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26 segundos y dos silencios

60 mujeres asesinadas cada año de media y 700.000 maltratadas sólo merecen 26 segundos y 2 silencios en el debate entre los candidatos de los principales partidos

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El debate a cuatro fue seguido por 10,5 millones de espectadores

EFE

Esa fue la respuesta que dedicaron a la violencia de género en el debate entre los cuatro hombres candidatos de los principales partidos a la Presidencia del Gobierno, 26 segundos divididos entre dos "Ps" (Pedro y Pablo), y 2 silencios, uno para cada "R" (Rajoy y Rivera).

60 mujeres asesinadas cada año de media y 700.000 maltratadas sólo merecen 26 segundos y 2 silencios.

Si en España hubiera un grupo terrorista o una organización criminal que todos los años asesinara a 60 personas, no habría otro tema de debate; ni paro, ni deuda, ni déficit, ni impuestos, ni Unión Europea… el único tema sería abordar qué hacer con las circunstancias y el contexto que llevan a esos 60 homicidios anuales. Sin embargo, como hemos visto, el asesinato de 60 mujeres al año y las más de 30 desde la elecciones del 20-D hasta hoy, sólo generan dos respuestas de 26 segundos y dos silencios que se sumaron al silencio histórico sobre el problema.

Al menos el posicionamiento ha sido claro y coherente con lo que la sociedad piensa sobre el problema de la desigualdad y su violencia.  El 99% de la misma sociedad que siguió durante más de dos horas el debate piensa que la violencia de género no es un problema grave (Barómetros del CIS), sin duda una buena razón para entender por qué desde la política se le hace tan poco caso, y por qué algunos incluso pretenden legislar en contra de las medidas específicas para abordarlo.

La política debe actuar

En estos últimos años, la política se ha arrojado en manos de las encuestas para ser una continuidad sin alma de la sociedad en su versión más conservadora en cuanto a valores, y curiosamente lo hace con la voz llena de palabras de cambio. No son cambios, son sólo "recambios", es decir, el cambio de lugar de algunas de las piezas del engranaje, y la reubicación de ciertos elementos con subidas y bajadas, y desplazamientos a la izquierda y a la derecha, pero sin sustituir piezas y elementos ni entrar a fondo en el debate de las ideas. Menos aún en el de los valores que las envuelven, y para nada en el modelo de sociedad y convivencia que debemos desarrollar para que la desigualdad no sea condición y tampoco circunstancia.

Nada de eso se plantea, y en ese tablero quien tiene todas las de ganar son quienes hacen del conservadurismo su bandera, y quienes proponen los cambios más llamativos dentro del sistema de siempre para que en su esencia continúe igual.

No hablar de Igualdad ni de su violencia es hablar de desigualdad y de violencia de género, por eso los dos silencios fueron mucho más explícitos y duraderos que los 26 segundos de palabras. Fueron dos silencios que llevan sonando miles de años, y que en voz de Rajoy y Rivera lo harán cuatro años más.

No es casualidad que esos silencios hayan sido pronunciados por quienes, allá por diciembre de 2011, en lugar de hablar de violencia de género hablaron de violencia familiar cuando se produjeron los primeros homicidios con de Ana Mato de Ministra. Ni que tampoco suene en boca de quienes intentan equiparar la violencia de género a cualquier violencia que ocurra en el seno de las relaciones de pareja o la convivencia, sin tener en cuenta la construcción cultural que lleva a normalizar la violencia contra las mujeres, hasta el punto de que el 44% de las que reconocen sufrir esta violencia no denuncien por considerar que "no es lo suficientemente grave" (Macroencuesta, 2015).

La política tiene la responsabilidad de abordar los problemas de la sociedad, y cuando es la propia cultura la que los invisibiliza y normaliza, como sucede en violencia de género, tiene la doble responsabilidad de concienciar a la gente para que su pasividad no contribuya al problema, y de actuar de forma directa contra la situación social que termina en la violencia y sus homicidios. No actuar ante el problema de la violencia de género no sólo no lo soluciona, sino que contribuye a su perpetuación sobre esa idea de normalidad y sus circunstancias.

El machismo a través de su posmachismo y sus mensajes cargados de aparente neutralidad ( “todas las violencias son importantes”, “los hombres también son maltratados”, “la mayoría de las denuncias por violencia de género son falsas”, “los hombres se suicidan por divorcios abusivos”…) está contribuyendo a la confusión y a aumentar el odio contra las mujeres y contra las políticas de Igualdad, tanto que hasta un representante de la jerarquía de la Iglesia Católica, Monseñor Cañizares, ha llegado a llamar a la desobediencia civil de las leyes de Igualdad.

Si en este contexto la política no se posiciona de forma clara para liderar la transformación social hacia la Igualdad y la erradicación de la violencia de género, ésta continuará. Lo vemos cada día. La política debe saber que la debida diligencia es exigible al Estado y a sus representantes en las diferentes instituciones, y si no responden en consecuencia con la gravedad del problema de la violencia de género serán responsables ante los Tribunales correspondientes. El Gobierno que salga no tiene la opción de actuar o no actuar contra la violencia de género y los machistas, tiene la responsabilidad de hacerlo.

Con 24 mujeres asesinadas de enero a junio de 2016 y 61 a lo largo del año pasado, la respuesta a la pregunta sobre qué harán para cambiar esta realidad no puede ser 26 segundos y 2 silencios. Es, sencillamente, inadmisible.

 

 

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