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Marina Albiol: "El TTIP impide que haya políticas de izquierda"

La eurodiputada de IU advierte del poder que adquirirán las multinacionales si llega a firmarse el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones que negocian Estados Unidos y Europa.

También repasa la situación política del país y de la propia formación de izquierdas.     

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La eurodiputada de IU, Marina Albiol, en Santander, donde protagoniza una jornada abierta sobre el TTIP.

La eurodiputada de IU, Marina Albiol, en Santander, donde protagoniza una jornada abierta sobre el TTIP.

El Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones que en estos momentos negocian Estatos Unidos y la Unión Europea es desconocido para una gran mayoría de la población española y, sin embargo, su aprobación, en caso de que llegue a producirse, tendrá importantes repercusiones en los derechos laborales, sociales y medioambientales adquiridos a lo largo de los años. Así lo advierte la eurodiputada de IU, Marina Albiol (Castellón, 1982), que está de 'gira' por las distintas ciudades del país para dar a conocer, a través de jornadas abiertas, los 'poderes' que adquirirán las multinacionales con la firma de este acuerdo, conocido como TTIP.    

Con la firma de este tratado, ¿qué competencias perdería el Estado español?

El objetivo del TTIP es generar las condiciones para que las empresas de un lado y otro del Atlántico puedan operar libremente y se encuentren las menores trabas posibles. Por tanto, afectaría a aspectos relacionados con el medio ambiente, la agricultura, los servicios públicos... Si llega a aprobarse, va a estar presente en todos los ámbitos de la vida, ya que afectaría directamente a los pilares de la democracia. Por ejemplo, si se incluyen los tribunales de arbitraje privados, las multinacionales podrían denunciar cualquier tipo de legislación que entiendan que les perjudica. 

¿Sería un marco regulatorio común para Europa y Estados Unidos?  

Es mucho más que eso. Es un proyecto político de una élite trasatlántica para revertir todos aquellos logros que hemos conseguido en los últimos años en materia de derechos laborales, sociales, medioambientales, etcétera. En la octava ronda de negociaciones, que tuvo lugar hace unas semanas, se está hablando de la cooperación regulatoria y, en ese sentido, estaríamos hablando de armonizar a la baja las regulaciones de Estados Unidos y Europa. Estamos hablando de firmar un tratado con Estados Unidos cuando no ha firmado muchos de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo.

Entonces, ¿Estados Unidos impondría su marco regulatorio sobre Europa?

No es exactamente una guerra Estados Unidos versus Europa, sino que son las multinacionales contra los derechos laborales, sociales, medioambientales y democráticos de la clase trabajadora de Estados Unidos y de Europa. Ambos tenemos mucho que perder, y las que van a salir ganando son las grandes multinacionales.

¿Por qué si este Tratado va a tener tanta trascendencia en los estados miembros de la UE no está en la primera línea de debate y ni siquiera fue uno de los ejes centrales de la campaña a las elecciones europeas?

Es toda una estrategia de ocultación porque si la ciudadanía empieza a conocer en qué consiste habría sin lugar a dudas mucha más oposición y movilización. De hecho, el Tratado se está negociando prácticamente en secreto. Ni siquiera los eurodiputados tenemos casi acceso a la información. En el Parlamento Europeo hay una sala donde está parte de los documentos y ni siquiera todos tenemos acceso a esa sala, donde tampoco está permitido hacer fotocopias. Tan en secreto se está haciendo que la Defensora del Pueblo de la Unión Europea, que no es que sea una radical de izquierdas, ya ha llamado la atención a la Comisión Europea.

¿Por qué acepta Europa?

Porque en estos momentos tenemos unos gobiernos en la Unión Europea, el tripartido de conservadores, socialdemócratas y liberales, que están absolutamente plegados a los intereses de las grandes multinacionales. Y de hecho, si nos fijamos en todo el proceso negociador, el 92% de las reuniones que se han mantenido han sido con los lobbies de las grandes empresas mientras que apenas ha habido con sindicatos, ONGs o movimientos sociales. Es decir, se está haciendo un tratado para que estas multinacionales continuén aumentando sus beneficios y que puedan campar a sus anchas por Europa y Estados Unidos sin que haya ninguna traba que les limite.

¿Pero no vivimos ya en un mundo globalizado, de libre comercio? 

