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Los diez mandamientos para no engordar en Navidades sin recurrir al deporte

Con sentido común y cierta conciencia nutricional podemos superar el subidón calórico navideño. 

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Foto: Pixabay

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Navidad y kilos de más casi siempre van de la mano en nuestro subconsciente; es una época de parón relativo de las actividades cotidianas y de excesos con el alcohol, la grasa y los azúcares. En teoría a partir de enero deberemos hacer un sobreesfuerzo para volver al peso normal a base de deporte y dieta, un sacrificio que nos mortificará de nuestras faltas dietéticas y purificará nuestros pecados etílicos. No obstante, tal vez no sea necesaria la penitencia si observamos los siguientes diez mandamientos nutricionales, que nos pueden librar de todo pliegue adiposo inconveniente.

1. Beberás agua antes de las comidas y cenas

La primera norma es ir debidamente hidratados, tanto en Nochebuena como en Navidad y, quien lo celebre, San Esteban. Tener el estómago lleno de agua nos predispone a comer menos, pues tendremos antes la sensación de saciedad. También nos permitirá aguantar mejor el alcohol y por tanto tener más control sobre lo que comemos y bebemos. El agua además nos quitará la sed, evitando que recurramos a los refrescos azucarados.

2. No irás a las celebraciones navideñas con demasiada hambre

Prohibido totalmente el estar el ayunas antes de Nochebuena, Nochevieja o Navidades para que quepa más comida en el estómago. Es contraproducente porque comeremos más de lo debido y también porque el cuerpo reaccionará creyendo que estamos pasando una mala época y hay que almacenar todo lo comido, puesto que al no haber comido habremos consumido el glucógeno muscular. La consecuencia serán más pliegues grasos que, además, nos costará más perder.

3. Te saciarás con los alimentos con mayor aporte proteico

Esto sirve también para la fibra vegetal, aunque desgraciadamente no abunda en estas fechas. Así que vete directa o directo a los langostinos, el atún, los mejillones, la carne o el jamón, y evita mayonesas, salsas, la bechamel, etc. De este modo, aunque comas mucho, el aporte calórico no será tan alto. 

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Foto: ConsumoClaro

 

4. Evitarás los aperitivos industriales

Ni patatas fritas ni doritos, ni cheetos ni nada parecido que venga en bolsa de plástico o sea precocinado: tienen grasas trans, aceite de palma, sal y a veces hasta azúcares. Son puro veneno metabólico y engordan que es un primor. Podemos optar por los frutos secos, con moderación, y los encurtidos, aunque moderando las aceitunas.

5. Si no bebes alcohol, huirás de la tentación de los refrescos

Si no te gusta el alcohol, perfecto. Pero búscale un sustituto verdaderamente saludable; los refrescos son igual de tóxicos. Apuesta si quieres por el agua con gas y limón, siempre que no sea añadido industrialmente, pues le meten azúcares.

6. Si bebes alcohol, apostarás por el vino antes de la cerveza o los destilados

La razón es que tiene el menor aporte calórico; aunque la cerveza tiene menos grado alcohólico, contiene bastantes hidratos de carbono sin fermentar. Seguir toda la noche con vino y no cambiar es una buena idea, sobre todo si se combina con recurrentes vasos de agua, que tendrán efecto saciante y diurético. 

7. Si bebes destilados, dirás no a las mezclas con refrescos

Si te gustan los licores y los destilados, debes saber que su aporte calórico es muy grande. Ahora bien, si no piensas resistirte a la tentación, por lo menos evitarás mezclar el whisky o el ron con Coca Cola o cualquier otro refresco, ya que la combinación es un auténtico torpedo a nuestro equilibrio dietético. Que quede claro que el gin tónic es pecado mortal. 

Foto: Pixabay

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8. Cambiarás chocolatinas y mazapanes por fruta

Condena sin paliativos los dulces navideños y ni te acerques a ellos, pues son infernalmente azucarados y desviarán todo lo que hayas comido a los pliegues grasos. En su lugar, si quieres algo dulce, apuesta por la fruta, que además es hidratante y tiene fibra.

9. Si te obligan a probar el turrón, que será del tradicional

A mucha gente no nos gusta el turrón, pero nos tiraríamos antes por el balcón que negarnos a comerlo y tener que vivir con la mirada herida de nuestra querida tía abuela, que lo ha comprado con tanto cariño. Así que, más o menos testimonialmente, comemos turrón. Huyamos del de chocolate, el de yema y los modernos turrones a base de mojito diseñados por cocineros de renombre y recurramos al Jijona o el Alicante de toda la vida: son más saciantes y mortificantes y por lo tanto comeremos menos.

10. Participarás activamente en la puesta y la recogida de la mesa

Eres la clásica cuñada que se apalanca con un Jerez en el respaldo del sillón mientras el marido de tu hermana se mata a cocinar. O el típico cuñado que mira con ojos de bovino a la mujer de su hermana ir y venir sin cesar de la cocina al comedor cargada de platos y no mueve un dedo. Sacúdete la pereza y participa activamente del montaje y desmontaje de la mesa y otros eventos: conseguirás quemar calorías y mantenerte activo en lugar de vegetar y tragar calorías mientras sueltas convencionalismos. 

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