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A modo de títulos de crédito (I)

La desigualdad social tras las crisis económicas y sociales es otra clave de comprensión que ofrece el cine al ámbito educativo

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Fotograma de 'El gran dictador'

Fotograma de 'El gran dictador'

"El cine en el que creo obliga al espectador a enfrentarse a su propia conciencia, a estimular su inteligencia" (Sidney Lumet, director)

No se trata de polemizar con el gran Thomas Alba Edison, cuando, en 1923, declaraba que el cine estaba llamado a sustituir al maestro y al libro de texto (“Creo que el cine acaba de comenzar y opino que en 20 años los niños aprenderán con películas y no con libros” (En 'Más escuela y menos aula'. Fernández Enguita, M. Morata, 2018), sino de matizar, en su justa medida, la influencia de este medio audiovisual en el ámbito educativo. La producción cinematográfica nos ayuda a entender comportamientos humanos que resultarían más difíciles de asimilar por otras vías de aprendizaje. Y es aquí, como ocurre también con la literatura, donde el Séptimo Arte ofrece la principal y mejor ayuda al aprendizaje escolar.

Para empezar por cuestiones disciplinares, ¿qué sería de la Historia y sus continuos conflictos bélicos y políticos si no mencionásemos las ansias narcisistas de Hitler en 'El Gran Dictador' (Chaplin, 1940), la irracionalidad de la violencia de cualquier combate, como para Kubrick (1957) en 'Senderos de gloria' o la ineludible ayuda civil que permite ganar guerras, como en la reciente 'Dunkerque', de Christopher Nolan? (“ Los soldados son como ni ños. Al igual que una criatura quiere que su padre sepa mantenerse firme, las tropas quieren disciplina. Y una forma de mantener la disciplina es fusilar a un hombre de vez en cuando –debe escuchar el coronel Dax [Kirk Douglas] de su general, culpable de mandar a la muerte segura a más de 8.000 de sus hombres por conseguir una condecoración militar). Del antimilitarismo de la primera  también nacieron otras películas célebres. 'Platoon' (1986), de Oliver Stone, es otro buen ejemplo, sobre la inutilidad política y humana de cualquier esfuerzo para rentabilizar un conflicto bélico, Vietnam, en este caso: " Cuando pienso lo que allí pasó, creo que no luchábamos contra el enemigo -comenta el soldado Chris (Charlie Sheen) al final de la película- . Luchábamos contra nosotros mismos. El enemigo estaba dentro de nosotros. Ahora la guerra ya ha terminado para mí, pero siempre formará parte de mi vida".

La desigualdad social tras las crisis económicas y sociales es otra clave de comprensión que ofrece el cine al ámbito educativo. ¿Cómo olvidarse de la pobreza extrema de Henry Fonda, durante la Gran Depresión estadounidense, bien dirigido por J. Ford, en 'Las uvas de la ira' (1940), feliz adaptación del clásico de J. Steinbeck? “Allí donde haya alguien luchando por la libertad, mira en sus ojos, mamá, porque allí estaré yo”, se despide el protagonista, iniciando un nuevo camino de dudoso futuro.

Al capitalismo, como sistema económico dominante y con dificultades para generar movimientos de resistencia, no le han faltado sátiras cinematográficas feroces, como la del propio Chaplin en 'Tiempos modernos' (1936). Otro ejemplo: en la segunda mitad del siglo pasado y criticando la neoconservadora etapa tacheriana apareció 'Full Monty' (1997), de Peter Cattaneo y sus espectáculos de strippers masculinos para huir del desempleo. De la falta de trabajo y de las consecuencias sociales y humanas que supone para el ser humano se ocupó también el cine español, a través de Fernando León de Aranoa en 'Los lunes al sol' (2002) tras la catarsis  que supuso el cierre de los astilleros de Vigo a finales del XX; película contada a través de varias vidas de hombres y mujeres al límite de su resistencia física y mental, aparcados bruscamente de sus hasta entonces férreas creencias culturales. Así se explican dos de los protagonistas en uno de los muchos diálogos apesadumbrados que flotan por el film:

  “Dos camaradas viejos de partido se ven, y uno dice a otro:

-¿Has visto? Todo lo que nos contaban del comunismo era mentira.

 - No es peor cosa. Peor cosa es que todo lo que nos contaban del capitalismo era verdad.”  

La producción cinematográfica nos ayuda a entender comportamientos humanos que resultarían más difíciles de asimilar por otras vías de aprendizaje

Más recientes y tremendamente desazonantes son “El capital” (2012) y “Yo, Daniel Blake” (2016). En la primera, su director, Costa-Gavras (comprometido con la denuncia pública de vulneraciones humanas policiales -”Z”-, políticas -“Estado de sitio”- o de las viciadas relaciones Hitler-Santa Sede -“Amén”-) cuestiona los tiempos fáciles de la banca privada, el gusto por el dinero fácil y la caída irremediable de ambas en plena crisis bursátil, haciendo decir a su protagonista: “El dinero es un perro que no pide caricias. Le lanzas la pelota más y más lejos y él la trae sin pensar”. En la película de Ken Loach -que ya había avisado de sus intenciones con 'Pan y rosas' (2000), alegato anti explotación laboral contras las minorías hispanas en EE.UU- la clave es la crítica del funcionamiento de los servicios sociales en Reino Unido en una etapa postcrisis, en la que las clases medias-bajas conocen en primera persona la brecha salarial y social.  Películas críticas también con el mundo financiero, aunque vistas desde la órbita hollywoodiense, son 'Wall Street' (1987), de Oliver Stone y 'El lobo de Wall Street' (2013) con un Leonardo DiCaprio, interpretando al antiguo corredor de Bolsa, Jordan Belfort, culpable de blanqueo de dinero y otros delitos financieros y llevada a la pantalla por el director Martin Scorsese.

