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Cenas de empresa navideñas: seis medidas para esquivar la resaca

Existen diversas estrategias para hacer más llevadera la resaca tras una larga noche brindando por la fraternidad corporativa. 

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Foto: Tom Godber

Foto: Tom Godber

La cena de Navidad de la empresa es una efeméride más importante de lo que a priori se cree. En primer lugar porque no acudir a ella supone ponerse a todo el staff en contra, los jefes incluidos. En segundo, porque sí acudir implica tener que mezclar las ambiguas y siempre volátiles relaciones corporativas con el alcohol, algo que es como echar gasolina fumando un Partagás del calibre 52. 

A las cenas de empresa se debe acudir prevenido, comedido y con el discurso ensayado, no vaya a ser que metamos la pata en algún momento y nos granjeemos la enemistad de los compañeros o peor aún: que el coordinador de área reconsidere seriamente ese ascenso que nos prometió. Y precisamente el alcohol y los brindis son enemigos de la prevención y el comedimiento y hacen inviable cualquier discurso. Pero claro, no beber y dejar al resto de la empresa en su deriva balbuceante es una infamia casi tan grande como escaquearse de la cena. 

En plena boda

Por lo tanto, a las cenas de Navidad de la empresa hay que ir, hay que brindar, hay que beber y hay que rezar para que lo que pueda pasar no sea demasiado grave para nuestra carrera profesional. Sin embargo, existen una serie de trucos que, de alguna manera, nos permitirán regatear la borrachera, o al menos manejarla con cierta dignidad, y de paso al día siguiente tener una resaca menos severa que el resto de compañeras y compañeros. 

1. El método del 'chupito creciente'

La primera estrategia es lo que se conoce como método del 'chupito creciente', consistente en ir aumentando la tolerancia del hígado y el páncreas al alcohol progresivamente durante el mes previo a la señalada cena. Se consigue tomando cada día una dosis superior de alcohol: se empieza por un chupito diario y se acaba el mes con más de media botella al día de lo que sea... Pero no lo recomiendo por dos razones obvias: primero porque que es una estrategia debe adoptarse con un mes de tiempo, y la cena de Navidad será esta misma semana o la que viene. 

El segundo motivo es que resulta un sistema muy bestia y nada saludable de acostumbrar al hígado al alcohol. Así que os propongo algunos otros remedios que me parecen si no más efectivos, sí más civilizados y menos tóxicos. Porque no debéis engañaros:  el alcohol está catalogado por la OMS  como una droga dura y tóxica. Beber alcohol es malo para vuestro cuerpo y sólo en casos y cantidades muy determinadas está recomendado. 

Foto: Shawn Carpenter

Foto: Shawn Carpenter

Pero vayamos por partes: ¿funciona el método del 'chupito creciente' o es una leyenda? Sí, funciona. Al menos para aumentar tu tolerancia al alcohol hasta límites insospechados. Pero  es el más tóxico de todos los remedios y a largo plazo nos puede pasar factura. El 'chupito creciente' se basa en el juego de dos enzimas de nuestro sistema que rompen consecutivamente la molécula de etanol: 

  • La primera que actúa es la  alcohol deshidrogenasa, que transforma el etanol de la bebida en acetaldehído.
  • Después interviene la  aldehído deshidrogenasa, que descompone el acetaldehído en otras moléculas.

El acetaldehído es el subproducto más tóxico del etanol y el que causa los efectos más perniciosos, la borrachera balbuceante. Si vuestros niveles en el hígado de acetaldehído son altos, os marearéis, sentiréis ganas de vomitar y no podréis soportar una gota más de alcohol. Pero si en vuestra sangre hay altos niveles de aldehído deshidrogenasa, este enzima eliminará rápidamente las moléculas de acetaldehído, de modo que no notaréis tanto los efectos de la bebida. 

El método del 'chupito creciente' se basa en estimular al cuerpo para que produzca mayor cantidad de aldehído deshidrogenasa que de alcohol deshidrogenasa. De este modo todo el acetaldehído que se vaya acumulando será rápidamente descompuesto y no notaréis sus efectos. Esto se consigue aumentando diariamente la dosis de alcohol ingerido, ya que la creación de aldehído deshidrogenasa es una estrategia defensiva del cuerpo. De todos modos, este proceso depende de la genética de cada una o uno. 