Estaríamos hablando de un paso más, de un paso de gigante. En estos momentos, en Europa todavía mantenemos ciertos límites en los servicios públicos, que son un mercado muy suculento para estas multinacionales o como por ejemplo el fracking, que en Estados Unidos es una práctica habitual. 

Pero en España ya existe esa posibilidad de privatizar y hacer negocio con servicios como la Sanidad.

Lo que hay detrás del Tratado es un intento de frenar políticas de izquierdas. El Tratado intenta dejarlo todo bien atado. Por ejemplo, si Izquierda Unida ganara en el Ayuntamiento de Santander, y uno de los servicios que pueda haber privatizados, como el agua, quiere revertirlo a lo público, con este Tratado nos podemos encontrar que una multinacional del agua denuncie ese intento de devolverlo a lo público porque entiende que va en contra de sus beneficios y que le supone un perjuicio y, por tanto, si gana esa demanda en los tribunales privados que se están negociando, estaríamos en el punto no solo ya de que cuando un Gobierno quiere privatizar privatiza, que eso ya está sucediendo en Valencia o en Madrid con la Sanidad, sino que estamos llegando al punto de que aún en contra de la voluntad popular o de un gobierno de izquierdas una multinacional pueda impedir que se revierta un servicio a lo público.

Ahí tenemos el ejemplo de Egipto, que a través de la Primavera Árabe consiguió aumentar el salario mínimo interprofesional. Como Egipto tenía un acuerdo de inversiones con Francia, una multinacional de este país ha denunciado esa subida del salario mínimo porque entiende que le perjudica. Y Egipto tiene una demanda que aún no se ha resuelto. Es un ejemplo de cómo el Tratado trata de impedir que haya políticas de izquierda aunque la izquierda gane las elecciones. El Tratado provoca que los países no puedan hacer las políticas que el pueblo desee porque está todo atado por arriba.

¿En qué punto están las negociaciones?

En el Parlamento se está trabajando en las comisiones. En febrero se ha celebrado la octava reunión, y en abril y verano están previstas nuevas. No hay una fecha prevista. Nosotros esperamos que no se apruebe nunca. 

¿Votaremos los ciudadanos europeos ese Tratado?

Por el Parlamento Europeo tiene que pasar, la duda está en si los parlamentos estatales votarán.  

¿Qué fuerzas están a favor del TTIP?

Fue muy evidente cuando el Grupo de Izquierda Unida en el Congreso pedimos que hubiera un referéndum y votaron en contra PP, PSOE, UPyD, CIU y PNV.   

Cambiando de tema, ¿cómo ha visto la salida de Tania Sánchez?

Fue una noticia triste. A ningún compañero le puede gustar que otro compañero abandone la militancia. Pero también es cierto que la salida de Tania se puede enmarcar dentro de una mala gestión de un conflicto que tenemos en estos momentos en la Comunidad de Madrid.

¿Pasará factura?

Hay muchísima gente de IU de la Comunidad de Madrid que se queda para construir una nueva IU que dé respuesta a lo que realmente está reclamando la ciudadanía. Hay que poner en valor esa militancia y esos dirigentes que están trabajando para que haya un espacio de convergencia en Madrid que pueda derrotar a la derecha en las próximas elecciones. Y si seguimos por ese camino, la salida de Tania no tendría porqué pasar factura, aunque era una situación que no era deseable.

Mientras la derecha parece que marcha casi al unísono hacia esas elecciones, la izquierda está cada vez más disgregada. Así parece complicado que haya gobiernos progresistas.

Desde Izquierda Unida tenemos una apuesta clarísima de elaborar candidaturas de unidad popular y aquellos actores políticos que decidan quedarse al margen de estas candidaturas tendrán que explicar porqué lo hacen porque, sin duda, yo creo que estamos viviendo un momento político donde el pueblo nos está exigiendo que haya esa unidad de la izquierda y donde por primera vez es posible que haya un cambio en este país.

¿Está siendo Podemos egoísta? 

Las posiciones políticas no se pueden manifestar en esos términos. Lo que hay que hacer es un llamamiento a Podemos para que participe en estos espacios porque es desde donde va a ser posible el cambio. 

¿Está el pueblo español en ese punto para apostar por un cambio como ha sucedido en Grecia?

La situación dramática que desgraciadamente está viviendo mucha población hace que busquen alternativas a nivel político y por otra parte, en los últimos años se ha producido la incorporación de mucha gente a la vida pública, y esos son los momentos de cambio.  

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