El cine nos ha recordado a través de sus obras que los medios de comunicación y las personas que los gobiernan se mueven en muchas ocasiones por intereses personales o económicos que desvirtúan la función informativa del llamado 'cuarto Poder'. Algunos ejemplo son: 'Ciudadano Kane', de Orson Welles (1941), radiografía del empresario  de la prensa, W. Hearst, que acaba cambiando su labrado impacto social por el precio del poder; 'Cortina de humo' (1997), de Barry Levinson, o la crónica de una guerra ficticia, ideada por el asesor presidencial (Robert De Niro) con la ayuda del productor de cine, Dustin Hoffman, para desviar la atención pública de un posible asesinato cometido por el presidente de los EE.UU; o la nominada a los Oscar 2018, 'Los archivos del Pentágono', de Steven Spielberg, que reproduce el célebre dilema del Washington Post entre publicar información confidencial sobre las mentiras políticas de la Guerra de Vietnam o apelar a su fidelidad institucional con el gobierno estadounidense.

Esta crítica al mundo de la política el cine no la circunscribe exclusivamente a las democracias occidentales. La utilización de cierta política como arma de secuestro de la democracia ciudadana también está presente en la denuncia de los desmanes cometidos en los países de la órbita comunista durante la Guerra Fría, como demostró 'La vida de los otros' (2006), de Donnersmarck, a partir del repaso a la actuación de la policía secreta de la RDA, la Stasi, sobre la intelectualidad alemana, instantes previos a la caída del Muro de Berlín. Alabada metáfora de la arbitrariedad del poder para generar desconfianza ciudadana, donde los propios investigadores acaban siendo investigados a su vez. Un ejemplo de interrogatorio de la policía aludida: No hiciste nada, no sabes nada. Si piensas que nuestro sistema es capaz de una cosa as í – arrestar a ciudadanos inocentes por capricho- eso ser ía motivo suficiente para arrestar .

Aunque con enormes dificultades de inclusión en este género –hay quien la sitúa mejor entre las películas de ciencia ficción- el cinéfilo también coloca aquí '1984' (1984), de M. Radford, adaptación de la interesante novela de George Orwell del mismo título. Jon Hurt, operario que un día decide romper los estrictos límites oficiales de la Verdad, y Richard Burton, obstinado jefe castigador de la traición a la normativa establecida, serán los dos extremos que debatan sobre la libertad del ser humano. Policía del Pensamiento, neolengua o Gran Hermano son conceptos inventados por el escritor británico y popularizados con la película, por más que haya quien –dada la influencia de este último- lo atribuya a la influencia del reality show televisivo.

El mundo cinematográfico también aporta conocimiento al mundo educativo desde ideas filosóficas y religiosas. Así, 'El último emperador' (1987), de Bernardo Bertolucci, que nos acerca a la oscura y desconocida historia de la China imperial, o a la filosofía tibetana con 'El pequeño Buda' (1993). Un director, polémico, pero siempre interesante, con obras como 'El último tango en París' (1972), 'Novecento' (1976) con De Niro y Depardieu en los papeles protagonistas, sobre las ideologías europeas de la primera mitad del siglo XX, o la más reciente, 'Belleza robada' (1996), obra intimista en el giro más personal que el director italiano imprimió a su cine, abandonando las grandes superproducciones del siglo pasado.

En otro orden de cosas, el cine ha buscado la forma de plasmar los diálogos entre el ser humano y la muerte, como en 'El Séptimo sello' de I. Bergman (1957) con un inspirado Max von Sydow, caballero cruzado que durante el tiempo de la Peste Negra debe jugar una partida de ajedrez con quien ha llegado a llevarse su alma. El mundo religioso también ha sido elemento atractivo para la industria cinematográfica. Tan solo tres citas, todas con el cristianismo como referente: 'La Pasión de Cristo' (2004) de Mel Gibson, muy apegada a los documentos evangélicos y en evidente contestación a la provocadora obra libre y ficticia de Scorsese sobre la vida de Jesús de Nazaret; 'La última tentación de Cristo', realizada dieciséis años antes. El contrapunto a ambas, 'la Vida de Brian' (1979), de los Monty Python, delirante y corrosiva comedia sobre la vida de un judío nacido el mismo día que Jesucristo y confundido en diferentes momentos con él. ¿Quién no se ha desternillado ante situaciones como la del fanático seguidor de Brian que le espeta: “¡ T ú eres el auténtico Mes í as! Lo s é porque he seguido a muchos y soy un verdadero experto”, o la del crucificado que ante la pregunta que hace un romano que pretende salvar al protagonista, clama “¡Yo soy Brian y mi mujer tambié n!?

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