Murallas medievales con vistas al Cantábrico y patrimonio histórico en esta villa con una oferta gastronómica única

La villa de Castro Urdiales, en el litoral oriental de Cantabria, es una localidad abierta directamente al mar Cantábrico y próxima al límite con el País Vasco. Su desarrollo urbano ha estado condicionado por esa posición costera y por su función histórica como enclave portuario: Castro Urdiales reúne, en un entorno costero accesible, restos de murallas del siglo XI, un templo gótico levantado entre los siglos XIII y XV y declarado Bien de Interés Cultural, una fortificación medieval transformada en faro en el siglo XIX y una ermita del siglo XX construida sobre estructuras anteriores.

Este conjunto, organizado en torno al puerto y al frente marítimo, resume la evolución histórica de una villa cuya identidad se ha definido por la defensa, la religión y la navegación. El casco antiguo, conocido como Puebla Vieja, fue declarado conjunto histórico-artístico en 1978 por la relevancia de sus bienes monumentales. En este ámbito se conservan vestigios de murallas medievales que, según la documentación municipal, se remontan al siglo XI y formaban parte del sistema de protección de la villa. Estos restos defensivos delimitaban el núcleo original y evidencian el carácter estratégico de la localidad en la Edad Media.

Patrimonio histórico de Castro Urdiales

El recinto histórico conserva trazas de las antiguas murallas que protegían la Puebla Vieja. Aunque el perímetro no se mantiene íntegro, diversos fragmentos integrados en el entramado urbano permiten identificar el antiguo sistema defensivo. Estas estructuras, levantadas en época medieval, respondían a la necesidad de salvaguardar un puerto con actividad marítima y comercial en un contexto de inestabilidad y conflictos en la costa.

En el extremo del casco histórico, sobre un islote rocoso unido al puerto por un puente de piedra, se sitúa el principal conjunto monumental de la villa. La iglesia de Santa María de la Asunción fue construida entre los siglos XIII y XV bajo la protección del rey Alfonso VIII de Castilla. Está considerada uno de los ejemplos más representativos del gótico clásico en Cantabria y fue declarada Bien de Interés Cultural en 1931.

Junto al templo se levanta el castillo de Santa Ana, una fortificación construida entre los siglos XIII y XIV que formaba parte del sistema defensivo medieval. Es uno de los castillos conservados en Cantabria y desempeñó una función clave en la protección del puerto. En 1853 se instaló en su interior un faro destinado a la señalización marítima. Esta incorporación añadió un uso vinculado a la navegación a una estructura concebida originalmente con finalidad militar.

El puente medieval conecta el centro urbano con el islote donde se encuentran la iglesia y el castillo-faro. Se trata de una construcción de piedra de un solo arco que permite el acceso directo desde el puerto. Esta infraestructura ha sido un elemento esencial en la articulación del conjunto monumental y en la comunicación entre el espacio urbano y el enclave defensivo.

En el mismo ámbito se sitúa la ermita de Santa Ana, levantada sobre el Canto de Santa Ana, una formación rocosa junto a la línea de costa. El edificio actual, de planta rectangular y diseño sencillo, data de 1941, aunque fue construido sobre restos de edificaciones anteriores. Su emplazamiento frente al mar completa el conjunto monumental y refuerza la relación entre arquitectura y paisaje costero.

El patrimonio de Castro Urdiales se amplía con otros elementos religiosos, urbanos y arqueológicos incluidos en la declaración como conjunto histórico-artístico. Entre ellos figuran restos medievales distribuidos por el casco antiguo y testimonios de ocupación romana, ya que en este territorio se asentó la colonia de Flaviobriga en el siglo I d.C. Esta continuidad histórica permite identificar diferentes etapas de desarrollo en un espacio concentrado.

La vinculación con el mar ha condicionado la trayectoria económica y social de la villa. El puerto ha sido históricamente un eje de actividad pesquera y comercial. Esta relación se refleja también en la gastronomía local, basada en productos del Cantábrico. En los establecimientos del municipio son habituales las preparaciones con pescado y marisco, así como las conservas que forman parte de la tradición culinaria de la zona.

Todo ello sin abandonar el centro de la localidad, donde se concentra un conjunto patrimonial que integra arquitectura religiosa, restos defensivos y construcciones vinculadas a la navegación, configurando una de las imágenes más reconocibles de la costa cántabra.