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Cospedal frena los planes de Arenas en Andalucía

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El PP andaluz todavía no ha salido del desconcierto en que quedó sumido el lunes a primera hora de la mañana cuando estalló la bomba política: Javier Arenas tiraba la toalla. El presidente del PP regional y líder indiscutible de la derecha andaluza desde hace prácticamente dos décadas renunciaba a sus planes de optar a un nuevo mandato como líder del partido en el congreso regional que estaba previsto celebrar en septiembre en Granada. El cónclave se adelantará a julio y Arenas se marchará a Madrid a ocupar un puesto relevante en la dirección nacional de la calle Génova.

¿Qué truncó los planes de Arenas, que apenas una semana antes mantenía intacta su hoja de ruta de repetir como presidente y desde esa posición de fuerza negociar su inevitable marcha a Madrid ante la imposibilidad, tras cuatro intentos fallidos, de ser de nuevo candidato a la Presidencia de la Junta en 2016?

Fuentes bien informadas del proceso aseguran que el detonante de ese súbito cambio de planes fue el fin se semana de locos que sufrió Mariano Rajoy tras conocerse el rescate de Bruselas a la banca española. La descoordinación entre el partido y el Gobierno, la confusión de mensajes, la acelerada erosión de la imagen del presidente, la ausencia de un referente orgánico claro en el partido, la falta de credibilidad de Cospedal como número dos que comparte su tiempo con la Presidencia de una comunidad autónoma… todo ello habría decidido a Rajoy a acelerar el traslado a Madrid de Javier Arenas, que ofrece a Rajoy unas garantías que hoy por hoy no le dan Dolores de Cospedal ni Carlos Floriano. 

Finalmente ha sido el alcalde de Sevilla y uno de los diez vicepresidentes del PP regional, Juan Ignacio Zoido, el designado por Arenas para dirigir provisionalmente el partido y preparar el congreso de julio en Granada, pero los planes de Javier Arenas no pasaban en absoluto por él.

Según fuentes internas del partido, su pretensión era promover y apadrinar a su fiel número dos, Antonio Sanz, como presidente regional, lo que permitía al veterano dirigente andaluz matar varios pájaros de un tiro: mantenía su influencia directa en la organización, tranquilizaba a los dirigentes locales y regionales que lo son gracias a él y se marchaba a Madrid con el blindaje orgánico de mantener su ascendiente interno en una organización tan decisiva como Andalucía.

La operación, sin embargo, no era fácil. La primera dificultad para llevarla al cabo con éxito estribaba en el hecho mismo de que Arenas abandonara la presidencia del partido, cuyo mero anuncio debilitaba su propia influencia para elegir sucesor. Hasta el lunes 11 de junio, Arenas lo era todo en el PP andaluz, cuyos éxitos electorales de los últimos años hay que atribuir en grandísima medida al trabajo y la gestión del político de Olvera. Desde que se produjo el anuncio de su abandono, que no hizo el propio interesado sino el número dos, Antonio Sanz, Arenas empezó a dejar de ser Arenas. Sus deseos empezaron desde ese mismo instante a dejar de ser órdenes. Podían parecerse a las órdenes, pero ya no lo eran. Si lo hubieran sido, la elección de Sanz habría estado poco menos que garantizada.

Con Cospedal hemos topado

Quien con más celeridad movió ficha fue la secretaria general del PP y presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, consciente de que si Sanz heredaba la presidencia de Arenas, éste seguiría siendo el que mandaba en Andalucía. Era un grave riesgo para Cospedal, cuyo desempeño de las funciones de número dos del partido cada día convence a menos gente del PP. Un Javier Arenas con mando en plaza en la calle Génova y poder vicario en la sevillana calle San Fernando, sede del PP regional, era un peligro para la supervivencia de Cospedal como número dos efectiva del partido. Ya que Arenas, por decisión directa de Rajoy, tiene que volverse ya a Madrid, que al menos se vuelva lo más desnudo posible.

Por lo demás, a Cospedal no debió costarle mucho hacer valer su criterio de que Sanz no es la persona adecuada para dirigir la organización andaluza. Como ocurre tantas veces en política, todo el mundo sabe que Sanz es un excelente número dos, pero sabe también que no tiene madera para ser número uno. No es cuestión de talento, ni de capacidad de trabajo, ni de conocimiento interno del partido, ni de contar con el respeto de sus compañeros: Antonio Sanz tiene todo eso, pero no ha nacido para ser un líder. Arenas se lo llevará consigo a Génova.

En todo caso y con buen criterio, Cospedal sabe que si Arenas se instala en Génova sus días como referente orgánico del partido pueden estar contados. Arenas cuenta con un ascendiente y unas simpatías en la estructura de Génova y en el propio Gobierno muy superiores a los que cabe atribuir a Cospedal. La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, o los ministros Cristóbal Montoro, Fátima Báñez, Miguel Arias Cañete o García-Margallo son prácticamente incondicionales de Arenas, que a su vez tiene un innegable don de gentes y no poco talento para relacionarse con los medios de comunicación, virtudes ambas muy necesarias en tiempos tan difíciles como estos y que no adornan la seca personalidad de Cospedal.

Zoido no está por la labor

Sea como fuere, Juan Ignacio Zoido ya ha dejado entrever que su prioridad es la alcaldía de Sevilla. Ya ha desempeñado cargos orgánicos y no se siente especialmente cómodo en ellos. Su vocación no es el partido. Y si es elegido presidente del mismo, sería un error que aspirara a ser candidato a la Junta de Andalucía sin renunciar a la alcaldía. La alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, ya fue candidata a la Junta sin dejar de ser alcaldesa y el experimento fue un fracaso porque nunca logró ser una aspirante creíble para gran parte del electorado del centroderecha.

¿Nombres posibles para sustituir a Arenas no sólo como presidente del partido, sino también como candidato electoral en 2016? Estos son los que suenan: el portavoz del Grupo Popular en el Parlamento andaluz, Carlos Rojas; el alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto; la delegada del Gobierno en Andalucía y exalcaldesa de Adra, Carmen Crespo; Juan Manuel Moreno, número dos en el Ministerio de Sanidad…

¿A cuál de ellos ungirá Mariano Rajoy con su dedo presidencial? ¿Hasta dónde llega realmente el poder de Cospedal para influir en el desenlace del congreso andaluz? Ninguna de esas preguntas tiene todavía respuesta, pero una cosa es segura: Arenas no va a renunciar de un día para otro al patrimonio político reunido en Andalucía en todos estos años y sin duda estará dispuesto a utilizarlo para que la presidencia del partido no caiga en manos ‘enemigas’.

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