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Del Bosque, Rajoy y retirarse a tiempo

Si hay algo que debe tener muy claro un líder es identificar el momento de retirarse, no ya por no convertirse en el cuello de la botella, sino para evitar a los suyos el mal trago de enseñarle la salida.

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Rita Barberá i Mariano Rajoy agiten una senyera amb Alberto Fabra

Rita Barberá y Mariano Rajoy agitan una senyera ante Alberto Fabra.

Es muy difícil explicar cómo es posible que el entrenador que ha conseguido seguramente los éxitos más brillantes en la trayectoria de la selección española, Vicente Del Bosque, haya concentrado también en torno a sí un clamor entre los aficionados: que se vaya a su casa de una vez.

Dicen que España es un país de ingratos, que no recuerda las hazañas pasadas de sus héroes hasta que éstos pasan a mejor vida. Bueno, les recuerdo que Winston Churchill, uno de los líderes más carismáticos de la historia, perdió las elecciones al Parlamento británico nada más terminar la segunda Guerra Mundial y eso que todos sus paisanos reconocían que había sido uno de los principales artífices de la derrota de Hitler.

No sé si estarán ustedes de acuerdo, pero creo que la grandeza se demuestra sobre todo marchándose uno a casa. Bueno quizá eso ha sonado un poco despectivo, pongámoslo en términos un poco más cariñosos: identificando el momento adecuado para decir adiós. Después de ganar el Mundial, difícilmente podía Del Bosque conseguir una meta más alta, así que está muy claro que debió poner fin a su ciclo con la brillantez de aquella noche inolvidable en Johanesburgo. Los hados -y seguramente también el buen hacer- estuvieron de su lado dos años después en Kiev, cuando alzó la Eurocopa tras golear a Italia, pero tanto forzó la fortuna, o quizá la propia vida, que después tuvo que pasar por los bochornos de Brasil o los más recientes ante Croacia y la propia Italia.

¿Sabrá Rajoy retirarse a tiempo o arrastrará su prestigio como Del Bosque mientras todos le dicen que se marche?

Por eso, estos días en los que Del Bosque arrastra los últimos girones de su prestigio riñendo con Casillas o, peor aún, haciéndose unas fotos tan melifluas como falsas con el guardameta del Oporto, me pregunto si Rajoy habrá sabido leer la lección.

Mariano Rajoy ganó su campeonato del mundo cuando arrasó a Rubalcaba en unas elecciones generales que le sentaron en el Congreso con una mayoría absoluta comisionada para afrontar la crisis. Después de aquello sufrió un serio revolcón en diciembre con Rivera restándole un buen saco de votos y el horizonte oscuro de un eventual pacto de izquierdas.

Y sobrevivió, contra todo pronóstico, para ganar las recientes elecciones que han dejado un escenario de estupefacción entre sus adversarios, hasta tal punto, que los movimientos de todos -incluidos los del propio presidente en funciones- parecen contagiados por la modorra de este inicio del verano.

La pregunta es, ¿sabrá Rajoy retirarse a tiempo y dejar tras de sí una estela de innegable prestigio político en la derecha? ¿O se embolincará como Del Bosque hasta el mismo día en que los suyos le saquen por la puerta de servicio?

¿No había en España otro entrenador capaz de preparar un equipo competitivo para la Eurocopa? Y, sobre todo, ¿no habrá en la derecha española una persona con el carisma suficiente para que Rajoy pueda retirarse a una de sus queridas diputaciones? Un buen líder debe saber cuándo ha llegado el momento de marcharse; primero para no convertirse en el elemento perturbador del consenso y segundo para evitar a los suyos el mal trago de descabalgarlo.

Eso sí, dice el Marqués Del Bosque que se marcha el 30 de julio porque debe cumplir su contrato como cualquier trabajador. Pues sí, Del Bosque es un trabajador como cualquier otro; como usted, como yo, como su vecino del tercero… un trabajador más.

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