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'Adamuz, el último tren': el libro escrito por una superviviente de Huelva que ayuda a superar las heridas de la tragedia

Fermín Cabanillas

Huelva —
21 de junio de 2026 20:51 h

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Elena viajaba en el vagón 1, asiento 19 C la noche del fatídico accidente de Adamuz. “No volveré a montar en un tren, no lo he vuelto a hacer ni lo haré”, asegura nada más empezar la charla con elDiario.es Andalucía para hablar de cómo un libro la está ayudando a salir adelante. Se llama Adamuz, el último tren, y está escrito por ella misma. Nació como un diario y ahora ya ha agotado su primera edición.

Nacida en Huelva hace 28 años, es licenciada en Criminología, y como muchas más el pasado 18 de enero volvía de Madrid de hacer el examen para cumplir el sueño de su vida: ser funcionaria de prisiones. Mantiene secuelas físicas más que importantes, pero lamenta, sobre todo, que el tren la ha dejado sin la posibilidad de trabajar en lo que siempre ha querido.

“Hay días que estoy bien, y otros son una mierda”, dice gráficamente, mientras enumera que el accidente la dejó con fractura total del pie izquierdo, pelvis y sacro, cuatro costillas y perforación de tímpano. Tiene una cicatriz en la cara de nueve centímetros, y aún tiene cristales dentro del cuerpo, que espera que le retiren en unos meses, cuando estén más expuestos para que en quirófano no den problemas.

Se mueve “entre la silla de ruedas y las muletas”, después de “103 días sin poder siquiera apoyar los pies en el suelo”. El 30 de abril se pudo poner en pie poco a poco, aplicando a su cuerpo una “carga progresiva, como dice el traumatólogo”. Y luego está la carga psicológica que le ha dejado el accidente, que le provoca “hasta náuseas si paso por una estación de Renfe”. Para ayudar a superarlo todo, nació su libro, que está teniendo una aceptación que casi le cuesta asimilar.

Todo comenzó como un diario

Adamuz, el último tren (Niebla editorial) nació, sin saberlo, en la consulta de la psicóloga con la que Elena tuvo sus primeras consultas en el hospital. “En Sevilla, me dijo que soltase todo lo que llevaba dentro en un diario, que escribiese lo que quería retener, y así fui empezando a escribir todo. Pero llegó un día que, al leerlo, pensé que podía ser un libro que podía ayudar a mucha gente”, y la idea final se fue gestando.

Ocurrió además que Elena había sido camarera en un bar del barrio onubense de El Matadero, y, sin saberlo, uno de sus clientes había sido Rafael Pérez, el ahora editor de su libro. Ese cúmulo de casualidades ha llevado hasta un trabajo que dice así en su sinopsis: “¿Qué harías si tu vida cambiara en apenas seis segundos? Elena pensaba que tenía un camino claro: estudios, objetivos, planes. Hasta que un accidente ferroviario lo partió todo. Entre hierros retorcidos, hospitales y días interminables de dolor y rehabilitación, tuvo que enfrentarse a la dependencia, el miedo y la incertidumbre. En este relato profundo y valiente, Elena nos muestra que sobrevivir no solo significa salir con vida, sino aprender a vivir después de la catástrofe. Entre cicatrices, frustraciones y pequeños logros, descubre que resistir, aceptar y reconstruirse es un acto de coraje diario. Una historia de miedo, pérdida y transformación que demuestra que, incluso cuando todo parece perdido, siempre hay trenes que merecen ser tomados”.

Y su testimonio no es baladí, ni ha pasado desapercibido: “le dije a Rafa que hiciera cien libros o así, para regalárselos al policía, al guardia civil o a los médicos que me atendieron. La idea no era vender, sino darlos a quienes me han ayudado en este camino”. Pero la segunda edición ya está en marcha.

“Un vecino de Adamuz me escribió por redes sociales para decirme que intentaba conseguir el libro, pero que estaba agotado. Es impresionante, y solo cuento mi verdad, la de una víctima”.

“Pensaba que era un sueño, y entonces me dieron una mano”

Entre esas verdades que tiene retenidas en la memoria, señala que, tras el impacto con el Iryo, estuvo hora y media en el vagón, o en lo que quedaba del vagón. “Se apagó la luz, y, de repente, empezamos a dar vueltas. Yo pensaba que era como un sueño, un par de minutos… Entonces, una chica me dio la mano de repente, en la oscuridad, escuchando gritos, ruidos, sintiéndote atrapada, que no puedes respirar, y te dan una mano. Me preguntó si estaba viva, y fue como cambiar el chip. Me di cuenta de que no estaba soñando, que estaba pasando en realidad. Alrededor no había nada más que había cristales, hierro y sangre”.

Pasados unos minutos, la luz de una linterna entró a través de la ventana. “Era Víctor, un compañero de la academia. Empecé a gritar su nombre y a querer salir de allí. Sabía que me dolía todo, que la pierna no la sentía. De hecho, me sacaron arrastrándome. Cuando me sacaron, me pusieron una pierna encima del tren, la que no sentía y con la otra me aguantaba para no caerme por el talud. Me decían que no me durmiese”.

En aquel momento, hora y media después del desastre, las noticias sobre el accidente eran confusas, y algunos familiares de los viajeros ya estaban pidiendo información en la estación de Huelva, a donde el tren tendría que haber llegado como fin de trayecto. Elena pudo hacer la llamada que haría respirar a su gente, “llamé a mi padre y le dije que estaba viva, que era un infierno, pero estaba viva”.

Hasta las once y media de la noche estuvo tirada en las vías. A esa hora la llevaron al hospital de la Cruz Roja de Córdoba, y después estuvo 18 días ingresada en el Virgen del Rocío de Sevilla. El resto de la recuperación la está haciendo en casa de sus padres, a la que el accidente le ha hecho volver. 

Allí, en una cama articulada instalada para ella, intenta descansar todo lo que puede, pero desde el 18 de enero le es imposible. No ha dormido desde entonces más de cuatro horas seguidas. Cada noche, afirma, revive el choque de los trenes, la presión en la cabeza y la angustia que sufrió en Adamuz.

Y se despide para hablar, brevemente, de otra angustia, la de ver a políticos de todos los partidos haciendo su particular guerra con un accidente que mató a 46 personas y dejó a más de cien heridas. “Nunca he entrado en esto, me parece muy fuerte que se haga política con algo así. Estoy tan resentida con esto que ni siquiera voté en las elecciones andaluzas. ¿Para qué iba a hacerlo?”.