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Y tú, ¿qué haces por mejorar las cosas?

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“Me siento chiquitico delante de ustedes, son ustedes el gigante del siglo XXI, son ustedes infinito pueblo consciente y libre”. Hugo Chávez Frías. 2006.

El pasado 3 de mayo, Jordi Évole entrevistó en su Salvados a dos de los grandes activistas de nuestro país: Lucio Urtubia y Enric Duran. Ambos nos hablaron sobre la injusticia, y sobre su forma de combatirla. Aquel domingo, mucha gente nos metimos en la cama sintiendo que el mundo era mejor gracias a ellos. Luego el lunes hubo que volver al trabajo, al colegio o a la cola del paro y todo siguió igual de ordenado. Los héroes, en la tele y el exilio; y en la tierra la gente corriente haciendo lo que nos toca.

Aquel programa ilusionó a mucha gente (el hashtag #urtubiaduran echaba chispas hasta varias horas después), pero por otro lado hizo patente una brecha: la que nos separa de lo épico, de lo realmente ilusionante. Urtubia y Duran hicieron un día saltar su vida por los aires. Se atrevieron a romper con todo: con la gente a quien querían, con lo que se esperaba de ellos; y alcanzaron unos límites de grandeza imposibles. Y el resto, quienes no estamos en disposición de tamaña aventura, pudimos elegir entre seguir su estela y activarnos en la medida de nuestras posibilidades; o deslumbrarnos ante tanto esplendor y paralizarnos.

Quienes creemos en la lucha social encontramos en ellos un faro hacia el que tender. La gente corriente debemos, primero, informarnos para saber cómo funciona el mundo y descubrir las incoherencias del ser humano. Poco a poco, en la medida de nuestras posibilidades, iremos cambiando hábitos. Por ejemplo, poco a poco empezaremos a consumir de forma responsable para evitar las multinacionales del textil que ejercen explotación infantil en países empobrecidos. O contrataremos la energía de nuestra vivienda con una cooperativa. O trasladaremos las cuentas a una banca ética, para evitar que nuestros ahorros caigan en manos de la mafia financiera, y por tanto terminen traficando con armas, personas, o extorsionando a países mediante la inversión en deuda pública. Poco a poco nos implicaremos con algún colectivo social, y nuestra pequeña pelea diaria, combinada con otras muchas peleas, contribuirá a reducir algo la injusticia de este mundo.

Hay que decirles, a quienes apagan la lucha, que todo lo que no resta sirve. Que es la suma de todas las luchas todos los días, de toda esa gente humilde, la que termina empujando los cambios

Por otro lado, hubo quien vio Salvados y dedujo que la única lucha es la legendaria. Y, por tanto, que la gente corriente debemos currar y callar. Sin comprometerse con nada, tratan de convencernos de que no somos nadie, que nuestro esfuerzo es inútil. Y cuando hablas de lo odioso del capitalismo, te echan en cara que cobres una nómina. O que enciendas la calefacción si defiendes el ecologismo. No se puede decir que sean mala gente, pero paralizan. Seguro que sintieron simpatía por Lucio, y les gustaría que hubiese más como él. Pero equivocaron la conclusión. En vez de encontrar en ellos un ideal utilizaron su ejemplo para desdeñar a las personas corrientes y anular los ideales. Mientras tanto, son capaces de empatizar con quien compra pisos baratos de bancos, procedentes de desahucios, porque “el mundo es así”. Pero multiplican su exigencia con quienes queremos cambiar las cosas y ponen en cuestión nuestra coherencia si fallamos a una manifestación. “Mira a Duran”, dicen, “eso sí es coherencia”.

Olvidan, estas personas, que si se quitó la mili obligatoria es porque al lado de los insumisos hubo gente manifestándose en las calles. O que las negociaciones del TTIP, ese tratado que amenaza con cargarse nuestra democracia, llevan meses atascadas gracias a la presión popular. O que Varoufakis no habría negociado con la Troika desde una posición de fuerza sin esas 10.000 personas corrientes, cargadas de incoherencias y compromisos, que salieron a la calle en la plaza Syntagma cuando recibió la primera negativa. Hoy, pese a todas las presiones, en Grecia hay un cambio de políticas.

No podemos dejarnos desactivar por esas opiniones. Hay que decirles, a quienes apagan la lucha, que todo lo que no resta sirve. Que es la suma de todas las luchas todos los días, de toda esa gente humilde, la que termina empujando los cambios. ¿Qué haces tú por mejorar las cosas? Esa es la respuesta a sus ataques.

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