Fuera toallas de los balcones: Torremolinos quiere prohibir la ropa tendida hacia la calle
El Ayuntamiento de Torremolinos, dirigido por la alcaldesa Margarita del Cid (PP), quiere prohibir que se tienda la ropa en los balcones a la vía pública de los edificios de la ciudad. Nada de toallas, sudaderas y pantalones a la vista de todos, qué decir de la ropa interior. La norma ya tiene la aprobación inicial, pero tendrá que pasar otra vez por el Pleno para obtener el respaldo definitivo. La oposición ha anunciado que aprovechará para reiterar sus objeciones, mientras el equipo de gobierno defiende la nueva regulación avanzando que será permisivo si no hay alternativa y que las multas son improbables.
La Ordenanza Reguladora de la Estética Urbana del municipio, que así se llama, recibió su primer espaldarazo hace ahora dos semanas, y ya ha sido enviada al Boletín de la Provincia para que cualquiera pueda alegar. Su objetivo va más allá de los balcones: se trata de “conseguir una estética adecuada” para la “integración del conjunto edificado en el entorno”, con la finalidad de “garantizar y promover la debida imagen de la ciudad”. La idea es acabar con la estética irregular de las fachadas de los edificios, la mayoría de ellos construidos en los 60 y los 70 al rebufo del boom turístico del tardofranquismo.
Es un problema de “estética urbana”, se dice: hay “numerosas fachadas” deterioradas, “saturación de publicidad”, elementos publicitarios que invaden la vía pública y cada local tiene una estética propia, con luminosos y cartelería de todo tipo. La Ordenanza se propone recomponer la armonía reduciendo la contaminación visual y “unificando criterios”.
Sin embargo, aunque las principales limitaciones afecten a los comercios, obras nuevas o rehabilitaciones, se incluyen también algunas para los ciudadanos. Entre, ellas, la “acumulación de objetos visibles” en terrazas y balcones, incluyendo la ropa tendida.
Finalidad “preventiva”, según el equipo de gobierno
La norma recoge la prohibición en tres artículos, cada uno con sus propios matices. “No se permitirá la acumulación de objetos visibles (ropa tendida, electrodomésticos, mobiliario, enseres) en balcones o terrazas que den a vía pública y generen un impacto visual negativo”, señala el artículo 10. En el 11 se recogen algunas “prohibiciones expresas”: “Ropa tendida a la vista desde calles principales, en edificios con soluciones de tendedero alternativo y, en caso contrario, con solución de tendedero móvil dentro de cada propiedad”. Y el artículo 13 amplía la prohibición al suprimir la referencia a las “calles principales” y bastando con que se vea desde la vía pública.
La Ordenanza no aclara si se trataría de una infracción leve, grave o muy grave, aunque por la tipología de infracciones encajaría en la leve, por lo que la multa podría oscilar entre los 100 y los 750 euros. Fuentes municipales explican que la multa solo se contempla si alguien con alternativas evita seguir las instrucciones y sigue tendiendo al exterior. “Será muy raro que se llegue a infracciones”, vaticinan. Pero en ese caso, la infracción subiría de grado: la Ordenanza contempla la “desobediencia reiterada a órdenes de ejecución o requerimientos municipales” como infracción muy grave, sancionada de 1.501 a 3.000 euros.
El equipo de gobierno insiste en que la voluntad de la ordenanza es “preventiva”. “Si no hay otras soluciones alternativas se entenderá justificado y se podrá seguir haciéndolo”, señala Marina Vázquez, concejala de Regeneración Urbana. Según explican, lo que hace la nueva Ordenanza es recopilar bandos dispersos, entre ellos uno de 2005 que recogía una prohibición similar sin que causara revuelo.
“No es cuestión de decoro, sino de necesidad”
La imagen de Torremolinos está asociada turista que, solo cuando cae el sol, vuelve a su apartamento para al menos tender la toalla y arrumbar la sombrilla hasta la mañana siguiente. De los balcones de sus edificios cuelgan también decenas de enseñas LGTBI, porque la ciudad abandera desde hace décadas la lucha por la libertad sexual, y ha encontrado en el turismo de este colectivo un importante nicho de mercado. Hay cartelería diversa, gran parte de ella de estética cercana a lo retro. Y hay, evidentemente, cientos de balcones que sirven para secar al sol la ropa de vecinos y vecinas que habitan en este municipio segregado de Málaga en 1988 que hoy cuenta con casi 75.000 empadronados. Estampas que rompen la pretendida uniformidad que se pretende.
