A nadie le amarga un dulce, por Asia: los 5 postres más queridos en todo Afganistán

Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Afganistán juega en otra liga. Su historia culinaria, atravesada por siglos de rutas comerciales, influencias persas y una fuerte cultura del hogar, explica por qué los postres afganos son aromáticos, delicados y profundamente simbólicos. Aquí lo dulce se asocia a visitas, fiestas y gestos de respeto, y estos cinco clásicos lo demuestran.

En este recorrido por la repostería afgana asoman nombres que cualquier viajero ha escuchado —o probado—: el sheer khurma, los bolani dulces o el firni, postres que no se entienden sin su contexto. Afganistán puede dividirse por regiones o tradiciones locales, pero hay algo que lo mantiene unido: su manera pausada y generosa de ofrecer algo dulce al final.

1. Sheer khurma

El postre festivo por excelencia. Se trata de una preparación cremosa a base de leche, fideos finos, dátiles, frutos secos y especias. Es inseparable de celebraciones importantes y momentos familiares.

2. Firni

Una crema suave elaborada con leche, harina de arroz y azúcar, aromatizada con cardamomo y agua de rosas. Se sirve fría y es uno de los postres más habituales en casas y reuniones.

3. Jelabi (jalebi afgano)

Espirales fritas bañadas en almíbar, crujientes por fuera y pegajosas por dentro. Muy populares en fiestas y celebraciones, suelen servirse junto a té.

4. Bolani dulce

Aunque el bolani suele ser salado, existe una versión dulce rellena de calabaza o patata endulzada. Se fríe y se sirve como postre sencillo, especialmente en el ámbito doméstico.

5. Kulcha afgana

Pan dulce especiado, a veces relleno de frutos secos o aromatizado con semillas. Se consume como postre o acompañando el té y forma parte de la repostería cotidiana.

Afganistán demuestra que el postre es, ante todo, un gesto. Sus dulces hablan de respeto, de tiempo compartido y de una cocina donde ofrecer algo dulce es una forma de cuidado. A veces, entender un país empieza simplemente aceptando el té y el postre que te ponen delante.