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Ricardo Antón

Ricardo AMASTÉ es habitante de ColaBoraBora, miembro de Kultura Abierta, des-artista, entre Eskorbuto y Bob Esponja, anarquista-comunitarista desestructurado, apocalíptico y adaptado, incoherente militante del procomún, el feminismo y el decrecimeinto, siempre en proceso a la deriva.

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Una huelga que desencadena una oportunidad

Tras más de un mes de huelga en el Museo de Bellas Artes de Bilbao parece que no hay vías de solución del conflicto. Frente a la incapacidad e inmovilismo institucional, las trabajadoras responden con movilizaciones llenas de creatividad ética y estética. La mecha ya está prendiendo en el Museo Guggenheim. ¿Será el momento de que se desencadene una oportunidad de transformación en común?

Las trabajadoras subcontratadas que atienden al público en el Museo de Bellas Artes de Bilbao llevan más de un mes en huelga reclamando unas condiciones laborales justas. Las 'cuidators' ­ como acertadamente ha denominado el artista Dario Urzay a estas minusvaloradas trabajadoras del sistema del arte­, sólo reclaman algo, que aunque cada vez más, parece un excéntrico lujo, no es más que un simple derecho: una condiciones contractuales laborales menos precarias. Pero al grito de ¡STOP PRECARIEDAD! realmente reclaman algo que va mucho más allá. Reclaman respeto y dignidad. Por eso, su huelga, debería ser nuestra huelga. Porque la dignidad nos la están queriendo arrebatar a todas.

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Brindemos por las apasionantes y agotadoras confluencias

A finales de 2014 publicaba en este mismo medio el texto 'Todas somos necesarias', donde expresaba el deseo, la conveniencia, de sumar energías en una apuesta común por el cambio en las formas de hacer y gestionar la política.

Y así ha sido. Con el inicio del año, en todo el estado se han abierto un montón de procesos de negociación entre distintas fuerzas políticas, en todos ellos poniendo por delante el interés de la ciudadanía. En este sentido, no hace mucho, Isaac Rosa escribía también en eldiario, una brillante columna en la que decía: “Cada vez que un dirigente dice 'unidad popular', Dios mata otro gatito confluyente, y esto ya huele a masacre”. Todo proceso de 'nueva política' que se precie ha tenido que vivir en sus carnes una de estas negociaciones. Confluir ha sido trending topic. Yo mismo he formado parte activa de uno de esos procesos, ibaiZabal, que para cuando se publique esto, espero haya rematado ya sus flecos, para que de las aguas de la ría emerja una nueva (y definitiva) plataforma ciudadana para el Ayuntamiento de Bilbao.

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Todas somos necesarias

2014 ha sido el año en el que han cristalizado las propuestas de algunos sectores post15M, que pensaban que las posibilidades de consecución de cambios sustanciales desde la ciudadanía y los movimientos sociales estaban tocando techo y que era necesario recurrir a la vieja política, a la forma partido, como herramienta para ganar el poder e intervenir desde dentro. Así, con un primer foco en las europeas pero mirando al Congreso, surgieron el PartidoX y Podemos. A la vez, pensando en los ámbitos más cercanos de gestión de la política, apareció Guanyem.

Y la realidad es que el escenario político se ha tambaleado. Un partido aún sin forma del todo definida es la primera fuerza política en intención de voto. De las asambleas en las plazas, de las mareas, de los intentos de parar desahucios, de las denuncias de los casos de corrupción, se ha pasado (sin abandonar lo anterior) a pretender asaltar el cielo o poner las bases para un nuevo municipalismo. Casi sin quererlo, el virus se ha diseminado. Las conversaciones sobre política se dan más que nunca de una forma natural e incluso esperanzada en la vida cotidiana. Y el mapa estatal se ha convertido en una red (aún bastante) desarticulada y descentralizada de círculos locales y temáticos y de réplicas contextualizadas del 'modelo ganemos'.

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¿Qué pensaría Yoko Ono de estar exponiendo en un buque de guerra?

Nunca ha habido demasiadas dudas sobre que el Museo Guggenheim Bilbao, antes que una institución cultural es un instrumento desarrollista, una marca tan global como localista, un emblema comercial, paradigma de una de las últimas mutaciones de la sociedad de mercado: el capitalismo cognitivo. También nos resulta cada vez menos extraño que una institución financiada principalmente con fondos públicos y cuyos fines también deberían serlo, opere bajo formas y lógicas corporativas neoliberales y neocoloniales. Pero aunque todas lo sepamos, el Guggenheim (en connivencia institucional) siempre ha puesto mucho celo en que esto se note lo menos posible, promoviendo su imagen como joya de la corona de la milagrosa transformación urbanística y económica (y por ende social) de Bilbao (y por ende de Euskadi). Por eso, podría parecer también normal que el Museo apenas cuente con departamento curatorial, pero que en cambio si posea una importante maquinaria al servicio del marketing y un potente brazo jurídico. Una manera de producir y proteger su legitimidad hegemonica, que esta no sea cuestionada. A pesar de todo, en ocasiones, escándalos en la gestión o pequeños (grandes) gestos artísticos -desde un arte que aun resiste débilmente a su total instrumentalización y genera, ya no sabemos si anticuerpos o virus-, ponen en jaque a la institución, cuestionando, si no su legitimidad, si sus fundamentos éticos y morales. Y es en estos casos -en los ligados al propio arte- cuando la institución se desenmascara y muestra a las claras lo que es. Un lobo con piel de cordero, una fiera depredadora del propio arte, un soberbio instrumento de softpower que sólo tolera un arte domesticado (del que no importa tanto el contenido como que esté sometido a su lógica, dentro de sus límites, de su control), mero maquillaje chic consensual. Una máquina de guerra simbólica, dispuesta a descargar su fuego real sobre aquello que pretenda desvelar su simulacro.

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Cultumetría: no llores que es por tu bien

'Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo'

Ludwig Wittgenstein citado por David Ruiz

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