“Mejorar la estética no conlleva perder identidad”, dice la alcaldesa en un vídeo en el que defiende la norma. El equipo de gobierno insiste en que son conscientes de que hay zonas y zonas, y que el objetivo es armonizar las zonas céntricas y turísticas.
La nueva norma está siendo criticada por la oposición, que aprecia en ella un tufo clasista. “La prohibición se extiende a todo el municipio, pero afectará más a los barrios más humildes”, advierte David Tejeiro, concejal de IU. “Puede que los señoritos del PP no lo sepan, pero en Torremolinos viven familias de tres, cuatro y cinco miembros en estudios pequeños, o en pisos con una sola habitación, ¿qué solución les dan para secar la ropa? No todo el mundo tiene una secadora; y no todo el mundo quiere tenerla”. Tejeiro cree que la ordenanza empuja a los vecinos a comprar un tendedero. “¿Y dónde van a ponerlo quienes viven en casas pequeñas? ¿Entre el sofá y la tele? ¿En los muelles de arriba de la litera de los niños?”.
Jorge Padilla, portavoz del PSOE, lamenta que se vaya a penalizar a quien tiende la ropa cuando en un contexto de graves dificultades para conseguir vivienda. El precio medio de la vivienda en oferta de alquiler está en 17,2 euros por metro cuadrado, según Idealista. Es el 5,4% más que hace un año y un 73% más que hace cinco. A la venta, la media es de 3.925 euros/m2, el 14,6% más que hace un año y el 83,2% más que hace cinco. En ambos casos, está en la franja alta de una provincia muy tensionada por la falta de vivienda asequible, especialmente en la costa.
“Hay pisos de 40 metros donde viven seis personas, es muy difícil emanciparse y hay muchos locales reconvertidos. Claro que nos gustaría que no hubiera ropa en la calle, pero el 90% no tiene alternativa”, señala Padilla. La concejala prometió estudiar “caso a caso” y dijo ser consciente de la existencia de “infravivienda”. “Si lo reconoce, tiene que atender a eso, y no tanto a la ropa tendida, que es un síntoma de la estigmatización de gran parte de la población y del desconocimiento de su propia ciudad. No es cuestión de decoro, muchas veces es una necesidad”. El portavoz socialista apunta también a un problema práctico: “¿Qué significa que haya alternativa? ¿Van a ver casa por casa? ¿Van a obligar a tener secadora o a comprar un tendedero?”.
Prohibido en Barcelona o Madrid, revuelta en Nápoles
El debate no es nuevo o exclusivo de Torremolinos, y resurge cada cierto tiempo, especialmente en ciudades mediterráneas donde la gran cantidad de horas de luz solar facilita el secado al aire libre. El debate suele girar en torno al aprovechamiento de las terrazas como elemento indispensable para habitar una vivienda, y la reivindicación de la ciudad para vivir y a una cuestión identitaria. “Las banderas de mi casa son la ropa tendía”, cantaba Robe Iniesta. Hay también un elemento económico y ecológico: ¿por qué no aprovechar la luz solar? Frente a esta posición se opone la estética: la ropa colgada afea el espacio público, especialmente en zonas patrimoniales y céntricas.
En Nápoles, el amago de una prohibición similar en 2022 provocó una revuelta popular que obligó al gobierno municipal a recular. La colada en los callejones napolitanos es un elemento representativo de la ciudad. La prohibición de tender la ropa en balcones a la vía pública no es general en España, pero tampoco es exclusiva de Torremolinos. Barcelona lo prohíbe desde 1999, Madrid también. En Andalucía, está el caso de Cuevas del Almanzora, que recoge la prohibición en sus ordenanzas desde octubre de 2024. También las comunidades de propietarios pueden introducir limitaciones.
No existe tal prohibición en Málaga capital, cuyo PGOU señala que en todas las viviendas debe existir la “posibilidad del tendido de ropa al exterior”, pero aclara que debe ser “con protección de vistas desde la calle”. En Sevilla tampoco se prohíbe, pero hace cuatro años el Ayuntamiento contrató una campaña publicitaria, especialmente dirigida a los turistas, para pedir que se abstuvieran de tender en balcones visibles desde la vía pública porque “está muy feo”.