La generación Z no quiere trabajar en hostelería: las condiciones laborales y la poca conciliación lastran la renovación

Los análisis coinciden a un lado y otro del mercado laboral: las querencias de la generación Z empujan para transformar las condiciones que ofrecen las empresas ante una juventud que reclama más tiempo, menor presencialidad, más planificación y una mayor inversión en formación. El cambio de mentalidad da de bruces con la hostelería, sector en el que la compensación salarial no responde a sus inquietudes, por lo que se percibe como un lugar de paso para el 75% de las personas encuestadas por el II Barómetro de la Hostelería.

La hostelería suspende con un 4,1 para los jóvenes de 16 a 29 años que han participado a través de 501 encuestas en el estudio que elabora por segunda vez la Cámara de Comercio de Sevilla y la Fundación Cruzcampo. La presentación de este jueves dio algunas claves para entender el contexto en el que se mueve los actuales y futuros integrantes de un ámbito que representa el 12% del PIB autonómico y el 12,5% del empleo. A pesar de su fuerza productiva, queda por debajo de la sanidad, que aprueba con un 5,2 a raíz del prestigio y el servicio vocacional que tiene, así como el retail, con un 5,1, mientras que queda por encima de la construcción y el reparto, con un 3,7 y 3,5 puntos, respectivamente, si bien en ellas hay mejores convenios laborales con horarios y turnos establecidos y una menor complejidad en el desempeño.

Con la premisa ¿Qué tiene que cambiar para que quiera quedarse?, José Luis Rentero, socio director de Punto de Fuga, dio los principales resultados del barómetro, entre ellos, que solo dos de cada diez personas acceden por vocación a la hostelería. Las dos principales barreras son: las condiciones laborales en un 93% de los casos, en referencia a los horarios, los salarios, los turnos partidos y la difícil conciliación; y en segundo lugar, quedaría la falta de liderazgo por parte de los cargos superiores para que les enseñen a lidiar con el estrés o la presión. En este análisis, también aparece la falta de desarrollo de una carrera profesional y, casi al mismo nivel, la ausencia de prestigio y reputación en la hostelería.

“Tener control del tiempo”

“Los jóvenes no nos dicen nada nuevo que no hayamos visto, y no es un problema de esfuerzo, sino de encontrar un sentido y tener control del tiempo, que es algo que les desestabiliza mucho”, apuntó Rentero, en referencia a ese 87% de los encuestados para los que es importante la gestión de horarios y turnos con más antelación para poder planificar la vida personal. De esta forma, señaló que “para atraer y retener talento es importante ofrecer tranquilidad, certidumbre, ya que la hostelería tiene ese hándicap importante: la falta de planificación personal”.

La organización, que sí se da en otros trabajos, subrayó, es esencial para que la juventud decida contribuir al crecimiento, ya no solo económico, sino social y de satisfacción personal de un tipo de negocio que no encuentra en la actualidad una renovación generacional cuando una saga familiar echa el cierre a un restaurante mítico del barrio. “No tienen a nadie que hablen bien ni les transmitan lo interesante o positivo que hay dentro”, añadió, lamentando que ni los propios progenitores son capaces de transmitir esa vocación, “son los primeros que les dicen que vayan a trabajar a otro sitio”. ¿Una solución? Entre otras muchas, y más consistentes, la construcción de “relatos”, es decir, de hacer de estos puestos lugares atractivos, casi como una estrategia de márquetin para darle lustre al sector.

En cuanto a datos positivos, el barómetro resalta que hay un 83% de los encuestados que reconoce que la hostelería es un sector importante para la sociedad. Además, un 73% asegura que se crean oportunidades para las generaciones más jóvenes y otro 73% valora que lo mejor de su día a día en la hostelería hacer feliz a la gente. A ello, habría que añadir varios elementos para contrarrestar las primeras impresiones, como fomentar un ambiente de equipo, al igual que alentar la creatividad para “dejar su sello personal” y “formar, formar y formar”. Esta evolución se ve, por ejemplo, en la cocina, apuntó Rentero, donde hay un nivel de preparación y una dimensión del trabajo que dista mucho de sus compañeros.

“Hemos conseguido reducir los horarios”

En el coloquio posterior, bajo el título Retos y oportunidades: la visión del hostelero, la chef Elena Arzak dio algunos apuntes sobre las medidas que ha tomado para su plantilla desde una llamada telemática: “Aun con las estrellas Michelin, estamos dentro de la hostelería y tenemos los mismos problemas, pero hemos conseguido reducir los horarios y tenemos una combinación interna con la que los trabajadores están mucho más contentos”. Si bien reconoció que hay la tendencia va hacia valorar un mayor tiempo libre, “es un poco pronto para que se asiente todo esto”. A su lado, los colegas del sector coincidieron, como Fernando Cabello, José Manuel Montalvo o Raúl Cueto.

Entre las visiones que compartieron, se habló de los incentivos que proporcionan alguna de estas empresas en forma de propinas emocionales, como facilitar el acceso a eventos, dar bonos para gimnasios o de aparcamiento, es decir, atractivos que de alguna manera compensen la incertidumbre que planea sobre los negocios.

Al respecto, Genaro Pedreira, director general de Factoría Serendipia, destacó que tras seis años dedicados al conglomerado, la media de edad de su plantilla está sobre la treintena. “El encargado general tiene 34 años y empezó por mantenimiento, y tengo otra encargada de 25 años, así que sí se produce el cambio generacional”. En cualquier caso, ¿qué ocurre con las generaciones más mayores, se desplazan o acceden a puestos mejor remunerados y preparados, hay una apuesta por retener a este talento joven? Supuestos para el siguiente barómetro.