Alexis Morante: el director que surgió de los confines del mundo

Alejandro Ávila

Sevilla —
11 de abril de 2026 10:30 h

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Cuenta Alexis que nació en los confines del mundo. Allá donde, según la mitología, Hércules partió con su fuerza infinita una montaña, dejando a un lado el Peñón de Gibraltar y a otro el monte Abyla. Cuenta también que fue un extraterrestre el que lo tomó de la mano en una sala sevillano para enamorarlo del cine. Fue un amor para toda la vida. 

Las lágrimas se enjugaron aquel día por la inexorable muerte de su abuelo y por la criatura que ascendía ya a los cielos. Entre realidad y ficción, emoción sin límite de continuidad.

Ha sido, precisamente, esa búsqueda de la emoción una constante en la filmografía de Alexis Morante, desde que, siendo un adolescente, tomó entre sus manos la cámara doméstica de su amigo Raúl Santos y dirigió y montó su primera película: un mini documental sobre el cumpleaños de su madre, con entrevistas a su familia. Aquello, por lo visto, terminó haciendo llorar a todos los presentes.

Con un Grammy en las vitrinas de su casa, numerosos premios de todos los puntos del planeta y varias nominaciones a los premios nacionales más importantes, incluido al Goya, el director algecireño lleva ya más de tres décadas huyendo de la impostura. Buscando lo genuino. 

Y lo hace sin importarle si se enfrenta a una estrella del rock, a un mito o un actor profesional. Lo importante es la búsqueda de esa emoción genuina. De la verdad.

A través de esos personajes reales, encontró, por primera vez y hasta hoy, la forma de ser reconocido y poder vivir de algo tan complejo como la dirección cinematográfica. Una beca le llevó a Estados Unidos. Y su espíritu tenaz, a trabajar en Los Ángeles con el mismísimo Enrique Bunbury, el mítico exlíder de Héroes del Silencio. 

El tour de Bunbury por los EE.UU. le abrió las puertas a la dirección de vídeos musicales, donde descubrió el éxito y la recompensa de arriesgar artísticamente. Lo hizo junto a una serie de profesionales andaluces a los que ya nunca ha perdido de vista: Diana Sagrista (Goya a Mejor Sonido por Segundo Premio), su amigo el guionista Raúl Santos o el director de fotografía Juanma Carmona, entre otros muchos. 

Guiado por ese deseo de innovación artística, Bunbury le propuso un videoclip de media hora, compuesto por un mosaico de varias canciones. Dieron con la tecla. Fue una obra tan original, que terminaron nominados al Grammy y ahí se dio cuenta de que, tomándose en serio la música, podría hacer cine genuino.

Camarón de la Isla, Alejandro Sanz, David Bisbal… en ellos ha encontrado Morante las luces y las sombras del éxito. Un camino de obstáculos hacia el ascenso profesional en el que se ha buscado (y encontrado) a él mismo: el niño que salió de Algeciras y que, a base de tesón, ha logrado vivir con gran fortuna de su trabajo artístico.

Sin dejar nunca de lado el documental musical, su primera oportunidad con el largometraje de ficción le llegó con El universo de Óliver, inspirándose en la Algeciras de su infancia para contarnos una fábula sobre la pérdida. Ahí recogía la semilla de aquel cine donde lloró al ser sobrenatural que se trascendía a sí mismo. Pero ahora era él el que, por fin, hacía cine en pantalla grande. Apenas un par de años años hizo lo propio en ¿Es el enemigo?, una película sobre aquella guerra civil que transformó al adolescente Miguel en el cómico Gila. Estrenó en nuestra meca nacional del cine: San Sebastián.

ET, Gila y Óliver. En las tres, curiosamente, un teléfono enciende la emoción. En El Universo de Óliver, María León baja las revoluciones para desnudar sus emociones y pedir auxilio a su hermana. En ¿Es el enemigo?, de nuevo, un teléfono, en este caso imaginario, desviste las emociones de la extraña tropa que busca un frente perdido, donde se libra una guerra casi imaginaria.

Así, en esta búsqueda de la emoción genuina, su obra documental y su obra de ficción se entrelazan las manos. Así lo hace en sus dos últimas obras. Por un lado, Acoustic Home T4, la docuserie musical, donde HBO y Sony van desnudando, episodio a episodio, a estrellas de la talla de Amaral, Rigoberta Bandini, Edurne o Arde Bogotá, entre otras. 

En confesiones introspectivas, impulsadas por el cinema verité, nos sumergimos en la intimidad de las artistas, mientras el espectacular patrimonio histórico y natural de Andalucía engrandecen con su majestuosidad la puesta en escena de sus conciertos. En una dualidad constante entre la grandeza y la fragilidad, Antonio Orozco se enfrenta a las tierras escarlatas de Riotinto, Amaral a los ecos milenarios de Baelo Claudia o Arde Bogotá a la infinitud física y temporal del desierto de Tabernas. Es, a día de hoy, una de las propuestas más sugerentes de la oferta de HBO.

Las aguas del Atlántico que bañan los pies de Amaral en Acoustic Home o del protagonista de El Universo de Óliver son las mismas que le han llevado a su tercera obra de ficción: A una isla de ti, una comedia romántica ambientada en la Canaria abierta a la diversidad, el amor y la amistad. Acaba de estrenarse en salas de cine, con idea original de otro andaluz, Fernando Pérez (artífice de los guiones de Aída y vuelta, Arde Madrid o Kiki, todas ellas dirigidas por Paco León) y Toni Acosta al frente del reparto.

Hay autores a los que les resulta imposible esconder en la gran pantalla su innata maldad personal. Se me vienen a la mente dos directores españoles. Uno está canceladísimo y el otro, en vías de ello. 

A Alexis le ocurre justamente lo contrario: le resulta absolutamente imposible esconder su bonhomía, su sincera fe en en el ser humano y su inagotable optimismo. 

Este año se enfrenta a uno de los mayores retos de su vida: retratar a un mito inconmensurable. El de Rocío Jurado, en la docuserie de Movistar+ La más grande.

Fortuna tibi sit propitia, querido Alexis. Así lo ha hecho siempre.