Carta desde Buenos Aires
Querido, sigo sin encontrar pistas de tus parientes pero te escribo por otras cosas. Por cierto, en Rosario la expectación por nuestro amigo común Darío Grandinetti, es bárbara. Ojalá hubieras venido.
De nuestras conversaciones sobre antropología política recuerdo como actuales tus menciones insistentes y muchas veces sin respuestas al Manual de Sharp. Se pudrió el genio. En este país ya lo hemos superado con nota; las cinco etapas del golpe suave. Ahora puedes practicar en España, aunque me da que estás de juía, esa palabra que aprendimos en Bollullos Par del Condado.
El primer paso, aprendimos, consistía en general malestar difuso, un estado de ánimo deprimido, nada funciona, un rechazo a los gobiernos e incluso al Estado, caldo de cultivo del advenimiento del fascismo, hoy, debidamente camuflado de inquietud y de ira, como diría nuestro respetado Primo Levi. En esa estrategia, en su primer paso, había que lanzar en expediciones sucesivas las redes de fondo a la pesca de casos de corrupción, fundados o no, a veces sin comprobación, a veces fallidos, pero siempre con el fin de contribuir a crear desafección, desmoralización o pérdida de pulso civil ante la indefensión y la vergüenza de los propios en un escenario de ofensiva generalizada. Para ello, los medios tenían que estar en la vanguardia necesaria, los gastadores, para agrandar los casos o para esconderlos, según su naturaleza, origen o por las implicaciones de los amigos o patronos. Más esto último.
Recordarás aquellas clases de nuestro maestro Carlo, en este caso sobre el papel mancornado de ciertos jueces. El lawfare triunfa, decía, aunque no haya sentencia, se sobresea o sea absolutoria; el camino recorrido, las páginas, editoriales, columnas u opiniones al aire conforman un arma tan potente que, sometidas las víctimas al ritual sacrificial, exhibidos en los anaqueles del escándalo y el escarnio, ya apenas quedarán restos de su anterior humanidad cuando todo termine. La mancuerna entre jueces y medios. Recuerda siempre a mi compatriota, Raúl Zaffaroni.
El lawfare y su matriz, la juristocracia, algo peor, la creencia viciada de que el poder judicial está por encima de los otros dos poderes. Aquí ni siquiera queda ya sombra de eso. Además, lo observo con terror, incluso ahora en España; EEUU sigue arrogándose el papel de supremo juez internacional. En Brasil fue clave —en Portugal, también—, gracias a ciertos jueces, en la demonización, primero, de Lula y, más tarde, en su aniquilación.
El general Charles Dunlap, un experto, ya recomendó hace más de treinta años, utilizar el lawfare sin límites al considerar el malmeter judicial un instrumento clave para la seguridad nacional de EEUU
Negarse a gastar al menos el 5% del PIB en armas no es baladí, pero negar el uso de las bases militares en la aventura fracasada de Irán a los americanos, ha sido el colmo (recuerdo que jugamos un partido de básquet en Morón, nos echaron chinchetas en las duchas los muy cabrones pero ganamos y bebimos Colt 45 en el club de oficiales por primera vez en nuestras ya largas vidas). Sois bravos. El general Charles Dunlap, un experto, ya recomendó hace más de treinta años, utilizar el lawfare sin límites al considerar el malmeter judicial un instrumento clave para la seguridad nacional de EEUU. Por supuesto colonizando los sistemas judiciales de sus aliados provinciales. Deberíais ir familiarizándoos con la Home Security.
Te seguiré escribiendo, no es una venganza por lo que te reías de nosotros. He leído que también hay ruido de hamburguesas en la embajada en Madrid, con esto termino. Las embajadas yanquis han participado de manera muy activa en los procesos de judicialización política, por supuesto a su favor, político o en interés de sus cabildos empresariales y financieros. Esto último es clave porque sus contactos con los sectores más poderosos son vigorosos, a ello unen en su red a funcionarios en ejercicio o no; recuerdo que en los servicios de inteligencia de un país que vos conocés pero no cito, se admitió que todos cobraban de la CIA. Ni que decir tiene que a un partido político lacayo y cipayo, decimos por acá, le basta con decir que aumentará el gasto militar cuando gobierne para ganarse el favor de cualquier embajador.
Te espero en Rosario. Venite, no hay Cruzcampo pero sí Quilmes en todos los almacenes. Chau.