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Drag Queens, una historia de brillos y sombras: “No soy un marica pintado, soy artista”

Sara Rojas

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Reivindicar y celebrar el Orgullo es una forma de homenajear a las personas que se rebelaron contra un sistema injusto hace décadas. La madrugada del 28 de junio de 1969, un grupo de gais, lesbianas y transexuales decidió no volver a agachar la cabeza cuando la policía irrumpió en el bar neoyorkino de 'Stonewall'.

La Yelo: “Trabajar en el drag te ayuda a deconstruir la identidad, la sexualidad y la expresión de género"

Saber más

La oleada de rebeldía que desató aquella redada cambió el rumbo de la historia a la que estaba condenada la comunidad LGTBI. Desde entonces, este episodio se ha convertido en un hito dentro y fuera del colectivo. Sin embargo, no es tan conocido que en la génesis de este movimiento de liberación se encuentre la figura de una drag queen. Marsha P. Thompson fue una activista trans y drag - como ella misma se definió. Precursora de la primera marcha del Orgullo, fundó un año después de los disturbios de 'Stonewall' la organización Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR) para brindar apoyo, comida y cobijo a las personas del colectivo que estaban en riesgo de exclusión social.

Fue una de esas “héroes de guerra”. Como las define Tina Cristal, folclórica y referente del transformismo andaluz. Hoy, más de 50 años después de aquel acto heroico, el movimiento de las drag continúa luchando por desprenderse del estigma y por defender lo que son: “artistas que a través de sus actuaciones no solo muestran su arte, sino que reivindican la libertad de ser quienes quieran ser”.

Un acto de arte y rebeldía

Son las palabras de Manuel Sánchez, director de contenidos de la asociación Togayther, la encargada de organizar las dos Galas Drag Queen que se han celebrado en Sevilla con motivo de la semana del Orgullo. Desde esta entidad, aseguran que las drag “aportan muchísimo” al colectivo. “Sobre todo visibilidad”, porque “a través de sus trajes y performances reivindican y luchan por una igualdad real entre personas”, sostiene Manuel.

Su asociación apuesta por dar valor a este movimiento artístico desde el sur de la península porque, según cuenta, “Andalucía ha sido cuna de artistas, de grandes travestis y transformistas que merecen tener su lugar, como Tina Cristal”, señala.

Esta artista consagrada se subió por primera vez al escenario hace 45 años con su característica bata de cola, pero con los pantalones debajo por si tenía que salir corriendo. Recuerda que antes vivía siempre alerta. “Veíamos el coche de la policía y teníamos que escondernos sin ser delincuentes, solo por ser como éramos”, lamenta esta cantante de copla que sigue en activo, en alusión a la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación social (vigente hasta los albores de la democracia).

De arte marginal a fenómeno planetario

Cada vez que actuaba, Tina estaba “dando la cara” y luchando por la liberación. “Ya no tengo sombras detrás que me persigan”, celebra en conversación telefónica con este periódico, recordando la represión que la acompañaba durante los primeros años de su carrera profesional. Desde su posición actual, valora la “tranquilidad” con la que pueden subir hoy las artistas drag al escenario. “Hemos defendido lo nuestro y eso ha allanado el terreno para que ellas lleguen a su meta”, explica Tina Cristal con su desparpajo natural.

En la historia del transformismo de España, la figura folclórica que representa Tina ha evolucionado a una corriente artística que engloba hoy a tantos estilos como artistas. Las redes sociales, el cine y programas de televisión como Drag Race España han convertido el movimiento de las drag queen en mainstream con el rostro de Drag Sethlas, Estrella Xtravaganza o Samantha Ballentines. Ellas mismas se consideran unas afortunadas porque, después de años de esfuerzo y sacrificio, han conseguido que decenas de miles de seguidores valoren y admiren su trabajo. Aunque no olvidan sus orígenes.

“Mis primeras botas de tacón las compré en el mercadillo de mi pueblo diciendo que no eran para mí, que eran para una amiga”, comenta Fran al recordar de dónde viene. Nació en un pueblecito de Cádiz y descubrió el drag hace quince años en sus viajes a Málaga - “un paraíso LGTBI” -. Con el tiempo fue conociéndose a sí mismo y construyendo su alter ego hasta rozar los 40k en Instagram como Samantha Ballentines. “Para que veas el desconocimiento que hay, mi madre al principio pensaba que quería ser trans”, cuenta antes de añadir “ahora es mi mayor fan”.

