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Daniel J. García

Daniel J. García López es doctor en Derecho por la Universidad de Almería.

Ha sido becario FPU en esta universidad, e investigador visitante en el Institut für Philosophie de la Humboldt-Universität de Berlín y en el Istituto Italiano di Scienze Umane de Nápoles. Acreditado a profesor contratado doctor (ANECA), su vida laboral transcurre entre el desempleo y la sustitución interina low cost.

Autor del libro “Organicismo silente. Rastros de una metáfora en la ciencia jurídica” (Comares, 2013). Actualmente centra su trabajo en los márgenes de la sexualidad jurídica (transexualidad e intersexualidad) a través de la crítica antinormativa de la teoría queer. Fruto de ello es su reciente libro "Sobre el derecho de los hermafroditas" (Melusina, 2015).

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 42

El sexo y el Tribunal Constitucional alemán

Ciento setenta y nueve años después del nacimiento de Herculine Barbin (8 de noviembre de 1838-febrero de 1868), el 8 de noviembre de este año, fecha conmemorativa del Día por la Solidaridad Intersex, el Tribunal Constitucional de Alemania ha publicado la sentencia de 10 de octubre del presente en el que insta al Estado alemán a reconocer jurídicamente un tercer sexo en el Registro Civil antes del 31 de diciembre de 2018. Lo que aparentemente puede ser considerado una conquista del movimiento intersex, deja muchas zonas de penumbra que me gustaría señalar.

Primero quisiera contextualizar esta sentencia. En el año 2012, el Deutscher Ethikrat, un conjunto de expertos dependiente del Bundestag, elaboró un extenso informe bajo el somero título “Intersexualität. Stellungnahme”. Este comité ético denunció los tratamientos médicos de “normalización” que atentan contra el derecho a la integridad física, el respeto por el género o la identidad sexual o el derecho a la libertad reproductiva, así como propuso una serie de recomendaciones médicas y jurídicas entre las que se encontraban la prohibición de los tratamientos médicos de normalización sin consentimiento o la incorporación de una tercera categoría en la inscripción registral bajo el nombre de “anderes” (otro).

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La pastoral del odio

El pasado 21 de marzo, los obispos de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, y Getafe, Joaquín María López de Andújar Cánovas del Castillo, junto con el auxiliar de este último, José Rico Pavés, emitieron unas reflexiones pastorales tras la aprobación en la Asamblea de Madrid de la Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación. La carta, escrita “con profundo dolor” tras conocer la aprobación de esta ley, califica este hecho de “muy grave e injusto”. Y fundan esta gravedad e injusticia en el derecho natural, aquella doctrina que impuso durante siglos la idea según la cual el derecho creado por el ser humano dependía directamente de la ley de dios. Es por ello que, dicen estos prelados, no puede haber discriminación (de las personas trans e intersexuales) “cuando esa defensa se funda en una comprensión equivocada del ser humano”. De ahí que la única respuesta posible sea el incumplimiento de la ley (“se trata, en esencia, de una ley injusta y, por tanto, a nadie obliga en conciencia”), apelando a una “emergencia cívica de los católicos”.

En primer lugar, los obispos atacan al derecho a la autodeterminación de sexo y género que establece el artículo cuarto. Señalan que se trata de una “expresión ideológica del legislador que choca frontalmente con la antropología cristiana”. Posteriormente, señalan que la diferencia sexual (hombre-mujer) es algo natural procedente de la “teología de la creación”. Para, al final, sentenciar que se trata de una ley que “aboca a un pensamiento totalitario” enmarcado en un “proyecto global planificado, científica y sistemáticamente, contra el orden de la creación y de la redención”.

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Por la visibilidad de las personas intersexuales

En el día por la visibilización de las personas intersexuales (mañana, 26 de octubre), quisiera hacer balance del último año y medio. Porque han sido muchos los logros conseguidos, después de años de lucha, y es hora de que se reconozcan. Podemos situar 6 documentos históricos para la lucha de las personas intersexuales.