2. Complementos vitamínicos

El alcohol actúa principalmente sobre dos órganos: el hígado y el cerebro. Al primero lo colapsa con sustancias tóxicas, sobre todo acetaldehído, y al segundo lo deshidrata. Las vitaminas que intervienen en el metabolismo del alcohol, y que ayudan a evitar que el acetaldehído se acumule, son la  B1, B2, B12 y la vitamina C. Por lo tanto, si tenemos niveles altos de estos compuestos en nuestra sangre, favoreceremos la creación de aldehído deshidrogenasa y reduciremos la toxicidad del acetaldehído. 

Foto: Nate Bolt

Foto: Nate Bolt

En las farmacias se venden complejos nutricionales ricos en estas vitaminas, algunos incluso específicos contra la resaca. Lo ideal es que nos compremos un par de cajas y nos tomemos unas cuantas pastillas antes de salir de casa. Después nos tomaremos alguna más a lo largo de la noche. Pero no nos engañemos, si bebemos en exceso las vitaminas no nos salvarán, aunque sí nos harán más leve la resaca del día siguiente. 

También en parafarmacias y herbolarios podemos encontrar comprimidos que contienen algunos vegetales indicados como  la alcachofa, el bolardo, el cardo mariano o el diente de león. Combinados con los complejos vitamínicos, pueden ayudar a nuestro hígado, sobre todo el día después, aunque hay pocos estudios que avalen su eficiencia y en realidad no son un remedio infalible.

3. Grasa, mucha grasa

Los alimentos grasos son fundamentales para formar una pared entre el alcohol y nuestro organismo, puesto que dificultan su absorción. Cuanto más lleno y más graso tengamos el estómago antes de empezar los brindis, mejor. Es recomendable que nos cebemos con derivados del cerdo, huevos y productos lácteos, sobre todo quesos curados. Atiborraos si estáis dispuestos a beber como el que más. 

Una vez en pleno sarao, no os privéis de ir comiendo y optad por las carnes en lugar de los vegetales -salvo el aguacate-, más ligeros y con menor proporción de grasa. También engullid cuantos carbohidratos se os pongan por delante, puesto que vuestro cuerpo los necesitará para manteneros despiertos y no tendrá que tomarlos de vuestras reservas corporales. Así, vuestro  metabolismo estará centrado en destruir el acetaldehído que se irá creando. 

4. Al día siguiente, solo verduritas y arroz

Sin embargo, al día siguiente de la cena deberemos combatir la resaca del modo contrario:  evitando las grasas y los alimentos de digestión pesada y consumiendo verduras ricas en agua o zumos naturales de las mismas, sobre todo de alcachofa, tomate, zanahoria o apio entre otros. También nos vendrán bien los arroces o la pasta, que nos aportarán carbohidratos para reducir el malestar. 

Foto: Artichok

Foto: Artichok

5. Nada de bebidas carbonatadas

Puede que la CocaCola y similares tengan sus virtudes, pero en una cena empresarial navideña no son recomendables en absoluto. El problema no es el producto en sí, que aporta numerosos azúcares, cosa que nunca viene mal, sino el carbonato que lleva. Las bebidas gaseosas en general tienen el inconveniente de que el carbonato que forma el gas ayuda a la absorción del alcohol y, por tanto, a la creación de acetaldehído, nuestro principal enemigo durante la cena. Tampoco deberemos tomar Fanta, ni Pepsi ni ninguna otra bebida carbonatada. 

6. Bebe mucha agua y zumos naturales

Si queremos tomar líquidos sin alcohol, lo mejor es el agua en grandes cantidades y también todo tipo de zumos naturales de frutas, aunque algunos estudios recomiendan evitar los cítricos como el pomelo y la naranja. Podemos optar por el melocotón, la manzana o el tomate; pero sin vodka mezclado, ya que se trata de ayudar al cuerpo, no de hacer un bloody mary. Cuanto más líquido bebamos, mejor diluiremos el alcohol y menores serán las concentraciones de acetaldehído en nuestro hígado. 

De todos modos, creo que la estrategia ideal es combinar todos estos métodos y evitar el del 'chupito creciente', de modo que tu guerra contra el acetaldehído se base en proteger a nuestro querido hígado de la acción del alcohol de múltiples maneras, no en mantenerlo permanentemente borracho. 

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