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Las pinturas murales de Sijena: cronología de un conflicto artístico, político y judicial que continuará en 2026

Obras murales de la Sala Capitular del Monasterio de Sijena

Jordi Sabaté

Barcelona —
3 de enero de 2026 22:29 h

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Las primeras demandas se remontan a 1996. El del Real Monaterio de Santa María de Sijena es un litigio enrevesado e interminable que enfrenta a dos comunidades vecinas como Catalunya y Aragón. Parecía que la historia llegaba a su desenlace después de que en 2025 se conociera la sentencia del Tribunal Supremo que obligaba al Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC) a restituir las pinturas murales de la sala capitular del Monasterio de Sijena arrancadas en 1936. Nada más lejos de la realidad.

El que se esperaba que fuera el último capítulo, se inició el pasado mayo cuando el alto tribunal desestimó la totalidad de los recursos presentados por el MNAC contra de la sentencia de devolución de las pinturas murales de la sala capitular del monasterio, que había dictado en julio de 2016 el juzgado de Huesca.

El fallo del Supremo determinaba, y este es un detalle fundamental en esta historia, que el MNAC debía ser el ejecutor y responsable de la devolución. Es decir, que debe encargarse de extraer los murales del museo, llevarlos a Sijena y restituirlos a sus muros bajo su responsabilidad si se produjeran daños.

El MNAC consigue dilatar el proceso

Las pinturas murales son el último bastión de la batalla entre Sijena, el gobierno de Aragón y el MNAC. Atrás quedaban la mayoría de los episodios de devoluciones de bienes del litigio ya resueltos. Devoluciones de forma voluntaria y a veces no tanto, como ocurrió en 2017 cuando, por orden de la Justicia, la Guardia Civil entró en el Museu Diocesà de Lleida y se llevó numerosas piezas.

Para retenerlas, el MNAC había presentado numerosos recursos en atención al modo y el estado en que llegaron las pinturas a Catalunya, sin dejar por ello de reconocer que se encontraban en depósito, siendo así el ayuntamiento oscense su legítimo propietario. Pero se alegaba una alta peligrosidad en el traslado, pues las pinturas se recuperaron en 1936 tras el incendio del monasterio en plena Guerra Civil, de lo que se infiere su extrema fragilidad.

No obstante, y sin entrar en cuestiones técnicas respecto a la conservación, el Supremo rubricó la sentencia del juzgado de Huesca y se volvió a activar el periodo y la responsabilidad de devolución que habían dejado en suspenso los recursos del MNAC. No le quedaba otra, pues, al museo catalán que restituir los bienes murales que atesoraba en su edificio, el Palau Nacional, desde 1940.

Pero a partir de este punto, y acogiéndose a la parte de la sentencia que obliga al MNAC a llevar a cabo todas las tareas de devolución bajo su responsabilidad en caso de daños, la institución catalana ha conseguido dilatar una vía jurídica que parecía que ya no daba más de sí.

Por qué son tan frágiles las pinturas

Conviene ir al origen de la extracción de las pinturas para entender el porqué de su supuesta fragilidad. En 1936, en la versión más comúnmente aceptada, las pinturas murales de Sijena fueron rescatadas por el experto catalán al servicio de la Generalitat Josep Gudiol tras un incendio en la sala capitular, provocado o bien por vecinos del pueblo o por un batallón anarquista.

Sea como fuere, la sala ardió durante tres días y con ella buena parte de los murales de sus paredes y techos, considerados por los historiadores una suerte de Capilla Sixtina del arte románico.

Gudiol y otros técnicos consiguieron arrancar, mediante la agresiva técnica del strapo, buena parte de las pinturas que se habían salvado del fuego y las guardaron en 64 rollos de tela que transportaron a Barcelona, a la casa Ametller del Passeig de Gràcia, donde residieron hasta que en 1940, por orden del gobierno franquista ya en el poder, pasaron al palacio construido para la exposición universal de 1929, que se constituyó como sede del entonces incipiente MNAC.

Allí han permanecido hasta la fecha, tras diversas restauraciones de las partes más afectadas, las pinturas. Y desde allí indican las sucesivas sentencias que deben viajar de nuevo hasta Sijena. En consecuencia, el nudo gordiano del nuevo capítulo abierto dentro del último capítulo del contencioso está pegado al falso techo ovalado de la sala 16 del MNAC: ¿Se dañarán irremediablemente las pinturas al sustraerlas de este sustrato, como sostiene el MNAC, o bien pueden ser arrancadas sin problemas y devueltas a su legítimo dueño?

El MNAC abre un nuevo frente

Tras la sentencia del Supremo, tanto el Ayuntamiento de Sijena como el gobierno aragonés defienden que el traslado se puede hacer sin daños para las pinturas, y para demostrarlo acordaron enviar una comisión de tres expertos dirigidos por la representante aragonesa Natalia Martínez de Pisón. Los expertos acudieron al MNAC en julio, donde fueron recibidos por el director de museo, Pepe Serra, y tras varios días de evaluación informaron de que, en su opinión, el traslado era posible.

