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Oviedo, un viaje en el tiempo entre La Regenta y Woody Allen

Situada en el centro geográfico del Principado de Asturias y paso obligado del Camino de Santiago, la capital asturiana hechiza con su gastronomía y su cultura

La ciudad provinciana que tanto criticó Clarín en La Regenta está dejando atrás el rancio olor de sotanas y uniformes para convertirse en uno de los destinos turísticos preferidos por los estadounidenses gracias al cine

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Santa María del Naranco, Oviedo / C. P.

La iglesia de Santa María del Naranco, en Oviedo / C. P.

Oviedo es una ciudad sorprendente. Situada en el centro geográfico del Principado de Asturias y paso obligado del Camino de Santiago, el antiguo bastión del reino astur de Ramiro y de Pelayo desconcierta al viajero porque, bajo la pátina de provincianismo y reminiscencias franquistas en calles y monumentos, se esconde un espíritu levantisco y rebelde que hechiza con su sidra, sus pucheros de fabes y sus quesos, su rica mitología pagana y su cultura cosmopolita.

A partir de un casco viejo peatonal presidido por la majestuosa Catedral y lleno de palacios señoriales y de calles empedradas, la capital asturiana se extiende por un amplio valle y se encarama a los montes más cercanos hasta besar los pies de las iglesias pre-románicas de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, vestigios de un esplendoroso pasado de guerras contra los árabes y únicas en el mundo por su estilo arquitectónico entre el arte visigótico y el románico.

En Oviedo todo es verdor y todo rezuma humedad. La lluvia acompaña casi siempre, incluso en verano, y en cada rincón de la ciudad las fuentes ofrecen agua clara y fresca al caminante. Con este paisaje montañoso cuesta imaginar que a unos pocos quilómetros hacia el norte el Mar Cantábrico nos espera en sorprendentes playas como la de Gulpiyuri y en pueblos como Cudillero, cuna del plato de pobres a base de pescado seco conocido como curadillo, y Llastres, escenario de la exitosa serie televisiva Doctor Mateo.

La ciudad provinciana que tanto criticaba Leopoldo Alas Clarín en La Regenta es ahora una ciudad limpia, monumental, cultural y cosmopolita que no ha dudado en sacrificar en el altar de la modernidad a su lengua propia, el bable, idioma de origen asturleonés con un fuerte carácter rural surgido de la mezcla entre el astur de los colonizados y el latín de los colonizadores. Hoy el bable se habla poco en la calle y, donde se habla, sobre todo en los pueblos del interior, se hace lleno de castellanismos debido a huella dejada durante el siglo XX por la emigración de otras zonas de España a las cuencas mineras asturianas. Sólo una graciosa entonación bastante parecida al gallego y la costumbre de añadir diminutivos a la conversación identifican al asturiano.

A pesar de ser la capital de Asturias, Oviedo es una ciudad pequeña y ocupa el segundo puesto, por detrás de Gijón, en el ranking de población del Principado. En sus calles todavía convive el rancio olor a naftalina de sotanas y de uniformes militares de su pasado con el presente de centro universitario y cultural. El clima tampoco acompaña la mayor parte del año. Después de un largo y desapacible invierno del norte, que sumerge Oviedo en un húmedo letargo, la ciudad revive cuando llega el corto verano y se convierte en parada obligada para el turismo, sobre todo el estadounidense gracias al director de cine Woody Allen y a su película Vicky, Cristina, Barcelona.

La crisis económica ha hecho mucho daño en el tejido social de la ciudad y de su entorno, básicamente industrial y minero; ha disparado los índices de paro y ha obligado a los asturianos más jóvenes a emigrar lejos. Por eso, el maná del turismo es siempre bienvenido y todavía lo es más si la invasión llega con ganas de gastarse los dólares a espuertas. Restaurantes, bares, comercios, hoteles y tabernas disparan los precios hasta cifras sorprendentes para el turista nacional y conseguir una mesa para cenar en el centro se convierte en una gesta casi imposible. Sólo los culines de la sidra espichá nos entretienen durante la espera.

Tienda de chorizos en el casco antiguo de Oviedo / C. P.

Tienda de chorizos en el casco antiguo de Oviedo / C. P.