El primero, fechado en mayo de 2014 y firmado por la Organización Mundial de la Salud (en colaboración de, entre otros, UNICEF), lleva por título Elimination forced, coercive and otherwise involuntary sterilization : “Las personas intersexuales, especialmente, han sido objeto de cirugías cosméticas e innecesarias (médicamente) en la infancia, lo que lleva a la esterilidad, sin su consentimiento informado o el de sus padres o tutores. Estas prácticas han sido reconocidas como violaciones de los derechos humanos por organismos internacionales y tribunales nacionales […]. Las personas intersexuales son sometidas involuntariamente a la llamada normalización sexual u otros procedimientos durante la infancia y la adolescencia, llegando, en algunos casos, a la eliminación de su capacidad reproductiva. Niños que nacen con características sexuales atípicas son sometidos a cirugías cosméticas y otros tratamientos innecesarios médicamente sobre sus órganos reproducctivos, sin su consentimiento informado o el de sus padres, y sin tener en consideración el punto de vista del menor. Como resultado, estos niños están siendo sometidos a intervenciones irreversibles que tienen consecuencias de por vida sobre su salud física y mental”.

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Joseph K. es inocente: por el fin de las violaciones de derechos de las personas intersexuales en el deporte

El 19 de agosto de 2009 una atleta fue noticia. Su récord se tradujo en una marca representada por números, pero también en forma de proceso judicial. En el Campeonato Mundial de Atletismo que se celebraba aquel verano en Berlín, la identidad sexual de Mogkadi Caster Semenya (Sudáfrica, 1991) fue puesta en duda. Como nos diría aquel avisador de fuego que fue Franz Kafka, alguien debió de haber calumniado a Caster S. porque, sin que hubiese hecho nada malo, esa mañana su identidad fue arrestada.

La Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo se encontró ante un dilema: si Caster Semenya era un hombre, su medalla de oro era ilegal; si, en cambio, era intersexual, ¿qué hacer? ¿Retirar la medalla, conservarla, permitirle seguir compitiendo como mujer o prohibírselo? En 1999, el Comité Olímpico Internacional había eliminado los “controles de sexo”, práctica vejatoria, degradante y humillante a la que hacían someterse a deportistas (en los juegos de Pekín, en 2008, se volvieron a utilizar para aquellas personas “sospechosas” de ser hombres compitiendo con mujeres), por lo que la polémica estaba abierta. El laberinto procesal al que sometieron a Caster S., durante once meses, acabó en julio de 2010 con una sentencia absolutoria (aunque, como en “El Proceso” de Kafka, solo aparente: ¿qué sponsor querría ahora financiar su carrera deportiva?): poseía testículos internos, careciendo de útero y ovarios, pero podría seguir compitiendo como mujer. Caster Semenya era intersexual. Otras, en cambio, no tuvieron la misma suerte: a Shanti Soundarajan (India, 1981) le fue retirada la medalla de plata; a la mejor vallista española, María Patiño, le prohibieron incluso entrenar, retirándole su licencia para competir. Recientemente, hace escasas semanas, la FIFA redactó una normativa para obligar a las jugadoras de la  Copa Mundial Femenina de Fútbol a someterse a un test que verifique que son mujeres.

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Una pequeña isla hace historia: Malta prohíbe la mutilación genital de personas intersexuales

“Tortura. Estos niños son sometidos a operaciones quirúrgicas sin su consentimiento. Las personas intersexuales no están enfermas, pero la llamada medicina racional viene tras estos niños con cuchillos en sus manos”. De esta forma tan gráfica Surina Khan ( International Gay and Lesbian Human Rights Commision) introducía a Cheryl Chase con ocasión del premio que recibió en el año 2000 por su lucha contra la mutilación de personas intersexuales. Porque en una sociedad interfóbica, la  mutilación genital (IGM: Intersex Genital Mutilations) se ha convertido en un ritual iniciático a la heterosexualidad a través de la tortura: la variabilidad sexual es traducida en ambigüedad genital a causa de errores de desarrollo corregibles por medio de intervenciones quirúrgicas ( Optimum Gender of Rearing: cirugía de normalización sexual) y hormonales. El cuerpo es así ajustado a la norma.

