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Una multitudinaria manifestación del Orgullo grita por el “amor y libertad” en las calles de Sevilla

Una niña levanta una pancarta en la marcha del Orgullo.

Los colores de la libertad, la igualdad y la diversidad han pintado las calles de Sevilla formando la estela de una marcha kilométrica. Un año más (“hoy más que nunca”), la manifestación del Orgullo ha congregado a miles y miles de personas en torno a una misma reivindicación: “los derecho de las personas LGTBIQ+” frente a los delitos de odio

Selfies contra la homofobia: vecinos de un pueblo de Sevilla se retratan con su cartel de "municipio orgulloso"

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La presidenta de la Federación Plataforma Orgullo LGTBI Andalucía, Inma García de la Fuente, exhausta después de intensos días de trabajo que han culminado con esta celebración, aplaude el desarrollo de la manifestación, la de mayor acogida en los últimos años, según su valoración. Tal cantidad de personas se han sumado a la marcha a lo largo de todo el recorrido, tras dos años de parón por la pandemia, que Inma se confiesa emocionada.

Para esta activista veterana, la abrumadora respuesta de los ciudadanos tiene que ver con la “rabia” contenida. “La gente quiere vivir libremente y hay cierto rechazo a las políticas intransigentes”, comenta en conversación con este periódico. Además de imágenes como la de la plaza de la Encarnación inundada de calor humano y banderas de colores, la presidenta de la Federación se queda con haber visto a numerosas familias con niños pequeños. “Eso es lo que necesitamos, hay que educar en tolerancia, diversidad y respeto”, defiende.

Luchando por el futuro

Así lo entiende también Eva. Una madre que ha llevado por primera vez a su hijo Octavio para que sepa “que el amor es libre y puede querer a quien quiera”. De paso, “se lo pasa bien con la música”, dice Eva avalada por los movimiento del pequeño Octavio mientras baila al ritmo de La revolución sexual.

Al y fin y al cabo, la marcha del Orgullo es “fiesta y reivindicación”, como expresa Fran, un joven de Priego de Córdoba que estudia en Sevilla. “Primero reivindicar y luego celebrar”, apunta Carlota, una joven sevillana que ya ha asistido a varias ediciones del Orgullo. Canciones como A quién le importa, I will survive o Believe - que ya se han convertido en un himno para el colectivo - se entremezclan con consignas de denuncia. “Queremos mostrar el coraje que sentimos, que se nos vea enfadados aunque estemos festejando”, continúa secundada por sus compañeras.

Un grito por los derechos y libertades reforzado a golpe de tambor. Mery Durante, de la batucada Yemú Yembá (la primera de Sevilla formada íntegramente por mujeres), cuenta que a una asociación como la suya que defiende “el feminismo, la igualdad y la inclusión”, le atañe especialmente esta cita con la diversidad. De ahí que hayan puesto al servicio de su lucha la fuerza de las batucadas, para subrayar su discurso y “callar bocas”.

El camino hasta el orgullo

Entre los asistentes, sobresale la imagen de la diversidad, la pluralidad, la diferencia. Niños, mayores - como Pilar, que acude soliradizándose con su hija que se casó hace dos décadas con una mujer - y un rico repertorio de sensibilidades, estéticas y colores tiñen las calles de la ciudad hispalense durante unas horas, desde la Diputación Provincial hasta la Alameda de Hércules. “Hoy estamos todos y todas representados”, reconoce Fran.

Muchos de ellos están celebrando su “primer orgullo”. Pero no solo por ser aún menores, como le pasaba a Octavio. Una sevillana llamada Luz reconoce que “nunca se ha atrevido a venir sola”. En esta ocasión, sus “hermanas heterosexuales” la han convencido - “a mí que soy la lesbiana” -. En una Alameda atiborrada de personas y colores, cuenta que el camino hasta llegar allí no ha sido fácil para ninguno de los miembros del colectivo.

“Pero una vez que estamos aquí, es muy importante que sigamos luchando por nuestros derechos, que llevamos persiguiendo desde hace mucho tiempo”, afirma alzando la voz para dejarse oír. En su opinión, hay que seguir peleando para que, entre otras cosas, deje de ser noticia “que María del Monte es lesbiana”. “Debería serlo su pregón y que es una artistaza, pero no su homosexualidad”, lamenta con el respaldo de su acompañante, Víctor. Él, a diferencia de Luz, ha participado en otras ediciones y coincide con que “el día que no haya que decir lo que hacemos y dejamos de hacer será el verdadero día del orgullo”.

“No estamos solos”

Se alza la voz, en definitiva, por “visibilizar y erradicar la violencia”, como explica Isa. Por alcanzar “la igualdad de derechos”, en palabras de Luz. Y se celebra “el amor libre, la diversidad, la libertad de ser y amar”. Se festeja que ya se dejaron atrás los años de oscuridad y encierro, la represión externa y la que se impone uno mismo. “El orgullo hace algo muy importante que es eliminar la homofobia interna de la gente”, apunta Adriana, en alusión a la necesidad de empoderarse y sentirse bien con sí mismos.

En ese camino, la marcha por la diversidad se ofrece como “punto de encuentro”. “Da mucha esperanza ver que somos tantos”, señala Carlota a unos metros del escenario que se ha colocado en la Alameda. “Estamos rodeados de gente que siente, vive y reivindica lo mismo, sean o no del colectivo”, explica Isa a continuación. Por su parte, otro Fran que se ha mudado recientemente a la capital andaluza, confiesa que apoya la marcha porque “no es solo para aquellas personas que sufren y son protagonistas”. Es “para todos” porque “todos podemos aprender”. Y en las manos de todos está que la comunidad LGTBI se sienta plenamente integrada en la sociedad, que es en esencia diversa y plural.

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