La villa medieval extremeña con un castillo del siglo XIV y perfecta para una escapada de fin de semana
Olivenza, en la provincia de Badajoz y muy cerca de la frontera con Portugal, es una localidad marcada por esa mezcla entre ambos países. Aunque tiene menos de 12.000 habitantes y se puede recorrer con calma en un par de días, guarda un patrimonio muy interesante entre murallas, plazas, iglesias y calles que todavía reflejan su pasado fronterizo.
Durante varios siglos perteneció a Portugal, hasta que en 1801 pasó a formar parte de España tras la Guerra de las Naranjas. Aun así, esa huella portuguesa sigue muy presente en muchos rincones del pueblo: en la arquitectura, en los detalles decorativos y hasta en el trazado de algunas calles. Con el tiempo, Olivenza quedó integrada plenamente en Extremadura, pero sin perder esa personalidad lusa que la hace diferente.
Gran parte del encanto de Olivenza está en su casco antiguo, declarado Conjunto Histórico-Artístico. Pasear por esta zona es encontrarse con casas blancas, patios interiores, calles empedradas, arcos y restos de las antiguas defensas que recuerdan constantemente su historia junto a la frontera portuguesa. Además, desde 2019 forma parte de la asociación de Los Pueblos Más Bonitos de España, un reconocimiento que ha ayudado a darla a conocer como uno de los destinos con más encanto del interior extremeño.
La visita puede organizarse perfectamente en un fin de semana, ya que la mayoría de los lugares más importantes están bastante cerca entre sí. El castillo, la Torre del Homenaje, las murallas, las puertas medievales, las iglesias de Santa María Magdalena y Santa María del Castillo, la plaza de España o la avenida de Portugal forman un recorrido muy cómodo de hacer a pie.
Un casco amurallado entre el legado portugués y el patrimonio extremeño
Olivenza es, sobre todo, una ciudad marcada por sus murallas. Buena parte de su centro histórico todavía conserva restos defensivos que recuerdan la importancia estratégica que tuvo durante siglos por su cercanía con Portugal. Durante mucho tiempo, esta frontera fue una zona de vigilancia y conflictos, y eso acabó dejando huella en la historia de la localidad.
Uno de los aspectos más curiosos del casco antiguo es su trazado. La antigua Ciudadela de Olivenza fue diseñada con una estructura bastante ordenada, organizada alrededor de dos grandes ejes que cruzaban la villa y conectaban las puertas de entrada. Todo el recinto estaba protegido por murallas y varias torres defensivas que reforzaban la seguridad de la población.
De hecho, el sistema defensivo llegó a contar con 14 torres alrededor del núcleo fortificado. Más allá de servir como protección, las murallas también marcaban la vida cotidiana de la ciudad: delimitaban los accesos, separaban el interior del exterior y organizaban el espacio urbano. Aunque parte de esas estructuras se han perdido con el tiempo, todavía hoy siguen siendo uno de los elementos más característicos del paseo por Olivenza.
Dentro de ese conjunto destaca especialmente el castillo de Olivenza, uno de los símbolos más reconocibles de la localidad. Sus orígenes se relacionan con la Orden del Temple, aunque fueron los monarcas portugueses quienes terminaron de impulsar la gran fortificación que hoy se conserva. En 1334 comenzó la construcción del alcázar dentro del recinto amurallado, consolidando un enclave defensivo clave en la frontera.
Junto al castillo se levanta la Torre del Homenaje, construida a finales del siglo XV por orden de Juan II de Portugal. Con sus 37 metros de altura, se convirtió en una de las torres más destacadas de toda la frontera portuguesa. Además de su función militar, su silueta sigue siendo una de las imágenes más reconocibles de Olivenza.
Hoy en día, el castillo tiene también un importante valor cultural. En su interior se encuentra el Museo Etnográfico González Santana, un espacio dedicado a mostrar cómo era la vida cotidiana en la comarca durante los primeros años del siglo XX. Gracias a este museo, la visita no se centra solo en la historia militar, sino también en las tradiciones, oficios y costumbres de la zona.
La influencia portuguesa también se aprecia claramente en la iglesia de Santa María Magdalena. Construida en la primera mitad del siglo XVI, es uno de los mejores ejemplos del estilo manuelino fuera de Portugal. Su arquitectura y sus detalles decorativos reflejan perfectamente la estrecha relación histórica entre Olivenza y el país vecino. Otro lugar destacado es la iglesia de Santa María del Castillo, situada también en el casco histórico. En su interior conserva un retablo de azulejos portugueses del siglo XVIII considerado una pieza muy singular dentro del patrimonio español.
El paseo puede terminar en la plaza de España y la avenida de Portugal, dos de las zonas más concurridas de Olivenza. Desde allí es fácil perderse entre sus calles blancas y los rincones donde se mezclan las casas tradicionales con edificios históricos. Ese ambiente hace que la localidad sea perfecta para una escapada de fin de semana, especialmente para quienes buscan descubrir un lugar con calma y con una historia en la que España y Portugal siguen muy presentes.