No obstante, como señalara Kessler ( Lessons from Intersexed), lo que para la medicina es deformidad en el ámbito pre-quirúrgico, y creación a través de la intervención y genitales corregidos en el momento posterior a la cirugía, para la persona intersexual son genitales intactos en el ámbito pre-quirúrgico, destrucción a través de la intervención y genitales mutilados y artificiales en el momento posterior a la cirugía. Todo ello amparado por un sistema jurídico que obliga a vivir conforme a uno de los dos únicos sexos: hombre o mujer.

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Cirugía de normalización intersexual como crimen contra la humanidad

En el invierno parisino de 1868, el cuerpo de Abel Barbin fue encontrado sin vida en su habitación. Junto a su cama reposaban sus memorias. El inicio ya presagiaba el suicidio al que se vio obligado a someterse: «tengo veinticinco años y, aunque todavía joven, me aproximo, sin dudarlo, al término fatal de mi existencia». Gracias a Michel Foucault hoy conocemos la historia de Adélaide Herculine Barbin, llamada Alexina B. (1838-1868), que murió con el nombre, impuesto su sexo por una sentencia judicial, de Abel (la Editorial Talasa publicó en 1985/2007 las memorias traducidas, en edición preparada por Antonio Serrano y prólogo de José Ignacio Lacasta Zabalza).

El 8 de noviembre se conmemora el nacimiento de Herculine Barbin. Este es el motivo por el que se ha propuesto como el Día de la Solidaridad Intersexual, en recuerdo de Herculine y de tantos hermafroditas/intersexuales/Disorders of Sex Development que la historia ha quemado vivos (era común sentenciarlos a muerte en la hoguera para purificar sus almas de una carne pecaminosa, de un delito nefando contra natura), marginado, estigmatizado o mutilado para justificar así la ficción del dimorfismo sexual, por la cual la sociedad se estructura exclusivamente en hombres y mujeres.

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La Princesa que no merece ser llorada: biopolítica migratoria

Leonor de Borbón y Ortiz fue proclamada Princesa de Asturias el pasado 19 de junio con ocasión del nombramiento de su padre como Jefe del Estado. Madrid se engalanó para la ocasión. Las calles (por las que discurrió la comitiva) fueron limpiadas a conciencia y embellecidas. El pueblo –escaso, eso sí– salió a recibir al nuevo monarca. La plaza de Oriente acogió la presentación de la familia real. Leonor, con una pose digna de su clase, saludaba sobria a sus súbditos. Su status social, futura reina de la monarquía parlamentaria española (un trabajo con una buena remuneración y ante el que no deberá preocuparse de períodos de desempleo), le hará visitar las mejores instituciones académicas internacionales. Leonor de Borbón y Ortiz es una vida que merece, sin duda, ser vivida.

Pero en estos días de agosto, Leonor comparte su título con otra persona. El duodécimo día de este mes desembarcó en la costa de Tarifa una patera –una irónica y mortal zodiac de juguete– en la que se encontraba otra niña, de diez meses de edad. No tiene nombre, al menos no se le conoce. El personal de Cruz Roja la llama simplemente Princesa. Llegó a Europa sin sus padres, tiritando y con fiebre desde no se sabe qué lugar del continente africano. Sus padres se quedaron retenidos por la policía en Marruecos –ese Estado que tanto gusta visitar al abuelo y al padre de Leonor, y cuya democracia brilla por su ausencia.