“No somos un circo”

Una experiencia similar vivió su compañera gaditana Extrella Xtravaganza. En Jerez, Fer sentía que se “asfixiaba”. Tuvo que ir a estudiar periodismo a Barcelona para comenzar un proceso de “introspección” que lo llevó hasta crear a su “comedy queen”, Estrella. “Era incapaz de hacer lo que quería por miedo a lo que pensara la gente”, confiesa. El camino hasta llegar a formar parte del exitoso programa de televisión tampoco ha sido fácil. Recuerda cómo en la ciudad condal no se sentía seguro al coger el metro si salía maquillado después de una actuación. “Eso evidencia que es necesario seguir luchando porque vas por la calle y te pueden aplaudir o tirar piedras”, reconoce.

Más allá de la aceptación social, relatan que el terreno laboral es espinoso. “Ser artista es complicado, pero ser travesti más todavía”, afirma Samantha Ballentines. “Hay empresarios que no valoran el trabajo que hacemos, todo lo que hay detrás de una actuación”, se queja. “Se creen que somos un circo y yo no soy un maricón pintado, soy artista”, reivindica esta drag gaditana desde Madrid.

Es un sentimiento que comparten otras compañeras como Lumia Vogue, desde Algeciras, y Lakesiss (Moisés en su día a día). Esta última fue la drag que se alzó con la corona en la primera edición de la gala Togayther en 2019. Es de Panamá y se trasladó a Sevilla hace cuatro años después de triunfar como drag queen en los escenarios, pasarelas y programas de televisión de todo el planeta. “El trabajo que hacemos no lo hace cualquiera, son horas de preparación y dedicación para hacer disfrutar al público con una actuación de calidad”, defiende Moisés con “el poderío” de Lakesiss.

El drag como terapia

A pesar del estigma, del sacrificio y de las “sombras” que todavía acechan en algunos rincones de la sociedad, todas las artistas que han participado en este reportaje coinciden en señalar que sus drag les da “fuerzas” para continuar. Para ellas es una forma de expresión. “A nivel personal, el drag me ha ayudado para superar mis peores momentos”, confiesa Lakesiss.

“Es una terapia”, resume Drag Sethlas, “es una acción que te hace sentir feliz porque conectas con la gente y haces que ellos desconecten y se evadan de la realidad por unos minutos”. Siguiendo la estela de Marsha P. Thompson, el movimiento drag continúa ayudando y sirviendo de bálsamo para el colectivo. “Me han escrito diciéndome que gracias a mi personalidad, a mis actuaciones, han salido del armario”, cuenta emocionado Borja, el profesor de educación infantil y de danza urbana de Las Palmas de Gran Canarias que da vida a Drag Sethlas.

Diversidad en estado puro

“Somos inspiración, un movimiento liberador porque gracias a la visibilidad que ha dado Drag Race o Reinas al rescate, ahora tienen referentes”, señala en este sentido Estrella Xtravaganza, que también se emociona al recordar los mensajes de agradecimiento que ha recibido por parte de adolescentes. “Es un programa que sirve para cambiar realidades y ayuda a crecer en confianza y ganar autoestima”, explica Fer sin evitar acordarse del proceso que él mismo ha vivido.

 En definitiva, la vida de una drag es sacrificada como la de cualquier artista. En el escenario se entregan al público, dan su mejor versión, desprenden alegría, colorido y fantasía después de numerosas horas y recursos invertidos para sacar adelante shows “de calidad”.

Más allá de la carga reivindicativa que tienen a menudo sus performances (camufladas en píldoras de humor o de narrativas muy pensadas como las de Sethlas), la mera presencia de estas artistas en el escenario es ya en sí mismo un acto de reivindicación. Son la imagen de la “diversidad” (hay mujeres drag, reinas de todas las tallas y estéticas imaginables), de la lucha por “la libertad”. Esa que han conquistado ellas a la par que desarrollaban sus carreras profesionales y que tratan de transmitir en sus actuaciones. Porque, como dice Estrella, “no hay felicidad más plena y reconfortante que sentirte libre de ser quien eres”. 

Reivindicar y celebrar el Orgullo es una forma de homenajear a las personas que se rebelaron contra un sistema injusto hace décadas. La madrugada del 28 de junio de 1969, un grupo de gais, lesbianas y transexuales decidió no volver a agachar la cabeza cuando la policía irrumpió en el bar neoyorkino de 'Stonewall'.

