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Del Sella al Noguera Pallaresa: diez ríos de España para descender haciendo kayak o rafting

Roberto Ruiz

14 de agosto de 2026 22:04 h

Hay muchas formas de combatir el calor en verano, pero pocas tan refrescantes como meterse directamente en un río. El kayak y el rafting permiten hacerlo mientras descubres paisajes desde una perspectiva diferente y, además, no hace falta ser un experto para probarlos. Hay descensos tranquilos, pensados para disfrutar del entorno y pasar un buen rato, y otros en los que los rápidos ponen un poco más de emoción al recorrido.

En España tienes un poco de todo. Hay ríos de aguas calmadas, perfectos para una primera toma de contacto, y otros con tramos de aguas bravas en los que conviene tener experiencia o contar con un guía. Entre unos y otros encontramos todo un abanico de posibilidades, con recorridos de diferente longitud y dificultad que atraviesan cañones, bosques, paisajes de montaña o valles mediterráneos. Y esa variedad hace que no sea necesario ir siempre al mismo sitio para disfrutar de un buen descenso.

Del Sella asturiano al Noguera Pallaresa de Lleida, pasando por las Hoces del Duratón, el Alto Tajo, el Cabriel o el Gállego, repasamos algunos de los ríos españoles donde este verano puedes cambiar la toalla y la sombrilla por un kayak o una balsa de rafting. Diez propuestas muy diferentes entre sí para disfrutar del agua, hacer algo de deporte y descubrir nuevos paisajes.

Sella, Asturias

Si hay un río que se ha convertido en sinónimo de descenso en piragua en España, ese es el Sella. El recorrido más popular parte de Arriondas y permite llegar hasta Llovio o, en los recorridos más cortos, hasta Toraño. Son trayectos de entre 8 y 15 kilómetros en los que se alternan corrientes suaves, pequeños rápidos y playas fluviales donde hacer una parada.

Es una opción especialmente interesante para quienes se estrenan en este deporte, aunque también tiene un componente festivo que lo hace diferente a otros descensos, ya que en él cada mes de agosto se celebra La Fiesta de las Piraguas, o Descenso Internacional del Sella. Y si buscas una alternativa algo menos concurrida, el río Deva, en el límite entre Asturias y Cantabria, puede ser una buena opción. Sus cerca de 12 kilómetros entre Panes y Unquera incluyen varios rápidos, pero soportan bastante menos afluencia que el Sella.

Noguera Pallaresa, Lleida

En el Pirineo de Lleida encontramos una propuesta muy distinta. El Noguera Pallaresa es uno de los grandes referentes españoles para disfrutar de las aguas bravas y cuenta con unos 60 kilómetros navegables en kayak. Uno de sus tramos más conocidos parte de Llavorsí y recorre unos nueve kilómetros en los que la intensidad aumenta progresivamente, con rápidos como el de Sirga o el salto del Ángel.

También es uno de los ríos más populares para hacer rafting. El recorrido entre Llavorsí y Rialp, de unos 14 kilómetros, concentra algunos de los tramos más emocionantes y permite disfrutar de la experiencia en grupo. Aquí el río pide algo más de atención que en los descensos tranquilos, pero precisamente ahí está buena parte de su atractivo.

Gállego, Huesca

El río Gállego reúne dos ingredientes llenos de aventura. Por un lado, sus aguas permiten practicar rafting y kayak, y por otro, el recorrido discurre bajo las impresionantes paredes rocosas de los Mallos de Riglos. El tramo entre Riglos, Murillo de Gállego y Santa Eulalia es uno de los más conocidos para rafting y cuenta con rápidos de niveles III y IV.

El descenso comienza después de la presa del Pantano de la Peña y supera los 11 kilómetros. Entre sus pasos destaca El Embudo, uno de los puntos que aportan más emoción al recorrido. Es, por tanto, una opción más orientada a quienes buscan aguas bravas que a quienes simplemente quieren pasar unas horas remando tranquilamente.

Cabriel, Valencia y Cuenca

El Cabriel demuestra que no hace falta irse al Pirineo para encontrar un río con opciones tanto de kayak como de rafting. Sus aguas claras atraviesan las Hoces del Cabriel, entre las provincias de Valencia y Cuenca, en un entorno de paredes de roca y vegetación que acompaña todo el descenso. Además, sus tramos más tranquilos lo convierten en una buena alternativa para quienes se acercan por primera vez al rafting.

