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Buscando la salida de emergencia

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Angela Merkel no consiguió convencer a los griegos de que celebraran un referéndum sobre el euro en paralelo a las elecciones generales (quizá por el pequeño detalle de que no era posible legalmente esa convocatoria).

No lo consiguió... hasta cierto punto. A efectos prácticos, esa es la intención de Berlín y Bruselas con respecto a los comicios griegos: convencer a los habitantes del díscolo país de que su futuro depende de la decisión en las urnas. Si votan a los partidos que no aceptan la tutela de la UE, pueden verse expulsados de la eurozona (aunque, una vez más, eso legalmente no sea posible).

Esa es la posible explicación de la noticia conocida hoy. Según Reuters, los gobiernos de la eurozona recibieron ayer el encargo de preparar planes de contingencia en previsión de una hipotética salida de Grecia del euro. Una forma de decir a los griegos: no vamos de farol y si no respetáis las condiciones impuestas con el último rescate, no tendremos problemas en crear una situación que os saque de la eurozona.

 

Tener un plan no es lo mismo que tener un plan que funcione. Pero es el primer paso.

Todo esto coincide con la publicación del informe mensual del Bundesbank que incluye varios párrafos sobre Grecia y una intrigante referencia a la posibilidad de que su retirada de la eurozona pueda ser "gestionable" (es decir, que no tiene por qué ser una catástrofe caótica). Más mensajes muy pocos sutiles en dirección a Atenas. Antes que aceptar las exigencias de la izquierda griega, es mejor soltar las cuerdas y dejar que Grecia se estrelle por sí sola.

Las guerras se suceden en varios frentes. Atenas no es el único objetivo del Bundesbank. También plantea, lo que en cierto modo no es una sorpresa, que los gobiernos de la UE no deben aceptar que se abandone el mensaje de la austeridad. A unos pocos días de que François Hollande haya planteado diferentes términos para el debate sobre el futuro de la UE --términos que suponen el uso constante de la palabra crecimiento--, no hay que ser un desconfiado para imaginar en quién está pensando el Bundesbank.

Ya se sabe que los gobiernos europeos no pueden interferir en la independencia del BCE. Para el BCE y el Bundesbank, no rige la misma prohibición.

No sabemos si los griegos han comenzado a asustarse (uno de los últimos sondeos da una muy pequeña ventaja de Nueva Democracia sobre Syriza). Los inversores, desde luego que sí. Esta tarde, las bolsas de Madrid y Roma caen más de un 3% y la prima de riesgo ha vuelto a subir tras unos pocos días de cierta calma. No hay que apresurarse en echar la culpa a los griegos, como suele ser habitual. Esta vez, hay que reservar una parte del agradecimiento al Bundesbank.

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