feld, el antiguo aeropuerto convertido en parque. Aquí cada grupo marca su propio ritmo.

Budapest: balnearios, ruin bars y vistas al Danubio

Budapest combina patrimonio monumental y precios razonables, algo que siempre ayuda cuando se viaja en grupo. El Parlamento, el Castillo de Buda o las vistas desde el Bastión de los Pescadores forman parte de cualquier primera visita, pero la ciudad va más allá de sus postales. Es fácil moverse en transporte público y organizar un fin de semana equilibrado entre cultura y ocio.

Uno de sus grandes atractivos para un viaje con amigos son los balnearios históricos, como Széchenyi, donde pasar unas horas entre piscinas termales exteriores incluso en invierno. A partir de ahí, la experiencia continúa en los ruin bars, antiguos edificios reconvertidos en bares con decoración ecléctica y ambiente relajado, como Szimpla Kert o Csendes. Se puede completar el plan con una ruta cervecera, una cena de cocina húngara en el Mercado Central o un paseo en barco por el Danubio al atardecer. Relax y fiesta en la misma escapada.

Ámsterdam: canales, bicis y barrios con personalidad

Ámsterdam es manejable, dinámica y fácil de recorrer en grupo. Sus canales, el centro histórico y plazas como Dam o Rembrandtplein permiten organizar rutas a pie sin complicarse mucho. En 48 horas se pueden combinar visitas culturales, como el Museo Van Gogh o el Rijksmuseum, con paseos tranquilos por el Vondelpark o el mercado de flores.

Más allá de los iconos, la ciudad ofrece barrios con ambiente propio, como De Pijp, bohemio y multicultural, o los antiguos muelles del Este, donde encontrar mercados locales, cervezas artesanas y propuestas gastronómicas variadas. La bici es una buena aliada para moverse con libertad y descubrir zonas menos turísticas. Por la noche, Leidseplein o el propio entorno de Rembrandtplein concentran bares y salas con música en directo. Ámsterdam suele ser una apuesta segura porque permite alternar cultura, ocio y calle aunque llegues sin ningún plan concreto. 

Dublín: pubs, música en directo y mucho ambiente

Dublín, capital de la República de Irlanda, es compacta y se recorre a pie, algo que facilita cualquier escapada corta. Trinity College, la Catedral de San Patricio, el Castillo de Dublín o la cárcel de Kilmainham ayudan a entender su historia, mientras calles como O’Connell Street o el puente Ha’Penny marcan algunos de los hitos imprescindibles del centro. Es una ciudad cómoda para ver mucho en dos o tres días.

Pero el verdadero punto fuerte para viajar con amigos está en sus pubs. Temple Bar es el epicentro más conocido (y concurrido), aunque hay ambiente por toda la ciudad. Entrar en un bar y encontrarse con música tradicional en directo forma parte de la experiencia. A eso se suma la visita a la Guinness Storehouse o a alguna destilería de whisky, además de platos como el irish stew o el clásico fish & chips. Aquí el plan en grupo es sencillo, solo hay que caminar, entrar en un pub, escuchar música y repetir las veces necesarias.

Bilbao: gastronomía y cultura a tiro de piedra

No hace falta irse muy lejos para disfrutar de un gran fin de semana entre amigos. Bilbao es compacta, fácil de recorrer y tiene un poderoso atractivo gastronómico que la convierte en un valor seguro. El Museo Guggenheim es parada obligatoria, igual que un paseo por la ría o por el Casco Viejo, donde tradición y propuestas actuales conviven en pocas calles.

La escapada se organiza sin darle muchas vueltas. Puedes combinar pintxos en las Siete Calles con una visita al Mercado de la Ribera, subir en funicular a Artxanda para ver la ciudad desde arriba y pasar una tarde de bares en Poza o en el propio Casco. También hay espacio para la cultura en Azkuna Zentroa (Alhóndiga Bilbao) o para explorar zonas como Bilbao La Vieja. Aquí el plan combina buena comida, ambiente local y distancias cortas, lo que facilita exprimir el fin de semana sin terminar discutiendo con el resto del grupo sobre dónde ir en cada momento.