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El derecho ante la transexualidad: una propuesta andaluza

El pasado viernes 16 de mayo se realizaron las comparecencias públicas en la Comisión de Igualdad, Salud y Políticas Sociales del Parlamento de Andalucía relativas a la proposición de ley integral para la no discriminación por motivos de identidad de género y reconocimiento de los derechos de las personas transexuales en Andalucía. Inicialmente fui propuesto para participar. Sin embargo, desconozco las razones -aunque las intuyo- por las que una mayoría parlamentaria ha decidido excluirme. Supongo que públicamente no está bien visto que un profesor de universidad sustituto que cobra, como único sustento, 270€ mensuales tenga una opinión formada sobre el asunto. Qué mejor que invitar a algunas personas que no poseen ninguna credencial, ninguna publicación o que, incluso, han torpedeado y boicoteado la lucha trans hasta el punto que siguen manteniendo la patologización. Ni siquiera han contado con la única asociación de padres y madres de menores transexuales ( Chrysallis). En las siguientes líneas quisiera presentar algunas de las notas con las que pretendía intervenir en el debate.

El 15 de marzo de 2007, las Cortes Generales aprobaron la Ley reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas. No se trata de una ley integral, sino de una reforma registral para rellenar un vacío legal. Nada se dice en ella sobre la financiación por la Seguridad Social de los tratamientos a los que se somete la persona transexual, tampoco aborda la situación en centros penitenciarios, ni asume medidas de carácter social y antidiscriminatorias. Su finalidad es proceder al cambio registral. No se habla de cambio de sexo. Este, de acuerdo con la jurisprudencia de los años 80, es inmutable. Lo que cambia es el género. Se cambia hacia un género verdadero, aquel diagnosticado por el experto en medicina y el experto en psicología. Por decirlo con otras palabras, con esta ley lo que se hace es conservar, proteger e inmunizar el sistema jurídico que impone la dualidad de sexos: el transexual debe adaptar su morfología física, psicológica y social a uno de los dos únicos sexos.

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Sexo indeterminado y mutilación genital de intersexuales

En noviembre de 2013, el gobierno alemán ha decidido incorporar a su ordenamiento jurídico la categoría sexo indeterminado, copiando la fórmula ya operativa en Australia (indeterminate sex). De esta forma, los progenitores de recién nacidos con ambigüedad genital podrán inscribirlos en el registro civil correspondiente en una de las ahora tres categorías posibles: masculino, femenino o indeterminado (X). Lo que aparentemente supone un reconocimiento jurídico del colectivo intersexual (ahora denominado, no sin cierta polémica, Disorders of Sex Development, más popularmente conocidos como hermafroditas: se estima que en Alemania la población intersexual oscila entre 85.000 y 100.000 personas), esconde una realidad difícil de asumir. Quisiera resaltar estas zonas oscuras que el derecho ampara, conserva e inmuniza.

En primer lugar, hablar de sexo indeterminado presupone la existencia de un sexo determinado. Volvemos a las polarizaciones, a las dicotomías, a los dualismos que tanto sufrimiento han generado a lo largo de la historia. Debemos entender que el sexo determinado es aquel que se configura dentro de los márgenes de la normalidad masculina o femenina. De ahí que quede relegado como indeterminado aquel que no encaje dentro de dicha norma. Tenemos aquí la diferencia entre lo normal (nacer con sexo determinado: varón o hembra) y lo anormal (nacer con sexo indeterminado). Ello mantiene la creencia en la naturalidad de la dualidad: se presupone que biológicamente se nace hombre o se nace mujer. Se olvida la historicidad de estos conceptos, así como la multiplicidad de posibilidades de la sexualidad (cromosómicas, hormonales, gonadales, etc.). La pretendida realidad biológica -desmentida incluso por la propia biomedicina- sobre la que se asienta la dualidad y por la que se justifica la exclusión es ficticia. Asimismo, el sujeto legitimado para clasificar al recién nacido en una de las tres categorías sigue siendo el experto. Es el equipo médico el que determina la inscripción registral de aquellos nacidos con ambigüedad genital y con posterioridad a la entrada en vigor de la ley -por lo que, en principio y a falta de interpretación jurisprudencial, las personas nacidas en fechas anteriores al 1 de noviembre de 2013 no se pueden acoger al cambio registral-, lo que a la postre significa que aquellos neonatos inscritos como X lo son por un informe elaborado por el equipo médico que los sitúa en la anormalidad.

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