Mientras tanto, el director general de Cultura del Gobierno de Aragón, Pedro Olloqui, acusó reiteradamente al museo catalán, a la Generalitat e incluso al ministerio de Ernest Urtasun, de demorar deliberadamente el traslado con ardides técnicos y jurídicos. En las mismas fechas en que los expertos del gobierno de Aragón entraban en el museo, su director manifestaba la intención de pedir una incidencia de ejecución en sede judicial “para informar de la incapacidad técnica del museo de llevar a cabo esta operación en el plazo establecido por la ley de enjuiciamiento civil ni tampoco técnicamente”.

La estrategia desvelada por el MNAC consistía, pues, en dilatar en lo posible la ejecución de la sentencia y a la vez tratar de impedirla por incapacidad técnica o bien ganar más meses para la devolución, como finalmente la jueza ha acabado otorgando en razón a los nuevos meandros del proceso, si bien al principio se reafirmase en los plazos de ejecución iniciales.

Olloqui y Español suben el tono

Ante el enfado mayúsculo tanto de Olloqui como del abogado del ayuntamiento de Sijena, Jorge Español, el MNAC alegaba para declararse “incapaz” de ejecutar el traslado los informes de expertos, tanto nacionales como internacionales, que alertan de la fragilidad de las pinturas. Solo una orden reforzada por la jueza al resolver la incidencia de ejecución podía entonces obligar al museo a ejecutar la sustracción y traslado de las pinturas, pero entonces dicha orden libraría de responsabilidad al MNAC en caso de daños.

O al menos esto es lo que el director del museo reconoció que pretendían: o bien que la jueza declarase la sentencia inejecutable –lo que no libraría al MNAC y sus patronos de importantes indemnizaciones pero evitaría el traslado– o, que en su defecto, eximiese de responsabilidad jurídica y económica a los técnicos que ejecutasen la devolución en caso de daños. Para ello en septiembre el MNAC aportó a la jueza nuevos informes de expertos internacionales en favor de sus tesis.

En el otro bando, Olloqui y Español aseguraban que los expertos de Aragón desplazados a Barcelona fueron presionados por Serra y su equipo, extremo que este negó rotundamente. Los siguientes episodios de lo que se estaba convirtiendo en un nuevo culebrón trajeron a finales de septiembre una manifestación convocada por la plataforma Sijena Sí frente al MNAC y una denuncia por parte del gobierno de Aragón de que los expertos habían detectado que las pinturas se encontraban en mal estado.

Denuncia que el museo rebatió con sus propios argumentos asegurando que los datos de los expertos era “falsos”. Incluso en esta ocasión el ministro Urtasun, que siempre se ha mostrado esquivo, salió en defensa del museo. Hasta entonces Urtasun había evitado pronunciarse, salvo cuando dijo a principios de junio que el objetivo es que se cumpla la sentencia dictada por el Supremo

Además, Aragón alegaba que las pinturas habían viajado en los 80 a Estados Unidos e Inglaterra y habían regresado sanas y salvas. Desde la parte catalana reconocían esos viajes efectuados en el pasado, antes de la consolidación del museo en 2005, pero matizaban que fueron puntuales y solo viajaron las porciones que estaban en mejor estado. De todas formas, puntualizaban que ahora, y con el conocimiento que se tiene actualmente del estado de los murales, este tipo de viajes son impensables.

Rosalía irrumpe en Sijena

El penúltimo episodio de esta historia, y tal vez el más esperpéntico, llegó cuando a principios de noviembre el abogado de Sijena trató de impedir una listening party de presentación en el MNAC del nuevo álbum de Rosalía, Lux. Jorge Español esgrimió que los elevados decibelios de la música de la catalana podían dañar las pinturas. La jueza lo rechazó y el acto tuvo lugar sin mayores problemas, pero al día siguiente el abogado acusaba al MNAC de hipocresía.

Posteriormente, en una reunión con la prensa el pasado diciembre, Serra replicó: “Lo que no puede ser es considerar que un concierto de Rosalía puede afectar a la pintura y que partirla en 74 trozos se puede hacer fácilmente sin mayores consecuencias. Quien dice esto debe ir a un médico”.

Tras la poco diplomática declaración de Serra, Español anunció una demanda por vulneración a su honor, le reclamó 90.000 euros y su dimisión por no mantener una “conducta irreprochable” como le obliga el código deontológico del Consejo Internacional de Museos (ICOM).

Un desenlace en manos de la jueza

Para el 2026 que acabamos de estrenar se espera un desenlace que ponga fin a este largo y agotador contencioso que enfrenta las instituciones culturales de Aragón y Catalunya. Aunque todo puede pasar en el universo Sijena, tal como dicta la experiencia, se espera que la jueza resuelva sobre la incapacidad del MNAC de ejecutar el traslado.

Por la parte aragonesa se desea que la magistrada se incline por forzar la ejecución y por la catalana que si así sucede, haya por lo menos constancia jurídica de sus advertencias en caso de daños en las pinturas, que se ven como casi seguros. Mientras, algunos expertos reclaman sensatez y que se deje la política a un lado cuando lo que está en juego no es el orgullo de dos comunidades vecinas, sino algo tan serio como unas pinturas únicas en el mundo y, por tanto, de un valor incalculable.

A este respecto, piden que se exploren soluciones alternativas que eviten producir más daño en los murales como un sistema digital que permitiría proyectar los murales sobre las paredes de Sijena con la máxima fidelidad.

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