La Yelo: “Trabajar en el drag te ayuda a deconstruir la identidad, la sexualidad y la expresión de género"

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La oleada de rebeldía que desató aquella redada cambió el rumbo de la historia a la que estaba condenada la comunidad LGTBI. Desde entonces, este episodio se ha convertido en un hito dentro y fuera del colectivo. Sin embargo, no es tan conocido que en la génesis de este movimiento de liberación se encuentre la figura de una drag queen. Marsha P. Thompson fue una activista trans y drag - como ella misma se definió. Precursora de la primera marcha del Orgullo, fundó un año después de los disturbios de 'Stonewall' la organización Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR) para brindar apoyo, comida y cobijo a las personas del colectivo que estaban en riesgo de exclusión social.

Fue una de esas “héroes de guerra”. Como las define Tina Cristal, folclórica y referente del transformismo andaluz. Hoy, más de 50 años después de aquel acto heroico, el movimiento de las drag continúa luchando por desprenderse del estigma y por defender lo que son: “artistas que a través de sus actuaciones no solo muestran su arte, sino que reivindican la libertad de ser quienes quieran ser”.

Un acto de arte y rebeldía

Son las palabras de Manuel Sánchez, director de contenidos de la asociación Togayther, la encargada de organizar las dos Galas Drag Queen que se han celebrado en Sevilla con motivo de la semana del Orgullo. Desde esta entidad, aseguran que las drag “aportan muchísimo” al colectivo. “Sobre todo visibilidad”, porque “a través de sus trajes y performances reivindican y luchan por una igualdad real entre personas”, sostiene Manuel.

Su asociación apuesta por dar valor a este movimiento artístico desde el sur de la península porque, según cuenta, “Andalucía ha sido cuna de artistas, de grandes travestis y transformistas que merecen tener su lugar, como Tina Cristal”, señala.

Esta artista consagrada se subió por primera vez al escenario hace 45 años con su característica bata de cola, pero con los pantalones debajo por si tenía que salir corriendo. Recuerda que antes vivía siempre alerta. “Veíamos el coche de la policía y teníamos que escondernos sin ser delincuentes, solo por ser como éramos”, lamenta esta cantante de copla que sigue en activo, en alusión a la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación social (vigente hasta los albores de la democracia).

De arte marginal a fenómeno planetario

Cada vez que actuaba, Tina estaba “dando la cara” y luchando por la liberación. “Ya no tengo sombras detrás que me persigan”, celebra en conversación telefónica con este periódico, recordando la represión que la acompañaba durante los primeros años de su carrera profesional. Desde su posición actual, valora la “tranquilidad” con la que pueden subir hoy las artistas drag al escenario. “Hemos defendido lo nuestro y eso ha allanado el terreno para que ellas lleguen a su meta”, explica Tina Cristal con su desparpajo natural.

En la historia del transformismo de España, la figura folclórica que representa Tina ha evolucionado a una corriente artística que engloba hoy a tantos estilos como artistas. Las redes sociales, el cine y programas de televisión como Drag Race España han convertido el movimiento de las drag queen en mainstream con el rostro de Drag Sethlas, Estrella Xtravaganza o Samantha Ballentines. Ellas mismas se consideran unas afortunadas porque, después de años de esfuerzo y sacrificio, han conseguido que decenas de miles de seguidores valoren y admiren su trabajo. Aunque no olvidan sus orígenes.

“Mis primeras botas de tacón las compré en el mercadillo de mi pueblo diciendo que no eran para mí, que eran para una amiga”, comenta Fran al recordar de dónde viene. Nació en un pueblecito de Cádiz y descubrió el drag hace quince años en sus viajes a Málaga - “un paraíso LGTBI” -. Con el tiempo fue conociéndose a sí mismo y construyendo su alter ego hasta rozar los 40k en Instagram como Samantha Ballentines. “Para que veas el desconocimiento que hay, mi madre al principio pensaba que quería ser trans”, cuenta antes de añadir “ahora es mi mayor fan”.

“No somos un circo”

Una experiencia similar vivió su compañera gaditana Extrella Xtravaganza. En Jerez, Fer sentía que se “asfixiaba”. Tuvo que ir a estudiar periodismo a Barcelona para comenzar un proceso de “introspección” que lo llevó hasta crear a su “comedy queen”, Estrella. “Era incapaz de hacer lo que quería por miedo a lo que pensara la gente”, confiesa. El camino hasta llegar a formar parte del exitoso programa de televisión tampoco ha sido fácil. Recuerda cómo en la ciudad condal no se sentía seguro al coger el metro si salía maquillado después de una actuación. “Eso evidencia que es necesario seguir luchando porque vas por la calle y te pueden aplaudir o tirar piedras”, reconoce.

