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Homenaje a Carlitos: perder es más divertido que ganar

Se cumplen 65 años de la primera viñeta de Charlie Brown y Snoopy con un libro homenaje en el que participan cuarenta de los mejores dibujantes actuales

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Carlitos y Snoopy, según Toni Millonaire

Carlitos y Snoopy, según Toni Millonaire

El 2 octubre de 1950 un chaval con la cara redonda, buenas intenciones pero al que le salía todo mal hacía su primera aparición en una tira cómica. Su creador, Charles M. Schulz, no lo sabía pero aquel personaje estaba destinado a convertirse en uno de los iconos del siglo XX. Hoy, cuando se cumplen 65 años no hay prácticamente nadie en el mundo occidental que no conozca a Carlitos y su perro Snoopy –que incluso se ha ganado varias acepciones en el lenguaje del pijerío- y toda la pandilla. Antes de Mafalda, antes incluso de que naciera Matt Groening (creador de Los Simpsons), Sparky, apodo de Schulz, ya había revolucionado el universo de las tiras cómicas.

Los números de Carlitos o Peanuts, nombre que al dibujante no le gustó jamás, son deslumbrantes. En estas más de seis décadas ha sido publicado en más de 2.600 periódicos de 75 países y traducido a 40 idiomas. Según la Peanuts Worldwide, que gestiona los derechos y la obra de Schulz, Peanuts tiene más de 350 millones de lectores en todo el mundo. Es más, no hay dibujante que no haya hecho mención en alguna ocasión al planeta de Charlie Brown.

Por tal motivo, las próximas semanas serán un continuo homenaje a Schulz, fallecido en el año 2000 poco después de entregar sus últimas viñetas. A comienzos de diciembre se estrena finalmente la película Peanuts, dirigida por Steve Martino. Y desde estos días se encuentra en las librerías españolas el cómic P eanuts. Un tributo a Charles M. Schulz, publicado en castellano por ediciones Kraken y en el que 40 dibujantes expresan su devoción a estos personajes con su propia representación del mundo de Carlitos.

Homenaje de Raina Telgemeier a la pandilla de Carlitos

Homenaje de Raina Telgemeier a la pandilla de Carlitos

El secreto: fracasar y volverlo a intentar

Pero, ¿qué entusiasmó de este niño al que nunca le salían bien las cosas y que apareció cuando EEUU salía de la II Guerra Mundial y aún la televisión no se había instalado en los hogares norteamericanos? Para Lincoln Pierce, dibujante y editor de este libro-homenaje, había algo en el cómic que lo diferenciaba de todos los demás: “No era su pinta, sino lo que transmitía. Era un chico que metía la pata en prácticamente todo lo que intentaba hacer; a quien el resto de niños hacía víctima de sus burlas continuamente, que estaba profundamente solo y descontento. Pero se esforzaba, fracasaba y perserveraba”. Y eso era suficiente.

El propio Schulz lo explicó más de una vez. Charlie Brown triunfó porque “perder es más divertido que ganar”. Y eso lo decía en el país de los ganadores por antonomasia. El país donde perder es de estúpidos. El dibujante le dio la vuelta al mantra y se hizo con todos los lectores. Creó a un personaje con carisma. Como afirma Paige Braddock, creador de El mundo de Jane, “los cómics deben permanecer sujetos a lo que hacen mejor: tener una voz única, una perspectiva única; con una voz singular, en ocasiones, no muy distinta a la de un poeta. Una tira cómica no ha de ser aprobada por un comité ni testada en el mercado”. Es evidente que Charlie no lo fue y ahí radicó su fuerza.

Lucas Turnbloom y su visión de Snoopy

Lucas Turnbloom y su visión de Snoopy

Además, Carlitos era la fantasía y la imaginación. Quien mejor representó esto fue Snoopy, el perro de raza Beagle que un día, tumbado en su caseta, podía ser un aviador de la gran guerra, un músico o un escritor. Las viñetas tampoco eran aleccionadoras en el sentido que fue después la Mafalda del argentino Quino, pero sí transmitía el poder de los niños.

De hecho, los personajes adultos quedan muy desdibujados con respecto a Lucy, la niña pedante que jamás le deja tirar el balón de rugby a Carlitos, Peppermint Patty, la niña que juega al béisbol, fútbol o hockey –nada habitual en los años sesenta- Sally, la hermana pequeña de Charlie, quisquillosa y quejica, Cochino, el niño sucio o Franklin, uno de los primeros personajes negros de la historia del cómic y que obtuvo algunas críticas. Recuerden: EEUU aún sufría serios conflictos raciales cuando Carlitos hizo su aparición en la prensa.

“La felicidad es un libro de un cachorro… desgastado”

Aunque muchos adultos vieron la magia que emanaba de sus viñetas, Peanuts causó adicción entre el público infantil. Muchos de aquellos niños son hoy dibujantes de éxito como Raina Telgelmeier, autora de Smile y considerada como una de las mejores viñetistas actuales por The New York Times. En el libro homenaje ella recuerda a Carlitos a través de Peppermint Patty, uno de sus personajes favoritos.

Por su parte,  Tony Millonaire esboza un retrato de Charlie y Snoopy con su característico estilo ‘feísta’. “Cuando estaba en sexto de primaria era un chaval rarito. Mis padres me llevaron al psiquiatra. Me preguntó qué quería hacer de mayor. Le contesté que dibujar comics. Le dibujé cuatro viñetas con mi personaje favorito, Ceroman. Tenía forma de huevo y volaba por los aires. El loqeuero comentó: “Anda, ¿te gusta Peanuts?. “Pues sí”, respondí. Así que me mandó de vuelta a casa”, comenta ahora Millonaire sobre la influencia de las viñetas de Schulz.

Carlitos y Snoopy, según Ryan Sook

Carlitos y Snoopy, según Ryan Sook

Lucas Turnbloom rememora su descubrimiento de Peanuts gracias a unos libritos que le compró su madre en los ochenta. “Hoy sólo sobrevive uno de esos libros. Cada vez que lo veo me trae la felicidad. Para mí la felicidad es el libro de un cachorro… desgastado”, señala. Su viñeta, coloreada, muestra a ese Snoopy miembro de la aviación enfrentándose al Barón Rojo.

Por supuesto, no falta el famoso gag de la pelota de rugby y los intentos de Charlie por golpearla, como redibuja Keith Knight. También hay un recuerdo para el árbol robacometas en las viñetas de Terry Moore para quien Schulz en su infancia era definitivamente “mi héroe”.

Quince años después de la muerte de Schulz este sigue vivo entre los niños. Así lo reconoce Paige Braddock desde la Peanuts Worldwide. En las charlas que tiene con los chavales salen a relucir las historietas de Charlie Brown y Snoopy y siguen apareciendo las sonrisas. Es la ternura de un personaje destinado a no morir nunca porque todos en alguna ocasión nos hemos reconocido en el fracaso. Y Charlie nos enseña que hay que seguir intentándolo. Una y otra vez.

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