 

Lo más típico es llegar al casco viejo por la calle Gascona, conocida como la calle de la sidra porque está llena de sidrerías, de terrazas y de bullicio. Esta típica calle desprende un peculiar olor dulzón por la sidra derramada, que se convierte en pegamento para los zapatos que la pisan. El sonido de las gaitas tocando Asturias patria querida guía nuestros pasos hasta llegar a la gran plaza que se abre frente a la catedral y que preside una bonita escultura de Ana Ozores, la protagonista de la novela de Clarín. Sin embargo, antes de llegar a destino es recomendable parar en la panadería que hace esquina entre las calles El Águila y Jovellanos para comerse una buena ración de empanada de cabrales y de bollu preñau a precios muy asequibles.

El decimonónico casco viejo de Oviedo es pequeño y está lleno de iglesias, de plazas recoletas, de palacios ostentosos y de esculturas variopintas que se convierten en un codiciado objeto para fotografiar como recuerdo. No hay que perderse el bonito mercado del Fontán, cuya reconstrucción generó una gran controversia en la ciudad por ser demasiado moderna. Como tampoco hay que perderse las tiendas de productos típicos asturianos, empezando por su famoso chorizo que se cocina, como no podría ser de otra manera, a la sidra. El paseo se completa con una visita al Campo de San Francisco y a la comercial calle Uría, nexo de unión entre la moderna Oviedo y la vieja Vetusta de La Regenta.

El complejo pre-románico de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo es de visita obligada, igual que lo es la iglesia de San Julián de los Prados, a pesar de las interminables colas y del largo y empinado camino que hay que recorrer desde el aparcamiento hasta la entrada. Las vistas sobre el valle y sobre Oviedo son impresionantes y, si la suerte acompaña y brilla el sol, el contraste entre el color claro de la piedra restaurada con esmero, el verde de los prados de alrededor y el azul del cielo hacen saltar las lágrimas de emoción ante tanta belleza. Lo único molesto es el bullicio incesante de los visitantes.

Si nos queda tiempo para una escapada y no nos interesa la playa, Avilés es el lugar indicado. Muy bien conectada con Oviedo gracias a una fantástica autovía, Avilés es industrial, por supuesto. En la margen derecha de la ría, se alza el parque empresarial del Principado de Asturias, conocido popularmente como Pepa. Sin embargo, debido a la fuerte inmigración sufrida durante el siglo XX de otras zonas del norte de España, Avilés también es una ciudad cosmopolita, con mucho dinero y con una intensa vida cultural.

Camino de la plaza de España por la calle de las sidrerías, en Avilés / C. P.

Camino de la plaza de España por la calle de las sidrerías, en Avilés / C. P.

 

Justo enfrente de la Pepa y al otro lado de la ría, la pequeña ciudad se muestra muy hermosa y limpia, y las calles adoquinadas y porticadas del centro histórico son sorprendentes. Lo mejor es aparcar el coche en la avenida del doctor Severo Ochoa para no tener que pagar zona azul y desde allí atravesar la plaza del Carbayedo, llena de sidrerías, hasta la calle Galiana, también llena de sidrerías para variar y de bellísimas casas palaciegas.

Lo más recomendable es dejarse llevar y perderse por sus calles peatonales con un buen mapa de la ciudad. Nuestros pasos nos pueden llevar hasta la gran plaza de España –donde una carabela preside el ayuntamiento– y escoger entre girar a la izquierda y bajar hasta el barrio pescador y el bonito mercado de Abastos por la comercial calle La Cámara o tirar hacia la derecha. En el caso de escoger esta última opción, lo más recomendable es dirigirse hacia el puente de San Sebastián. Justo enfrente y para sorpresa del visitante se yergue el Centro Cultural Internacional Avilés, obra del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer.

El Centro Cultural ideado por Oscar Niemeyer, en Avilés​ / C. P.

El Centro Cultural ideado por el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, en Avilés​ / C. P.

 

El edificio –del típico hormigón armado, formas redondeadas y blanco impoluto marca del artista– contrasta con el fondo industrial y con las famosas cinco chimeneas que presiden el polígono siderúrgico de Avilés creando un sugerente paisaje postnuclear. El Centro Cultural, inaugurado en 2011, es el proyecto más ambicioso del arquitecto brasileño en Europa y por sí solo bien vale una visita. En Asturias nada es lo que parece.

Vueling ofrece vuelos diarios a Oviedo desde Barcelona

 

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