Más allá de la aceptación social, relatan que el terreno laboral es espinoso. “Ser artista es complicado, pero ser travesti más todavía”, afirma Samantha Ballentines. “Hay empresarios que no valoran el trabajo que hacemos, todo lo que hay detrás de una actuación”, se queja. “Se creen que somos un circo y yo no soy un maricón pintado, soy artista”, reivindica esta drag gaditana desde Madrid.

Es un sentimiento que comparten otras compañeras como Lumia Vogue, desde Algeciras, y Lakesiss (Moisés en su día a día). Esta última fue la drag que se alzó con la corona en la primera edición de la gala Togayther en 2019. Es de Panamá y se trasladó a Sevilla hace cuatro años después de triunfar como drag queen en los escenarios, pasarelas y programas de televisión de todo el planeta. “El trabajo que hacemos no lo hace cualquiera, son horas de preparación y dedicación para hacer disfrutar al público con una actuación de calidad”, defiende Moisés con “el poderío” de Lakesiss.

El drag como terapia

A pesar del estigma, del sacrificio y de las “sombras” que todavía acechan en algunos rincones de la sociedad, todas las artistas que han participado en este reportaje coinciden en señalar que sus drag les da “fuerzas” para continuar. Para ellas es una forma de expresión. “A nivel personal, el drag me ha ayudado para superar mis peores momentos”, confiesa Lakesiss.

“Es una terapia”, resume Drag Sethlas, “es una acción que te hace sentir feliz porque conectas con la gente y haces que ellos desconecten y se evadan de la realidad por unos minutos”. Siguiendo la estela de Marsha P. Thompson, el movimiento drag continúa ayudando y sirviendo de bálsamo para el colectivo. “Me han escrito diciéndome que gracias a mi personalidad, a mis actuaciones, han salido del armario”, cuenta emocionado Borja, el profesor de educación infantil y de danza urbana de Las Palmas de Gran Canarias que da vida a Drag Sethlas.

Diversidad en estado puro

“Somos inspiración, un movimiento liberador porque gracias a la visibilidad que ha dado Drag Race o Reinas al rescate, ahora tienen referentes”, señala en este sentido Estrella Xtravaganza, que también se emociona al recordar los mensajes de agradecimiento que ha recibido por parte de adolescentes. “Es un programa que sirve para cambiar realidades y ayuda a crecer en confianza y ganar autoestima”, explica Fer sin evitar acordarse del proceso que él mismo ha vivido.

 En definitiva, la vida de una drag es sacrificada como la de cualquier artista. En el escenario se entregan al público, dan su mejor versión, desprenden alegría, colorido y fantasía después de numerosas horas y recursos invertidos para sacar adelante shows “de calidad”.

Más allá de la carga reivindicativa que tienen a menudo sus performances (camufladas en píldoras de humor o de narrativas muy pensadas como las de Sethlas), la mera presencia de estas artistas en el escenario es ya en sí mismo un acto de reivindicación. Son la imagen de la “diversidad” (hay mujeres drag, reinas de todas las tallas y estéticas imaginables), de la lucha por “la libertad”. Esa que han conquistado ellas a la par que desarrollaban sus carreras profesionales y que tratan de transmitir en sus actuaciones. Porque, como dice Estrella, “no hay felicidad más plena y reconfortante que sentirte libre de ser quien eres”. 

Reivindicar y celebrar el Orgullo es una forma de homenajear a las personas que se rebelaron contra un sistema injusto hace décadas. La madrugada del 28 de junio de 1969, un grupo de gais, lesbianas y transexuales decidió no volver a agachar la cabeza cuando la policía irrumpió en el bar neoyorkino de 'Stonewall'.

La Yelo: “Trabajar en el drag te ayuda a deconstruir la identidad, la sexualidad y la expresión de género"

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La oleada de rebeldía que desató aquella redada cambió el rumbo de la historia a la que estaba condenada la comunidad LGTBI. Desde entonces, este episodio se ha convertido en un hito dentro y fuera del colectivo. Sin embargo, no es tan conocido que en la génesis de este movimiento de liberación se encuentre la figura de una drag queen. Marsha P. Thompson fue una activista trans y drag - como ella misma se definió. Precursora de la primera marcha del Orgullo, fundó un año después de los disturbios de 'Stonewall' la organización Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR) para brindar apoyo, comida y cobijo a las personas del colectivo que estaban en riesgo de exclusión social.

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