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Derechos de las personas intersex ¿para cuándo una regulación estatal?

Mari Carmen Díaz Ruíz y Cira López Salvago

miembros del Krisol pro derechos humanos intersex Adriano Antinoo —

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“Lo personal es político” coreaban a gritos las feministas que salían a la calle en los años 70, tomando conciencia de hasta qué punto las normas, tradiciones y confabulaciones patriarcales pesan en el propio cuerpo y subyugan hasta el último rincón de la propia vida. Aquella frase se puede aplicar también a las personas intersex que empiezan a vivir su situación desde la perspectiva de los derechos. Y se va llegando tarde a una ley que proteja y dé luz de justicia a su realidad, alumbrando soluciones a problemas derivados de la invisibilidad, y de la propia negación de los cuerpos no binarios.

Mientras no exista una ley integral que dé cobertura, regule y garantice los derechos humanos de las personas con diferencias en las características sexuales, todo seguirá deviniendo en la suerte del médico que atienda a la persona, en la suerte de donde nazca y se críe la persona, de su familia (más o menos sensibilizada) y del entorno social. Y no es justo ese devenir de padres desinformados que buscan entre explicaciones y discursos contradictorios; no es justo ese enjambre de opiniones que deja a la persona en la laguna de criterios subjetivos por no existir normas justas y claras; no es justo que la integridad corporal y la salud mental de la persona intersexual quede a la suerte de un destino decidido por terceros; en definitiva, no es justo que ser intersexual sea suficiente para convertirse en víctima.

La vergüenza, la indefensión o la invisibilización han sido el día a día de las personas intersex; bajo un paraguas exclusivamente médico, ni siquiera resultaba planteable el cuestionamiento de algunas perspectivas: imágenes sociales degradantes, falsas ideas sobre los cuerpos no binarios, tratamientos y cirugías no consentidas, etc., han tenido y mantenido a las personas intersex ocultas, calladas, inmovilizadas. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, a lo largo del mundo, y gracias a la existencia de redes internautas que han posibilitado la conexión y la cooperación, muchas personas intersex han alzado la voz y se ha puesto en marcha un movimiento reivindicativo del desarrollo y protección de los derechos humanos, la integridad corporal y el derecho a la autoimagen. Las personas intersex han hablado, y nos han hecho mirar los errores.

Actualmente en nuestro país, si observamos las limitaciones de las personas intersex, descubrimos que son ilimitadas, entre otras cosas, por el enorme desconocimiento social. No están presentes en casi ningún sitio, y muchas veces, cuando se las menciona, es precisamente para limitar sus derechos… como sería el caso de las exclusiones para acceder al cuerpo militar, por poner un ejemplo; o para reproducir imágenes inverosímiles o sensacionalistas, como ocurre en gran parte de la literatura periodística; y otras veces la mención es para recalcar una supuesta naturaleza “patológica”, asociando de manera indisoluble enfermedad e intersexualidad. En definitiva, la voz y los intereses de este colectivo es lo que menos suena. Por esta razón, cada día se hace más presente la necesidad de una ley estatal, destacamos para ello la Resolución del Parlamento Europeo de 14 de febrero de 2019, y basándonos en sus instancias, reivindicamos para España:

Una Ley de Registro Civil en la que se inscriba a todos los recién nacidos en función al sexo de crianza, independientemente del aspecto genital, que regule procedimientos flexibles para la subsanación registral en caso necesario, solicitamos que prevalezca siempre la voluntad y manifestación de la persona inscrita, sin necesidad de tratamientos hormonales, ni de intervenciones quirúrgicas reasignatorias, ni otras exigencias patologizantes y discriminatorias.

Stop a la medicalización y patologización, entendiendo que las diferencias de las características sexuales no son malformaciones congénitas, ni enfermedades, ni deficitarias para la salud, no son discapacidades de la persona. Entendiendo que la sexualidad no es en sí un hecho puramente coital o con finalidades procreativas.

Trabajar para la abolición de la discriminación que sufren las personas intersex en cuanto son categorizadas por la apariencia corporal y genital. Facilitar los medios para la protección de la salud mental de las personas intersex, abordando los campos educativo y social. La ley que pedimos debe tratar con especial determinación la justicia en el deporte o en el acceso Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Sensibilización pública, desde todos los ámbitos y esferas, puesto que lo que no se ve… sencillamente no existe… ni se respeta.

“Lo personal es político” coreaban a gritos las feministas que salían a la calle en los años 70, tomando conciencia de hasta qué punto las normas, tradiciones y confabulaciones patriarcales pesan en el propio cuerpo y subyugan hasta el último rincón de la propia vida. Aquella frase se puede aplicar también a las personas intersex que empiezan a vivir su situación desde la perspectiva de los derechos. Y se va llegando tarde a una ley que proteja y dé luz de justicia a su realidad, alumbrando soluciones a problemas derivados de la invisibilidad, y de la propia negación de los cuerpos no binarios.

Mientras no exista una ley integral que dé cobertura, regule y garantice los derechos humanos de las personas con diferencias en las características sexuales, todo seguirá deviniendo en la suerte del médico que atienda a la persona, en la suerte de donde nazca y se críe la persona, de su familia (más o menos sensibilizada) y del entorno social. Y no es justo ese devenir de padres desinformados que buscan entre explicaciones y discursos contradictorios; no es justo ese enjambre de opiniones que deja a la persona en la laguna de criterios subjetivos por no existir normas justas y claras; no es justo que la integridad corporal y la salud mental de la persona intersexual quede a la suerte de un destino decidido por terceros; en definitiva, no es justo que ser intersexual sea suficiente para convertirse en víctima.