Para quienes prefieran remar, el río ofrece varios recorridos. Los Cuchillos, el Valle de la Fonseca y las Hoces del Cabriel son los tres tramos navegables comercialmente, dentro de un recorrido de unos 25 kilómetros entre la presa de Contreras y el puente romano de Vadocañas. El tramo estrella de las Hoces se puede recorrer durante gran parte del año.

Alto Tajo, Guadalajara

El Alto Tajo es otra buena muestra de que un descenso en río no tiene por qué significar pasar el día sorteando rápidos. En el entorno de Trillo hay recorridos de diferentes niveles, desde zonas de aguas tranquilas hasta otros tramos con mayor dificultad. Los tramos habituales rondan los siete o diez kilómetros y permiten navegar entre los cañones calizos y los pinares del Parque Natural del Alto Tajo.

En concreto, las actividades pueden comenzar en la presa de Azañón y finalizar en Trillo. Es una opción interesante para quienes quieren iniciarse o mejorar poco a poco, ya que encontramos desde tramos fáciles de clase I-II hasta otros de nivel II-III. Es una opción diferente, alejada de los ríos más populares, donde atravesamos bosques sobre las aguas.

Ulla, Galicia

El Ulla aporta una de las propuestas más variadas del listado. En sus aguas encontramos tanto zonas tranquilas para disfrutar del paisaje como tramos con rápidos, de manera que la experiencia cambia bastante según el recorrido que se elija. En rafting encontramos tramos interesantes, como el que une el puente de Sinde con Herbón.

También hay recorridos más intensos para quienes buscan aguas bravas. En uno de ellos aparece el rápido de El Lapido, mientras que en el cercano río Deza, afluente del Ulla, encontramos pasos de mayor dificultad. Para el visitante que no busca emociones fuertes, en cambio, basta con elegir los tramos más tranquilos y disfrutar del río desde el kayak.

Segura, Murcia

El Segura pone el contrapunto mediterráneo a los grandes ríos del norte. Uno de los recorridos más populares para practicar kayak une Cieza y Blanca, con más de diez kilómetros de navegación y unas tres horas de duración. Las aguas suelen ser tranquilas en verano, por lo que no hace falta enfrentarse a grandes dificultades técnicas para disfrutar de la experiencia.

El paisaje también cambia por completo respecto a los ríos de montaña. El descenso atraviesa el entorno del Valle de Ricote, entre huertas y formaciones rocosas, y permite combinar la actividad deportiva con una forma diferente de descubrir uno de los paisajes más característicos del interior de Murcia.

Hoces del Duratón, Segovia

Aquí tenemos una opción especialmente calmada. Las aguas del Duratón permiten navegar en kayak por un paisaje de paredes rocosas, vegetación y grandes cortados, y la tranquilidad del río hace que sea una actividad apta para todos los niveles. Es uno de esos descensos en los que el paisaje tiene tanto protagonismo como la propia navegación.

Una de las zonas habituales se encuentra entre los puentes de Talcano y Villaseca, en el entorno de Sepúlveda, aunque también hay recorridos próximos al embalse de Burgomillodo. Las travesías pueden durar entre dos y cuatro horas y durante el recorrido es habitual encontrar buitres leonados sobrevolando las hoces.

Genil, Málaga

El Genil demuestra que el rafting y el kayak también tienen su sitio en Andalucía. En la comarca nororiental de Málaga, el caudal regulado por el embalse de Iznájar permite practicar kayak durante buena parte del año y, en verano, los desembalses destinados al riego mantienen niveles adecuados para el descenso.

El tramo más popular une Cuevas de San Marcos y Cuevas Bajas y supera los 14 kilómetros. El recorrido atraviesa un bosque de ribera bien conservado y cuenta con puntos intermedios de descanso. Además, en esta zona se organizan tanto actividades de piragüismo como de rafting, por lo que es una buena opción independientemente de la opción que prefiramos.

Bidasoa, Navarra y Gipuzkoa

El Bidasoa propone un descenso mucho más tranquilo, perfecto para quienes quieren disfrutar del kayak sin que los rápidos sean el principal atractivo. El río nace en Navarra, donde recibe el nombre de Baztán, y para cuando llega a Gipuzkoa ya lleva el nombre de Bidasoa, antes de desembocar en la bahía de Txingudi, entre Hondarribia y Hendaia.

El recorrido más popular tiene unos 10,5 kilómetros y puede hacerse en unas tres horas. Más que buscar emoción, la propuesta consiste en navegar rodeado de naturaleza y descubrir desde el agua este río que, en buena parte de su recorrido final, marca la frontera entre España y Francia.