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Grecia se aferra a la última propuesta de la Comisión Europea para lograr una prórroga del rescate

“Nuestra postura es negociar y no cerrar puertas”, dicen fuentes del Ejecutivo heleno, que aseguran que no hay un plan B

Atenas quiere basarse en el documento que propuso el lunes el comisario Moscovici y que retocó a última hora el presidente del Eurogrupo

El borrador planteaba la prolongación del programa de asistencia financiera sin la necesidad de restaurar todas las condiciones previas

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Grecia defiende renegociar la deuda para acabar con su dependencia al crédito

El ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis. EFE

Este jueves se espera que la petición del Ejecutivo griego para prolongar otros seis meses el actual rescate –que vence el 28 de febrero- sea enviada al Eurogrupo, en un movimiento que parece una concesión del Gobierno izquierdista de Alexis Tsipras a las tesis que Angela Merkel impone en Bruselas desde hace un lustro. La petición es en realidad un nuevo tira y afloja en la negociación: Atenas cede terreno para lograr ese acuerdo puente que le permita sortear la quiebra, pero no acepta las condiciones inamovibles del Eurogrupo y se agarra a la propuesta que el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, el francés Pierre Moscovici, llevó el pasado lunes a la reunión de ministros de Finanzas de la Eurozona.

Ese día, las negociaciones se rompieron y si ahora no prospera esta iniciativa, la amenaza de la salida del euro estaría cada vez más cerca para el país heleno.

“La Unión Europea conoce el programa electoral del partido en el Gobierno en Grecia, y sabe que la posición institucional no va a volver a ser la que fue. Nuestra postura es negociar y no cerrar puertas”, remachan fuentes del Ejecutivo heleno a eldiario.es, que añaden que el primer ministro Tsipras y su " rockstar" (en Bruselas se empieza a extender este apodo) económico, Yanis Varufakis, van “más allá” del texto propuesto por Moscovici.

El borrador de la Comisión Europea, lanzado con el visto bueno de su presidente, Jean-Claude Juncker, y finalmente arrinconado el pasado lunes en el cónclave europeo, planteaba la prolongación del rescate sin la necesidad de que Atenas restaure todas las condiciones previas, pero sí algunas: mantener superávits fiscales primarios adecuados y arrancar una promesa a Syriza de que seguirá pagando a sus acreedores.

Sin un plan B

Este miércoles, el Ministerio de Finanzas griego desveló una serie de documentos en los que detalla algo más las peticiones y compromisos con el Eurogrupo que ha venido anunciando Varufakis en los últimos días. Entre ellas, reducir los objetivos de superávit primario (hasta sólo el 1,5%) para no dañar el crecimiento y cumplir su programa de "rescate social"; no forzar el proceso de privatizaciones para no malvender activos, acometer un paquete de reformas (de la Administración, fiscal, judicial...) y el compromiso de hacer frente a los 17.000 millones que debe devolver este año a los acreedores. 

Para ello, propone, entre otras medidas, un aumento de los ingresos de 5.500 millones vía reforma fiscal, la recuperación de 1.900 millones procedentes de los beneficios por operaciones con deuda griega de los bancos centrales; e incrementar hasta 8.000 millones más el techo de deuda pública a corto plazo que puede comprar la banca griega, que asciende actualmente a 15.000 millones.

A cambio, Grecia podría decidir la prioridad y la intensidad de las reformas apalabradas a cambio del rescate. Preguntadas por si Tsipras cuenta con un plan B en caso de que los Diecinueve rechacen por consenso la demanda griega, la respuesta en fuentes del Gobierno heleno es un rotundo no.

Ya al término de la reunión del pasado lunes, cuando todos los dirigentes comparecieron en rueda de prensa con visible amargura, el documento de Moscovici sobrevoló el ambiente. Varufakis declaró su conformidad con la iniciativa del comisario, pero unas enmiendas introducidas a última hora por el presidente del Eurogrupo, Jeroen Djisselbloem, transformaron el borrador en un segundo texto muy diferente que volvía a asumir las tesis de Alemania, siempre según el ministro de Economía griego.

La web OpenEurope analizaba este miércoles las líneas rojas de cada bando: Atenas pide que se prorrogue la financiación (mediante los actuales préstamos, la parte sobrante del rescate bancario o la extensión de la posibilidad de emitir deuda a corto plazo por parte de Grecia), la liquidación del Memorándum (brazo ejecutor de la llamada Troika) y cambiar un 30% de las condiciones del rescate con el compromiso explícito del Gobierno griego de que lo pactado se cumplirá.

Esto último implica preservar el 70% del rescate en vigor, aunque Financial Times destacaba esta semana las dudas comunitarias con relación a este supuesto compromiso: “¿Qué es eso de que se seguirá adelante con el 70%? ¿Cómo cuantifica Grecia el 70%?”.

La actualidad europea se ha acelerado vertiginosamente desde el ascenso de Syriza al poder. Cada hora se suceden las declaraciones y reacciones de ambos bandos: Grecia por un lado; Alemania respaldada por Djisselbloem y los estados del Norte, por otro; Francia e Italia moviéndose en la ambigüedad de un fino alambre que está a punto de romperse.

Para reforzar más el desasosiego, este miércoles se especulaba con la posibilidad de que el Banco Central Europeo (BCE) corte la última válvula de financiación que le queda a Atenas: las líneas de emergencia, también conocidas como ELA, aprobadas in extremis la semana pasada tras cortar la institución que dirige Mario Draghi el grifo de liquidez a las entidades bancarias griegas.

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