Matones
La Academia de la lengua española define el matonismo como “conducta de quien quiere imponer su voluntad por la amenaza o el terror”. Hoy, fuera de nuestras fronteras, el ejemplo más palmario de matonismo es la decisión del presidente de los EE.UU. de atacar a Irán, sin autorización de su Congreso, sin el aval de las Naciones Unidas, y sin consultar o comunicar previamente a sus presuntos aliados. Estamos, pues, ante un acto unilateral, contrario a la propia Constitución de los EE.UU., a la legalidad internacional, cuyos objetivos permanecen en una difusa y premeditada ambigüedad y confusión. No sabemos muy bien qué pretende Trump: ¿acabar con el régimen de los ayatolás, controlar el petróleo, evitar una amenaza nuclear inexistente, acosar al creciente dominio comercial de China? Y, sobre todo, ¿cualquiera de esos objetivos merece una guerra y poner en riesgo la vida de millones de personas?
Es el dirigente de una de las naciones más poderosas del mundo quien ha decidido ante sí y para sí que hay que bombardear y asesinar a dirigentes y población civil de un país soberano, sin ningún aval de ninguna institución democrática de su propio país ni de instancia alguna de carácter multilateral. Todo lo contrario de lo que exigen el derecho propio, el internacional, la carta de Naciones Unidas, y los tratados multilaterales de los que forma parte Estados Unidos. Estamos, así, ante un acto de arbitrariedad y de máxima violencia que, sumado a los más recientes de Gaza y Venezuela, viene a dibujar un modus operandi que se identifica nítidamente con la vieja “Ley del más fuerte”.
Resulta evidente que el régimen iraní merece la absoluta y contundente repulsa de las sociedades democráticas del mundo, especialmente por su constante violación de los derechos humanos y, de forma más cruel si cabe, de los derechos de las mujeres, como podrían merecerla Arabia Saudí o El Salvador por motivos similares. Resulta una burla, en este sentido, que quienes menos interés han demostrado en condenar la violencia machista en nuestro propio país, salgan ahora a defender la agresión bélica sobre Irán invocando precisamente ese hecho: si tanto les preocupa la violencia machista deberían demostrarlo aquí cada día. Mucho más incoherente resulta que quienes insultan a Pedro Sánchez llamándole traidor a España se sometan dócilmente ante las amenazas y baladronadas de Trump contra España y su gobierno.
A unos y otros, al PP y a la extrema derecha, habría que preguntarles si, como Trump, resolverán sus discrepancias con los adversarios políticos a golpes o a tiros si llegaran a gobernar
Hay, por otra parte, una dimensión de esta situación que me parece debe ser subrayada. Trump es un matón, sin duda, pretende imponer su voluntad por la amenaza o el terror de la guerra. Pero debemos preguntarnos si aquí, entre nosotros, en España, no estamos asumiendo como forma normal de resolver las discrepancias y las diferencias ese matonismo. Cada vez que ese tal Vito Quiles amenaza, acosa y agrede verbal o físicamente a dirigentes políticos o analistas en los pasillos del Congreso o del Senado, en la calle y en las redes, está comportándose como un matón, igual que Trump. Cada vez que Feijóo y el PP callan ante estos hechos y no los desautorizan están siendo cómplices de esos matones. Cada vez que Feijóo y el PP celebran y comparten los insultos e injurias contra sus adversarios políticos están naturalizando y haciéndose cómplices del matonismo como forma de hacer política.
Asistimos, así, a la naturalización de las formas y el fondo del matonismo en la vida pública, con el aliento mediático de medios y pseudomedios de comunicación, con amenazas de motosierras y lanzallamas, generando un clima bélico en las relaciones sociales que se retroalimenta ante la pasividad, cuando no la complicidad activa, de actuaciones policiales y judiciales francamente incomprensibles para la ciudadanía.
A unos y otros, al PP y a la extrema derecha, habría que preguntarles si, como Trump, resolverán sus discrepancias con los adversarios políticos a golpes o a tiros si llegaran a gobernar. A fin de cuentas, ésa es la gran cuestión que debe de plantearse la ciudadanía: ¿la derecha y la extrema derecha pretenden un país donde la discrepancia y la crítica se resuelvan con la pura represión y persecución? ¿Su modelo democrático es el del autoritarismo, el militarismo y la autocracia de Trump? Es absolutamente necesario que aclaren esta cuestión, porque ese sería el gran paso que situaría de una vez por todas a la derecha clásica española en las antípodas de los valores y principios que proclama nuestra Constitución. Usted, ciudadano de a pie, debe saber qué modelo de sociedad defiende esa derecha, y tiene derecho a despejar cualquier incertidumbre sobre la seguridad cívica y jurídica que le asiste como miembro de un estado de derecho. Matonismo o democracia: ésa es la cuestión.