A nadie le amarga un dulce, por Asia: los 5 postres más queridos en todo Indonesia
Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Indonesia juega en otra liga. Su historia culinaria, marcada por la diversidad de islas, climas y culturas, explica por qué los postres indonesios están tan ligados al arroz, el coco y el azúcar de palma. Aquí el dulce es cotidiano, poco pretencioso y profundamente ligado a la calle y al desayuno.
En este recorrido por la repostería indonesia asoman nombres que cualquier viajero ha visto —o probado—: el klepon, el martabak manis o el onde-onde, dulces que no se entienden sin su contexto local. Indonesia puede dividirse en miles de islas, pero hay algo que la mantiene unida: su manera directa de disfrutar lo dulce sin convertirlo en espectáculo.
1. Klepon
Pequeñas bolitas de arroz glutinoso rellenas de azúcar de palma líquida y cubiertas de coco rallado. Al morderlas, el interior se derrama, lo que las convierte en uno de los dulces más reconocibles del país. Son habituales en mercados y puestos callejeros.
2. Martabak manis
Una especie de torta gruesa y esponjosa, rellena de mantequilla, chocolate, queso o cacahuete. Se comparte y se corta en porciones, y es uno de los dulces nocturnos más populares en ciudades de todo el país.
3. Onde-onde
Bolas fritas de masa de arroz, cubiertas de sésamo y rellenas de pasta de judía dulce. Crujientes por fuera y tiernas por dentro, se venden tanto en mercados tradicionales como en panaderías.
4. Dadar gulung
Crepes verdes aromatizadas con pandan, rellenas de coco rallado y azúcar de palma. Son suaves, fragantes y muy comunes en desayunos y meriendas.
5. Kue lapis
Pastel al vapor elaborado en capas de colores a base de harina de arroz y coco. Su textura gelatinosa y su aspecto llamativo lo convierten en un dulce habitual en celebraciones y reuniones familiares.
Indonesia demuestra que el postre no necesita grandes artificios para ser querido. Sus dulces hablan de mercado, de arroz y de coco, y de una cocina donde lo dulce se integra sin ruido en la vida diaria. A veces, entender un país empieza por algo pequeño, pegajoso y compartido.